Chávez ganó ¿Y ahora qué?

Acabamos de experimentar una batalla ideológica, electoral y moral de carácter épico, digo de carácter épico por las condiciones que rodearon a la misma. Las recientes elecciones se presentaban ante un panorama complicado para el chavismo: la enfermedad del presidente Chávez, la oposición avanzando (5.813.000 votos en las elecciones para diputados) y aparentemente unida, serios problemas coyunturales tales como la electricidad, la seguridad, denuncias de corrupción y la crispación en el ambiente social, con una economía que venía de una depresión y apenas recuperándose, así como y la más grande operación de manipulación mediática y guerra informativa desatada contra país alguno de carácter nacional e internacional.

Sin embargo y pese a todos los problemas, Chávez en hombros del pueblo logra elevarse por encima de la coyuntura y supera ampliamente a su rival: un muchacho sin discurso propio preparado por diversos grupos especialistas en marketing político y quienes diseñaron una campaña electoral que comenzaba a hacerle mucho daño a Chávez y que como estrategia final utilizó el tema de las fallas en la gestión y las promesas incumplidas.

Numerosas son las razones para el triunfo de Chávez: es un patriota, ama a nuestra patria y es incapaz de diseñar cualquier política o tomar decisiones que vulneren este sentimiento; tiene vocación pública y sirve a la gente, no la abandona ni la olvida; es un mandatario con conocimiento, defiende la ciencia y a la tecnología como posibilidades ciertas de liberación e independencia; es un incansable trabajador, incluso a niveles de locura que puso en peligro su propia salud; ayuda al prójimo, no se beneficia a costa de los demás, es absolutamente honesto, incorruptible, digno de confianza e indeclinable en sus principios y valores; disciplinado, ama la vida sencilla y de las dificultades, no se vanagloria con lujos y placeres; y es en resumen, lo que diría Aristóteles “un animal político”. Supo convertir sus defectos y debilidades en fortalezas, de verbo fuerte y a la vez conciliador y con absoluta claridad y honestidad supo con humildad reconocer sus errores y fallas: y eso desconcertó a la propia oposición. Orador extraordinario que conquista con su ágil y sincero lenguaje a las mayorías nacionales.

Además de sus condiciones naturales personales de líder indiscutible, la clave del triunfo de Chávez es la conciencia de la mayoría de los venezolanos: el pueblo más allá del partido, se echó encima el triunfo de Chávez; temprano en la tarde e 7 de octubre cuando se corrió la especie de que la oposición estaba muy cerca, -6 puntos apenas por arriba estuvimos de la opción opositora- salió en avanzada final para darle a Chávez la brecha necesaria para un cómodo triunfo y liquidó la posibilidad de que los sectores disociados y radicales de la oposición pudieran incendiar al país.

Una vez superada esta batalla épica que representaba más allá de la coyuntura nacional: el enfrentarnos a 500 años de capitalismo y revelarnos, enfrentarnos y vencerlos –todo dentro del marco legal y con sus reglas democráticas- nos queda la siguiente reflexión: Qué hacemos con los 6.500.000 venezolanos que siguen creyendo que la solución es el capitalismo; cómo recuperamos a estos compatriotas que manipulados nos odian sin razón y creen además que Chávez ganó por fraude, o porque Capriles claudicó, o peor aún porque todos los que votamos por Chávez somos simplemente unos débiles mentales, sin inteligencia, mendigos y miserables seres humanos. Siguen ciegos, sordos y mudos frente a la expresión contundente de la mayoría electoral del país. Esa costra ideológica no ha sido posible penetrarla porque además no hemos entendido sus propios marcos conceptuales mentales.

Cómo vamos a resolver el tema coyuntural de que han ido creciendo en cada elección–lento, pero seguro- frente a la opción socialista. Cómo desmontamos la trampa en la que la propia oposición, los medios de comunicación y sus aliados financieros nos han metido? Será que seremos capaces de remontar nuestra propia ceguera y comenzar a entender que elementos claves como LA GESTIÓN son obligatorios para ganar adeptos y seguidores.

El olfato del presidente Chávez y sus constantes análisis ya deben hacer detectado ciertos elementos que enumeraré y que son forzosos para superar la simple coyuntura electoral y conservar el poder, porque si no de que nos servirá el socialismo y nuestra propuesta si perdemos el poder?

Temas graves debemos enfrentar con valentía: ya basta de ser condescendientes con los amigos que designados para dirigir instituciones públicas y ponen la torta y no pasa nada, ya basta de que no le pongamos un coto a las mafias carcelarias, de las armas y del narcotráfico que tienen “protectores” en altos cargos y en el poder judicial, ya basta de las grupúsculos que soterradamente conspiran contra la eficiencia del Estado, ya basta de que la Contraloría y la Fiscalía permanezcan en silencio ante las denuncias de la gente, basta de que nos hagamos los locos con los paracos y mafias de expolicías que han elevado los niveles de inseguridad y no pasa nada con ellos; basta de los alacranes que lo rodean presidente: esos que andaban frotándose las manos ante su posible derrota –pues si usted sale del poder pueden ellos disfrutar lo que han obtenido de forma mal habida- basta de improvisaciones y de falta de planificación: ahí tenemos el tema eléctrico que tanto daño nos ha hecho, porque cuando se va la luz a quien le nombran a su madre es a Usted y esto a nosotros quienes lo amamos profundamente nos duele y mucho; ya basta de reciclaje y enroques: baje los puentes levadizos empiece a mirar más allá de su zona de confort, mire que son muchos los que darían todo por servirle a la patria más allá de sus propios intereses o necesidades –condición indispensable para ser un servidor público eficiente-.

Qué nos espera entonces ante el triunfo histórico de la revolución venezolana frente a la canalla mediática trasnacional y a los grupos financieros y económicos mundiales: nos queda el reto enorme de recuperar el terreno y la credibilidad resquebrajada que hoy se expresa en el aumento del caudal de votos de la oposición -quienes hay que reconocerlo no votaron por Capriles sino en contra de Chávez. Su liderazgo presidente es eso: una avalancha de amor y desafortunadamente de odio, que arrastra cualquier otro liderazgo regional y local, por ello esas malas y buenas gestiones están afectado al proyecto nacional.

Busque más allá, en los liderazgos verdaderos que están en la base y que muchas veces desde el propio partido y de las miserias humanas de algunos egoístas, no les dejan ni asomar la cabeza. Estos líderes que sean ido construyendo y que por su estatura moral, capacidad gerencial y compromiso ético, pueden acompañarlo en esta inmensa tarea que debe enfrentar.

Esperamos que en esta nueva etapa, el seguimiento sincero de la gestión pueda resolver graves deficiencias, así como esperamos que no le tiemble la mano a la hora de quitarle la cabeza a los corruptos. Es impostergable la misión corrupción cero. Esto nos ha hecho demasiado daño y a pesar de los esfuerzos que en esta materia reconocemos que se han hecho: solo en este proceso hemos visto ministros presos, magistrados del TSJ imputados, necesitamos que los demás que estén realizando estas prácticas indeseables sean castigados con todos el peso de la ley sin que puedan fugarse y gozarse la plata en un paraíso fiscal.

No es fácil lo que le toca llevar adelante, la revolución venezolana/mundial que usted lidera contra el neoliberalismo, probando que el modelo venezolano es una salida y enfrentar a los enemigos y traidores internos que están día a día conspirando para acabar con nuestro sueño.

Usted encarna nuestra esperanza, y a pesar de todos esos problemas el pueblo -todos nosotros- lo amamos y lo apoyamos: que no se equivoquen los traidores en menospreciar la capacidad de Chávez, quien a través de un nuevo lenguaje y de la expresión llana, clara, limpia de sus sentimientos, ha logrado despertar una conexión espiritual profunda con el pueblo venezolano.


Recuérdelo Presidente: solo el pueblo salva a Chávez.


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María Alejandra Díaz


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