¿Por qué urge desarrollar una economía socialista y sustentable?

Las tareas del pueblo y su vanguardia apenas inician con el triunfo del Presidente Chávez en las elecciones del 7 de octubre. Este evento es una simple declaración del poco tiempo del que disponemos los revolucionarios para profundizar la construcción de una sociedad distinta: de una sociedad socialista. El imperio no está muerto y mucho menos paralizado: sólo es práctico y negocia con el actor que mejor y más rápido le garantice el cumplimiento de sus objetivos.

Los países de Centro y Suramérica están amenazados de muerte por el Imperio de Estados Unidos de Norteamérica. Su objetivo es convertir a todos estos países en simples estados asociados del Imperio; en muchos Puerto Ricos. De allí que lo que está siendo amenazado sea la soberanía de todos los pueblos de América y por ende su capacidad para decidir su destino de forma autónoma. La versión imperial de la frase “América para los Americanos” considera a los “Americanos”, igual que en tiempos de Roma, como el pequeño y poderoso grupo que ejerce el poder. En nuestro caso la burguesía blanca, protestante y machista de Estados Unidos. Y con ellos sus mayordomos; los miembros de la burguesía nacionales y los políticos traidores del resto de América. Contra este objetivo imperial lucha la clase trabajadora, campesina de Centro y Suramérica en pos de profundizar su independencia y en nuestro caso de concretar el socialismo.

Los gobiernos progresistas no son garantía ni de socialismo ni de libertad. Son paños calientes imperiales esperando mejores momentos para el asalto final. La libertad se encuentra en la construcción de un desarrollo endógeno socialista que elimine nuestra dependencia del extranjero. De allí que la gran tarea de la vanguardia revolucionaria sea construir en este breve espacio de tiempo las bases indestructibles de una economía socialista autosustentable, productora de riqueza y de conciencia. Las políticas imperiales son muy conocidas: corrupción, endeudamiento, drogas y delincuencia. Todas tienen el fin de dividir y eliminar la consciencia de clase de trabajadora y campesina.

Para el imperio corromper y endeudar con las propias ineficiencias o ineficacias de un capitalismo de Estado dependiente no resulta tarea difícil, ya lo hicieron con el llamado “socialismo” real. Su mejor sueño sería que políticos latinoamericanos con un discurso socialista les entreguen llenos de sumisión y en bandeja de plata, a sus agentes imperiales, nuestros países endeudados, desestructurados y frustrados por un mal llamado socialismo (o capitalismo de Estado), con una clase obrera aterrorizada por la delincuencia e inconsciente por la droga. De allí que la tarea es grande cuando hablamos de economía socialista, cuando hablamos de tareas más allá del discurso y la retórica política.

La revolución ganó un espacio temporal de maniobra para derrotar al imperialismo de Estados Unidos. Sólo una economía socialista puede derrotar a una economía capitalista e imperial. Se ha demostrado que los discursos socialistas con un capitalismo de Estado son la retaguardia del Imperialismo para someter a la clase trabajadora y campesina de los países y regiones de mundo.

El imperialismo ya empezó la construcción de la América imperial con sus Estados asociados. Ya han cambiado los objetivos del plan Colombia, ya están cambiando la política de desregularizar la producción y consumo de droga para América latina, empezaron en Uruguay. Ya activaron a los movimientos delincuenciales en Latinoamérica con sus paramilitares, redireccionados con el nuevo plan Colombia, los maras, lo sicarios y la proliferación de delincuencia en todos los países de centro y Suramérica. La lucha apenas comienza. Pronto volverán con sus ataques financieros para promover un mega endeudamiento que justifique la aplicación de un nuevo consenso de Washington que entregue o “comparta” los activos de nuestras tierras (nuestro petróleo y minerales), libere los mercados a través de los tratados de libre comercio (matando con ello nuestro desarrollo endógeno) y liberen el mercado laboral (acabando con las garantías de nuestros trabajadores). Todo ello, hasta que se justifique con sumisión cambiar con los Estado Unidos deuda, por nuestra soberanía. En ese funesto escenario ya no podremos elegir presidentes, ni parlamentarios; nuestros intereses serán decididos en Washington.

De allí que la tarea de la revolución sea mejorar la eficiencia del Estado para mejorar su gestión, controlar el endeudamiento del Estado, estimular la creación de una verdadera economía endógena socialista que nos garantice la libertad, desatar las fuerzas creadoras de la clase trabajadora y campesina, combatir abiertamente y con todas nuestras fuerzas los embates de la droga y la delincuencia (no pasaran). En fin, fortalecer el papel y conciencia de la clase trabajadora, fortalecer la familia, la educación liberadora, el deporte liberador y el emprendimiento socialista de los venezolanos y latino americanos. La tarea de la revolución socialista esta en enfocarse y librar la batalla contra nuestra debilidades ideológicas y la contrarrevolución que obstaculizan la construcción socialista. Hasta la victoria siempre, que viva el Socialismo, Carajo.

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