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La subversión en Alcasa
Por: Rafael Rodríguez
Fecha de publicación: 06/07/05
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Para quiénes no estén familiarizados con el significado de la palabra subversión, esta significa trastocar, alterar, desestabilizar, destruir un orden social, cultural o económico establecido. Y eso es precisamente lo que está pasando en ALCASA.

En ALCASA se está subvirtiendo un orden de quiebra continua que ya lleva 17 (diecisiete) años generándole pérdidas a la nación. Valga destacar que a ALCASA no la quebró el gobierno bolivariano ni la cogestión revolucionaria en marcha. Lo que pasa ahora es que se está subvirtiendo el orden que convirtió a la quiebra de ALCASA en un negocio ya que la recuperación que nunca llegó generó infinitos proyectos de maletín, numerosos viajes fuera y dentro del país, pagos suntuosos de asesorías inútiles, infinitos diagnósticos y múltiples estudios súper costosos que no terminaron en nada. El orden de la quiebra como negocio llegó a su fin en ALCASA.

El mismo orden que pretendía obligar a ALCASA a venderle el 87% del aluminio primario a Pechiney por 13 años a precio amarrado y que iba a comprometer la V Línea con Glemcore para producir más aluminio primario sin agregación de valor (o sea materia prima muy económica para Glemcore, que luego los venezolanos y las venezolanas compraríamos importado y muy caro en ollas, utensilios de cocina, rines, bates, partes de viviendas, vehículos y aeronaves, etc.).

En ALCASA está muriendo el orden de las mafias y de los especuladores que controlan la venta del aluminio primario. En Venezuela tres familias controlan todavía la comercialización del aluminio primario, que compran a ALCASA y VENALUM a cinco mil bolívares (Bs. 5.000) el kilogramo para revenderlo inmediatamente en veinticinco mil bolívares (Bs. 25.000). Ese orden de compra privilegiada y venta especulativa se está tambaleando y terminará por ser subvertido completamente en ALCASA.

El orden monopólico del transporte que no hace nada por acabar con las perreras (camionetas en las que se moviliza el pueblo de Guayana en condiciones infrahumanas), presta un mal servicio y favorece a una empresa comercial capitalista que aparte de no tener vocación social ni calidad está decididamente en contra de las políticas bolivarianas del gobierno que preside Hugo Rafael Chávez Frías.

El orden de un HCM (seguro de Hospitalización, Cirugía y Maternidad) que no es garantía de calidad de vida, ni de salud integral y equitativa para los trabajadores y las trabajadoras, que saca riñones por gripes, evade los costos de farmacia y hace cesáreas que casi nunca son necesarias. Cuando se busca subvertir el orden del HCM en ALCASA no se está atentando contra la calidad de vida y la salud integral de trabajadores y trabajadoras, sino contra los intereses de las aseguradoras, cuyo fin esencial es la obtención de lucro.

En ALCASA se está subvirtiendo el orden de las maquilas y de la privatización que se esconde en seudo cooperativas y contratas. Está naufragando el orden de las comisiones y los despilfarros, de las tecnologías llave en mano, de la dependencia, de la división social del trabajo, de la tecnocracia, de la corrupción y del burocratismo… Este orden está en peligro, se desestabiliza, se desmorona en ALCASA.
Por supuesto que este orden capitalista que agoniza en ALCASA está siendo rabiosamente defendido (con mentiras, descalificaciones, tergiversaciones, amenazas, rumores, desinformación, ataques a la moral de la gente y ahora hasta con campañas progresivas de sabotaje, incitación al delito y terror psicológico) por parte de los poderosos intereses que actúan tras bastidores, algunos periodistas y reductos de sindicalistas tarifados, opinadores de oficio, académicos de cartón y algunos confundidos que son utilizados por el mismo orden que los oprime y los mantiene en la quiebra, el engaño y la desidia desde hace diecisiete años.

El orden capitalista que prevaleció en ALCASA, que excluyó a trabajadores, trabajadoras y comunidades en general de las decisiones administrativas, financieras y tecnológicas del proceso productivo está definitivamente en decadencia y terminará siendo derrumbado por la cogestión con control obrero y consejos obreros que reivindican el conocimiento y la capacidad gerencial de los trabajadores y las trabajadoras.

Todas y todos los que sufren los embates de la especulación, la exclusión, la corrupción y las consecuencias generales de la explotación que genera la mano invisible de un mercado que le da más ganancia a los que menos trabajan y le da el poder a los que “más saben”, están llamados a ser los principales subversores del orden capitalista en ALCASA, con todas las consecuencias que eso implica ya que todo cambio es traumático y genera caos, incertidumbres y exaltaciones. Esta subversión también exige definiciones de clase y asumir los debates, la formación y las confrontaciones de ideas con responsabilidad política y ciudadana a sabiendas de que lo que pase en ALCASA puede definir el rumbo de la construcción del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela y en nuestra América.

Lo único que es estable y seguro en ALCASA, a partir de ahora, es el cambio estructural y sustancial en las relaciones capitalistas de producción, y eso pasa por afectar relaciones de propiedad, acabar con los monopolios de la salud, el transporte, la alimentación y la educación privada, afectar relaciones mercantiles reorientando los fondos financieros de ALCASA y de todas las empresas básicas hacia los Bancos del Estado o hacia la creación de un Banco Cooperativo Bolivariano en Guayana y atacando a la división social del trabajo para que los trabajadores y las trabajadoras controlen integralmente el proceso productivo con su participación directa en el diseño, ejecución y evaluación de planes y presupuestos, teniendo acceso democrático y permanente a las informaciones administrativas, financieras y tecnológicas de la empresa, sin perder de vista la responsabilidad social que ha de llevarnos como ciudadanos y ciudadanas hacia el desarrollo endógeno socialista, la independencia productiva, científica, tecnológica y cultural, y a la soberanía integral del país.

Nadie puede quedarse al margen de estos procesos de transformación ya que la caída definitiva o la recuperación revolucionaria de ALCASA es un problema de Estado, de las comunidades y de quiénes trabajan en ella. ALCASA será ejemplo y esperanza para quiénes están decididos y decididas a profundizar la revolución bolivariana con hechos, convicciones, ética y más democracia.

El caos y la incertidumbre que se respiran en ALCASA son producto de lo que apenas está comenzando para acabar con el poder de los que siempre han mandado, de los que controlan los secretos administrativos y tecnológicos, de quiénes monopolizan la comercialización, de quiénes se apropian de la plusvalía, de quiénes se abrogan privilegios en una empresa que es del Estado, y por tanto de todos los venezolanos y todas las venezolanas.

Esta subversión trae consigo un dilema para debatirlo y reflexionarlo: ¿Si no es la cogestión con control obrero y con los consejos obreros, de qué otra manera podemos recuperar a ALCASA? Los tecnócratas, los neoliberales y los tramposos de siempre dicen que a ALCASA hay que declararla en quiebra, que hay que cerrarla y privatizarla, tal como aconteció con SIDOR. Otros dicen que hay que reducir nómina y que todo se resuelve sólo con más dinero y más tecnología extranjera olvidando que el problema fundamental en ALCASA y en todo el país es cultural, de participación, de cambio de mentalidad, de soberanía, de plantearnos otra manera de producir y de incorporar a los excluidos y las excluidas que están en los portones, de dignificar el trabajo de las contratas y las cooperativas, de desarrollar la economía productiva y solidaria de ALCASA aguas abajo para transformar el aluminio primario en productos terminados hechos en Venezuela para satisfacer las necesidades de la población venezolana y latinoamericana.

Para plantear tan sólo una proyección de lo que se busca impulsar productivamente con la cogestión revolucionaria sabemos que con una tonelada de aluminio primario, que cuesta aproximadamente 1700 dólares y una inversión relativamente pequeña se puede producir con apoyo de ALCASA y aquí mismo en Guayana, en papel de aluminio y otros rubros de envoltura y preservación de alimentos más de nueve mil dólares en ganancia con aquella misma tonelada de aluminio primario.

El aluminio primario al ser transformado en nuestro país, a través de cooperativas y NUDES industrializantes, en partes de vehículos, aeronaves y viviendas puede generar más empleos, más producción nacional, más desarrollo y bienestar colectivo que con los actuales esquemas de dependencia y de producción exclusiva de materia prima.

El orden caduco del capitalismo y la quiebra está siendo subvertido definitivamente en ALCASA. La idea subversiva de que ALCASA no puede seguir siendo una empresa capitalista germinará. ALCASA después de la subversión actual será una empresa de producción social totalmente recuperada que no necesitará patrones.

Eso algunos lo llaman desastre, locura o caos. No están equivocados. La cogestión revolucionaria en ALCASA es un desastre, una locura y un caos para quienes ven sus intereses egoístas y sus privilegios en peligro. Para la gran mayoría de trabajadores, trabajadoras y comunidades lo que está pasando en ALCASA es una esperanza porque ven luz al final del túnel. Ven democracia, justicia, participación, soberanía y equidad.
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Rafael Rodríguez


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