Entre tanto

Las clases sociales no concilian ni se reconcilian

Los llamados a reconciliación siempre provienen de la ideología burguesa, del pensamiento de los explotadores, de la manera de ver el mundo que tienen los capitalistas.

Esa afirmación precedente, probablemente, me coloca ante muchos como intransigente, testarudo y hasta "propiciador" de la lucha de clases.

Quisiera explicarme y, al mismo tiempo relacionar está reflexión con las que he venido haciendo durante los últimos días, a propósito de los resultados electorales del pasado domingo.

La verdad verdadera es que bajo relaciones de producción capitalistas, los explotadores desearían obtener sus riquezas y reproducirlas, en condiciones de armonía, conciliados en "un mismo esfuerzo" por el que unos se enriquecen mientras las grandes mayorías deben vender su fuerza de trabajo y de creación sin posibilidades de que, en condiciones "normales", ello cambie.

Cuando las clases "concilian" entre ellas, respondiendo a una propuesta de armonía, generalmente la iniciativa es de los ricos, quienes, para ello median con trabajadores que piensan y sienten como ricos, pero no lo son (en Venezuela podemos recordar la existencia de las famosas Tripartitas que integraban patronos, gobernantes y sindicalistas, todos con un pensamiento burgués aunque con diferentes estatus sociales). Es lo que se ha conocido como el consenso para la explotación en el que los trabajadores, por determinadas razones, se sienten "contentos" con su explotación.

No siempre es así. La violencia innata de las relaciones de producción capitalista, a veces requiere de la represión directa para sostenerse. Pero, en el caso del consenso ni en el de la represión, se trata de un acto voluntario. Tampoco indica ello que los ricos sean malos o buenos per se. Sencillamente son explotadores y en las relaciones sociales por las que se vinculan con los explotados, desempeñan el papel de o se comportan injustos, son fomentadores de la desigualdad y del egoísmo y, por tanto, de la lucha de clases que, esos mismos ricos, en una coyuntura revolucionaria y anticapitalista, como la presente, se empeñan endilgar la responsabilidad a un "ser perverso" "malévolo", como Hugo Chávez, por su liderazgo e identificación de clase con los explotados, con los trabajadores y trabajadoras, con el pueblo.

Entonces, cuando los burgueses, cuando el candidato de los explotadores y del imperialismo, llama, después de su derrota en la contienda política electoral, a la reconciliación, no está haciendo otra cosa sino invitar a su vencedor para que "concilie" con sus intereses de clase y, así, la sociedad de explotación capitalista siga funcionando como siempre.

En esa trampa de la concilación y la reconciliación, caen muchísimos explotados, trabajadores y pobres que son permeables al discurso burgués y a su hegemonía ideológica. El llamado "sentido común" que ha sido "programado", como se hace con una computadora, lleva a que pobres y explotados piensen y reduzcan el pensamiento burgués, no habiendo podido apropiarse del suyo como clase proletaria.

Es aquí, donde se hace necesario el debate político-ideológico para masificar la concienciación desde la perspectiva de las y los trabajadores, del proletariado como clase revolucionaria, única capaz de asumir una producción y reproducción de los bienes y la vida, en condiciones de igualdad, dentro de una propuesta socialista.

Acerca de esto, también debemos seguir debatiendo.

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