Contribución al análisis crítico de los resultados electorales

Lo primero que hay que destacar de las elecciones del 7 de octubre, es que el presidente Chávez y el pueblo venezolano registraron una clara victoria sobre los sectores más reaccionarios a nivel internacional y nacional. Los 8.062.056 votos que representan un 55,14% de los votos totales de la jornada descartan toda pretensión de la derecha venezolana de presentar los resultados electorales como un empate, cuando la ventaja del candidato Chávez sobre el candidato Capriles superó los 1,5 millones de votos. Más que una victoria contundente prefiero hablar de una victoria suficiente tal como ha planteado Biardeau (Disponible en: http://www.rebelion.org/docs/157388.pdf), una victoria transparente que despeja todo tipo de dudas tanto en el exterior como en el país, más allá de un pequeño grupo de fanáticos disociados que siguen hablando de fraude.

El comandante Chávez resultó electo en 22 de los 24 estados del país, ganando incluso en regiones emblemáticas gobernadas por la derecha como los son: Zulia, Miranda y Carabobo; es decir, el mapa electoral nacional sigue siendo eminentemente “rojo”.

Debemos reconocer que esta victoria electoral sin duda es un hecho inédito a nivel internacional, nunca antes un gobernante había mantenido unos niveles de popularidad tan altos luego de 14 años de gestión, más aun en un contexto de ataque mediático desmedido, todos los días a toda hora, tanto en medios de comunicación nacionales como extranjeros. De verdad es un fenómeno social único, que muestra por parte de amplios sectores de la población una resistencia formidable ante las agresivas campañas de desinformación y difamación que permanentemente atacan al Gobierno Bolivariano.

Ahora bien, pese a que esta importante victoria ha sido motivo de alegría y tranquilidad para la mayoría de los venezolanos y las venezolanas, así que como de buena parte de los pueblos de América Latina y el Caribe. El resultado electoral también ha prendido las alarmas en muchos sectores, en analistas políticos, en revolucionarios y revolucionarias.

Un elemento llama mucho la atención, entre las elecciones de 2006 y 2012, la oposición creció más de 2 millones de votos mientras que las fuerzas bolivarianas crecieron poco más de 700 mil. En 2006 el comandante Chávez ganó en todos los estados del país, mientras que hoy se perdieron dos estados, y fuimos derrotados en ciudades emblemáticas como Maracay y Barquisimeto, perdimos en parroquias como Petare, fenómeno hasta hace pocos años impensable. Cualquier análisis estadístico simple de proyecciones y tendencias nos muestra que de seguir este comportamiento, en 2018 pudiésemos estar siendo derrotados electoralmente por la oposición (al respecto revisar el aporte de Luigino Bracci disponible en: http://www.aporrea.org/actualidad/a151836.html).

Afortunadamente no toda tendencia estadística es irreversible, más aun cuando se pueden tomar a tiempo correctivos que permitan recuperar una mayoría social más decisiva para hacer irreversible el Proceso Bolivariano. Pero para ello debemos de ser muy críticos y auto-críticos, debemos hacer análisis objetivos, sin caer en unilateralidades, superficialidades ni en simplificaciones.

En este sentido, estas son algunas tareas y observaciones para rectificar y reimpulsar, sin pretensiones de tener de antemano la respuesta a todos los problemas y mucho menos la verdad absoluta.

Identificamos la existencia de problemáticas urgentes e importantes, coyunturales y estratégicas, de solución pronta y de construcción progresiva, las cuales deben asumirse de forma simultánea y combinada. Se trata de dos planos o niveles los cuales debemos abordar a partir de ahora, sin caer en etapismos.

Toda la política desarrollada por la Revolución debe partir del principio de construir el Poder Popular, profundizando la democracia radical y protagónica en todos los espacios, solo así se afianza un proyecto hegemónico alternativo al orden del capital.

 

El problema de la gestión

Desde hace tiempo se viene insistiendo en la necesidad de optimizar la gestión de gobierno a nivel nacional, regional y local. Son recurrentes las denuncias de fallas sobre todo por parte de gobernaciones y alcaldías, lo cual sin duda repercute en cierta medida en los niveles de aceptación del Gobierno Bolivariano en la opinión pública. Ciertamente la canalla mediática muchas veces exagera los problemas y en algunos casos los inventa, pero también es cierto que cuando se evalúan algunas gestiones ministeriales, regionales y locales, abundan expresiones de desidia, indolencia y negligencia.

Frente a esto, se trata de elevar cada vez más los niveles de eficiencia, efectividad y eficacia. Es importante que día a día se supere la improvisación, el despilfarro, la corrupción y otros vicios tales como el nepotismo, ya que esto atenta contra la legitimidad del proyecto político.

Es recurrente que la burocracia degenere en burocratismo, ya que ella en muchos casos asume intereses propios. Sin ser una clase social propiamente dicha cuenta con intereses particulares que se oponen al colectivo. Esto explica porque muchas veces la burocracia en vez de actuar como personal técnico al servicio de la sociedad, se convierte en un sector que actúa en función de si mismo, convirtiéndose de esta forma en un estamento, cuyos intereses están alejados del resto de la sociedad.

En otro orden, para optimizar la gestión institucional, debe activarse un ente de planificación de las políticas y obras del Estado, el cual sea riguroso y científico, pero que a su vez esté abierto a la participación democrática popular. Debe darse un impulso al Consejo Federal de Gobierno en todos sus niveles, deben impulsarse ejercicios de presupuestos participativos en todos los municipios.

A su vez, aplaudimos la medida del Presidente Chávez de convertir el ministerio de despacho de la presidencia, en un órgano de control y seguimiento de las políticas y las obras. Esta instancia es absolutamente necesaria para revisar permanentemente la implementación de las Misiones Sociales (algunas hoy deterioradas), la construcción de diversas obras (algunas paralizadas), la calidad de los servicios públicos, el desempeño en general del funcionariado (en algunos casos plagados de vicios de burocratismo y corrupción), entre otras.

Sin embargo, también creemos que en aras de optimizar esta tarea, debe motivarse la activación de la contraloría social, el pueblo organizado debe ser sujeto protagónico en el control de la gestión de gobierno, ya que esto es un ejercicio de Poder Popular. Creemos que la participación democrática de la sociedad organizada, es una garantía para promover la eficiencia, la eficacia y la efectividad, no creemos en soluciones tecnócratas. Creemos en la promoción de ejercicios de gestión participativa en la cual estén presentes tanto los equipos de expertos, los funcionarios y expresiones de los sectores populares.

Estamos convencidos que este órgano de control y seguimiento gubernamental combinado con la contraloría social, deben propiciar con urgencia, que las gobernaciones, alcaldías y otras instituciones asuman de manera diligente el mejoramiento sustancial y el mantenimiento sistemático de los servicios públicos, porque estos impactan en la cotidianidad vital de la población. Los problemas de la basura, de la vialidad, del transporte público, de la electricidad, impactan a buena parte de la sociedad, y ese impacto se traduce en importantes sectores sociales (sobre todo los menos politizados por la revolución) en un descontento creciente con el Gobierno Nacional, sin importar si este es directamente responsable o no, o si la responsabilidad es incluso de un funcionario de elección popular de la derecha.

Por esta razón, gobernaciones y alcaldías o instituciones como CORPOELEC, en vez de quejarse de las campañas mediáticas impulsadas por la derecha, y muchas veces usarlas para victimizarse y tapar sus falencias, deben exigirse al máximo para darle solución a las problemáticas que deben atender. En este sentido queremos dar un reconocimiento a la gestión del Municipio Libertador y el Gobierno del Distrito Capital, por la transformación de la imagen de Caracas, está emergiendo una nueva ciudad, más limpia, más bonita, más humanizada.

En conclusión, debemos promover cada día más una gestión planificada rigurosamente y de manera democrática, y para que la ejecución de los planes sea más eficiente, más eficaz y más efectiva, el control y seguimiento por parte del gobierno y el pueblo deben convertirse en una práctica permanente.

 

El problema de la inseguridad

Aunque esta es una problemática que tiene que ver con la gestión, creemos que por su complejidad va más allá, es un problema social, político, que debe ser atendido de manera integral.

Si bien es cierto la inseguridad no es el principal problema del país, para la opinión pública, en buena medida gracias a la agenda mediática de la derecha, esta problemática es la más importante, muy por encima de la marginalidad que todavía afecta a un 7% de los compatriotas, del desempleo, de la vivienda, etc. La inseguridad, que llena titulares todos los días es el problema que más preocupa a los venezolanos y las venezolanas, por esta razón la sensación de inseguridad que mide la diferencia entre la incidencia de los hechos delictivos y su percepción social, es la más alta del continente, más alta que en países en guerra como Colombia y México.

A lo largo de estos 14 años el Gobierno Bolivariano ha hecho esfuerzos sustanciales para atacar algunas de las causas estructurales de la delincuencia, se ha reducido sustancialmente la pobreza, ha disminuido el desempleo, se ha elevado enormemente el acceso a la educación, entre otras medidas. Sin embargo, el fenómeno de la delincuencia persiste pero a su vez es inflado por la canalla mediática.

Para enfrentar este flagelo, además de las políticas antes descritas el gobierno viene impulsando algunas propuestas tal como la creación de una novedosa Policía Nacional, con un nuevo enfoque apegado al respeto de los Derechos Humanos y a la promoción de la prevención del delito.

Creemos que además de lo anterior, debe promoverse una cultura de la no violencia. Por lo cual es imperativo el control de los contenidos de los medios televisivos, CONATEL debe ser riguroso en los horarios todo público, en el control de programaciones televisivas que son verdaderas apologías al delito, a la violencia, al crimen organizado. CONATEL debe exigir a todos lo medios televisivos promover permanentemente campañas contra las distintas formas de violencia: intrafamiliar, de género, escolar, entre otras. De igual forma el Ministerio de Educación debe hacer campañas permanentes en las escuelas y liceos, para promover una cultura de convivencia no violenta.

Por otro lado, pensamos que debe profundizarse y optimizarse el accionar de los organismos de seguridad del Estado para el desmantelamiento de las organizaciones delictivas. Más inteligencia social, más adiestramiento de la población para que sepa defenderse. 

Hay que tener cuidado con las acciones de desarme, porque corremos el riesgo de desarmar a la ciudadanía que se arma como precaución y autodefensa, dejando armadas a las organizaciones criminales, las cuales es poco probable que entreguen sus armamentos de forma voluntaria.

Debe controlarse aun más la penetración de paramilitares colombianos, porque estos en buena medida están efectuando acciones delictivas con fines más políticos que económicos. Resulta extraño, las noticias de asesinatos en barrios que no tienen nada que ver con ajustes de cuentas u enfrentamientos entre bandas, sin duda son asesinatos para aterrorizar a la población.

Consideramos también, que debe iniciarse un debate nacional en torno a la problemática de la guerra contra las drogas. Estamos convencidos que la problemática de las drogas no se superará con medidas penales y punitivas (fenómeno confirmado por la historia contemporánea), creemos que despenalizar la producción, distribución y consumo de buena parte de las drogas hoy ilícitas va a permitir disminuir los altos índices delictivos, en tanto los fenómenos más perniciosos asociados al narcotráfico perderían su razón de ser. En la medida que la producción de drogas sea una actividad formalizada y regularizada, en la medida que los consumidores puedan adquirir estas sustancias en espacios comerciales tales como una farmacia, en esa medida la violencia asociada al narcotráfico tenderá a desaparecer. La superación del consumo de drogas más que un problema penal es un problema social y cultural. Es menester por lo tanto construir una sociedad más libre y justa, en la cual los individuos no se vean en la necesidad de consumir estas sustancias para sentirse realizados, relajados o recreados.

Finalmente el tema de la inseguridad en buena medida está asociado a la persistencia del capitalismo. Mientras exista una sociedad que promueve el consumo compulsivo como forma de auto afirmación de los sujetos, muchos de estos buscarán todos los caminos lícitos e ilícitos para acceder a las mercancías preciadas, que otorgan cierto estatus social. Por esta razón debemos avanzar en la deconstrucción del marco axiológico que caracteriza a la sociedad capitalista, nuevos valores, nueva ética.

 

El problema mediático

Es evidente que a nivel de la política comunicacional el Proceso Bolivariano se ha perfeccionado mucho en los últimos años. Hoy contamos con un significativo Sistema Nacional de Medios Públicos, constituido por importantes canales de televisión, diarios, páginas web, circuitos y emisoras radiales. Se ha dado un proceso de desarrollo profesional, técnico y estético de estos medios, además que han contado con una inversión importante de recursos para dotarlos con las más altas tecnologías.

Sin embargo, todavía tenemos falencias comunicacionales, que en mi opinión tienen que ver con los límites de legitimidad que tiene un medio cuando es estatal. Para un amplio espectro de la población un medio estatal es automáticamente un medio parcializado, mientras que los medios privados gozan más de presunción de imparcialidad (aunque nunca lo sean).

Por eso hemos insistido en otras oportunidades (disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107483) en la construcción y fortalecimiento de un Sistema Nacional de Medios Populares, que puedan de verdad enfrentar la hegemonía mediática de la derecha; nos referimos a consolidar todo eso que se ha denominado medios alternativos. Los medios públicos cumplen un papel importante, pero si a eso le sumamos un sistema de medios no institucional ganado al proyecto revolucionario el impacto en la sociedad sería mucho mayor. Los medios alternativos no pueden seguirse asumiendo desde la revolución, como medios marginales, por el contrario hay que darles un impulso técnico y financiero, obviamente con criterio político atendiendo a aquellos que tienen más potencialidad.

Deben promoverse medios regionales potentes (canales televisivos, radios, periódicos) públicos o populares en todo el país, sobre todo en un primer momento en las zonas urbanas más importantes donde nuestro mensaje ha perdido incidencia.

Para las fuerzas de la revolución debe estar claro que la sola presencia de medios estatales o partidarios son insuficientes para llevar a cabo la lucha contra-hegemónica, es menester la emergencia de potentes medios alternativos “independientes” que atiendan todos los sectores de la sociedad, medios dedicados a la clase trabajadora, a la juventud, a la mujer, a los niñez, a los artistas, etc.

Así como Althusser distinguía unos aparatos ideológicos de Estado, que no formaban parte de la institucionalidad estatal en sentido estricto, también podemos hablar de la necesidad de construir unos aparatos ideológicos del Poder Popular, que no sean estrictamente partidarios o estatales, pero que si estén a tono con las aspiraciones de las clases explotadas en sus luchas por el socialismo y contra el imperialismo.

Finalmente consideramos que debe crearse lo que un camarada ha denominado, un estado mayor de las comunicaciones, que permita articular toda nuestra política comunicacional de forma coherente, hay ejercicios de esto, pero creemos que debe hacerse de forma más ordenada y científica. Nuestra línea comunicacional debe ser cada vez más propositiva y menos reactiva, no debemos dejarnos imponer las agendas creadas en los laboratorios mediáticos de la derecha.

 

El problema del partido(s)

Para avanzar en la construcción del socialismo, es menester la existencia de una vanguardia legitimada democráticamente en el seno del pueblo, que asuma de forma colectiva la dirección del proceso revolucionario. Para ir más allá del capital, no basta la existencia de una maquinaria electoral, debe existir una organización o conjunto de organizaciones que le disputen en todos los terrenos de la sociedad política y la sociedad civil la hegemonía al capitalismo. Una organización que sepa combinar todas las formas de lucha. Por esta razón, debe construirse un intelectual colectivo, que constituya no solamente una dirección política, sino que también se transforme en una dirección espiritual y moral, que construya una nueva voluntad nacional y popular ganada al socialismo, a la radicalización democrática.

El PSUV y el GPP, más allá de ganar elecciones (lo cual es de suma importancia) deben dar aportes sustanciales a la organización y educación popular. Los partidos y demás organizaciones deben entender que no son fines en si mismos sino instrumentos para la creación de nuevas prácticas y articulaciones sociales. En este sentido, se deben superar los vicios tradicionales tales cómo: el sectarismo, el electoralismo, el burocratismo, la corrupción, el machismo, entre otros.

El PSUV y el GPP, si en verdad pretenden construir una sociedad democrática y participativa, deben ser a lo interno profundamente democráticos en su funcionamiento. Es incoherente para el pueblo que una organización plantee un programa político que en su interior no se aplica. El socialismo es la ciencia del ejemplo, nos dice el Che.

Creemos que es importante la separación de las tareas de gobierno de las tareas de dirección partidaria, no hablo de una desvinculación orgánica, sino de una división de tareas para hacer más eficiente por un lado el trabajo de gobierno y por otro lado el trabajo del partido. De igual forma esta separación es útil, para hacer del partido no solamente un espacio de planeación política sino también un ente de control y seguimiento de la gestión gubernamental en todos sus niveles.

También nos parece necesario, la conformación de un sistema nacional de formación política teórico-práctico en todo el país para cualificar aun más a la militancia bolivariana, no se trata sólo de tener adeptos, sino de impulsar el desarrollo de sujetos sociales constructores de socialismo. Este sistema de formación debe ir más allá de una campaña, debe ser una nueva institución partidaria.

 

El problema del discurso

Consideramos que este es un problema fundamental porque afecta directamente la construcción hegemónica. El discurso lo entendemos como unidad de forma y contenido, tiene que ver con lo que se dice y como se dice. Un discurso que pretenda ser hegemónico debe ser un discurso articulador de múltiples fuerzas, es decir, no debe ser un discurso que segregue o discrimine a franjas importantes de la población, sobre todo a aquellas que forman parte de los sectores populares.

La burla y el insulto nunca son buenos componentes de un discurso si estos van dirigidos a sectores significativos de la sociedad, en este sentido debemos darle prioridad a la argumentación y a la persuasión. No conquistaremos la conciencia de los sectores sociales populares hegemonizados por la derecha, si estos se sienten agredidos por nosotros, la única forma de ganarlos es con el debate y las buenas acciones, no es un problema de darles beneficios materiales solamente, porque pudiesen interpretarlo como intentos de manipulación, ni mucho menos de recriminarlos por su condición alienada lo cual lo que hace es encerrarlos más en sus convicciones, de lo que se trata es de argumentarles de manera permanente las ventajas de sumarse al proyecto socialista, invitarlos a construir en distintos espacios colectivos, el nuevo proyecto histórico.

Por otro lado, nuestro discurso debe estar cada vez más basado en los argumentos que en las consignas, estas repetidas en exceso cansan, no deben confundirse los espacios de agitación con los espacios de debate y discusión de ideas. Por lo tanto no se trata de abandonar las consignas ya que estas se refieren muchas veces a ideas fuerza, sino se trata de darles un uso más adecuado.  

Nuestro discurso más que reactivo o defensivo, debe ser propositivo.  El discurso reactivo nos coloca en una lógica de reproducción del mensaje del adversario, de ser presa de las matrices de opinión fabricadas en laboratorios comunicacionales.

Debemos desentrañar las aspiraciones de aquellos sectores sociales distanciados del bloque bolivariano, pero que nos interesa sumar, para de esta forma sintetizar dichas aspiraciones en un discurso inclusivo, que por ser inclusivo no necesariamente deja de ser radical, porque no estamos hablando de sumar a la oligarquía sino aquello sectores populares hegemonizados por el ideal de derecha.

Ser radical en el discurso no tiene que ver con hablar fuerte o usar palabras duras, tiene que ver con difundir contenidos emancipatorios que son de interés de las grandes mayorías.

Estas son algunas sugerencias para considerar, algunos puntos a reflexionar. Estos puntos no agotan el debate, ni abarcan todas las problemáticas, pero son bastante vitales para la discusión, para la consolidación del proceso de cambios que vive el país.


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