¿Y el flaco?

No es sola la pregunta que encabeza este artículo, sino también variadas metáforas que pueden usarse para describir los resultados electorales del pasado siete de octubre, veamos: “Crónica de una muerte anunciada”, “Le dieron hasta en la cédula” o “Llevó más palo que una gata ladrona”; entre otras ideas que el saber literario y popular muestran refiriéndose a un hecho concreto como fue el triunfo del Presidente Chávez. Más allá de la suave revancha del humor, el meta lenguaje –como señalan algunos sesudos intelectuales- destaca, que este triunfo estuvo lleno de pueblo, que a través de sus emociones y esperanzas, reafirmó su vocación democrática además de fortalecer la estructura institucional del Estado, como es el caso del Consejo Nacional Electoral y de nuestras Fuerzas Armadas Nacionales. Pero es importante analizar con cuidado y amplitud las condiciones que condujeron a los resultados obtenidos, en los cuales el 80% de la población electora sufragó por la candidatura de su preferencia.

El liderazgo del Presidente Chávez es indiscutible. Se reafirma después de catorce años de gestión y se hace expresión viva de confianza en lo que el liderazgo mismo representa. El carisma cómo atributo de reconocimiento de las mayorías no es malo en sí mismo, es una condición que sólo se adquiere a través de la comprensión de las circunstancias que rodean a la persona en cuestión y de las acciones y respuestas que aquella tome en beneficio de la gente. El carisma del Presidente Chávez no es un don sobre natural, concedido por los espíritus de la sabana. Es, una fuerza construida a través del conocimiento de la gente y de sus relaciones, de su cultura, de su lenguaje y de sus necesidades, y sobre todo de la comprensión y expresión de sus emociones. Creo que uno de los graves problemas de “Henrique”, fue su ausencia de carisma; la sosedad como transmitía sus ideas, sí tenía alguna.

La politización de nuestra población no es ninguna ficción. La nueva cultura política venezolana es una condición de los resultados alcanzados, se puede observar el cambio radical de los sectores populares en tanto protagonistas de su propio proceso de democratización, su ideologización y la manera cómo se han fortalecido las organizaciones populares. La participación y protagonismo de los sectores populares en la construcción del Socialismo, es una lección contundente a las clases medias de la población quienes sobreestimaron el papel de las instituciones mediáticas en detrimento de sus mismas organizaciones políticas, razón por la cual, nunca debatieron críticamente su propio proceso en el cual se estaban desenvolviendo. Ese desconocimiento del pueblo y de sus transformaciones se hizo evidente en las palabras del “flaco”, cuando en una entrevista del periodista Carlos Croes confesó que: “El pueblo venezolano no ha cambiado, es el mismo pueblo”. Craso error “Henrique”: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”.

Las Políticas Públicas y su funcionamiento son los verdaderos indicadores de gestión de un gobierno. A través de ellas se crea la verdadera sinergia entre las demandas sociales y la oferta de bienes y servicios de parte del Estado. En nuestro caso, las Grandes Misiones y las Misiones, han sido y lo son, las grandes legitimadoras del gobierno del presidente Chávez y de ahí la eficiencia política que se hace real en la reafirmación de un nuevo mandato, que no es más que la continuidad del proceso revolucionario que estamos viviendo y construyendo. Estas acciones han llegado a los beneficiarios en todos los estratos sociales y eso no puede ser ocultado objetivamente por nadie. La construcción de viviendas, la inclusión social, el fortalecimiento de la seguridad social, la construcción de universidades, la habilitación tecnológica a nuestros niños, son entre otros importantes indicadores, el anclaje práctico de este importante proceso político y social.

La lectura de la realidad nacional adoleció en los articulistas y en manipuladores mediáticos de derecha de un análisis crítico argumentado, se limitaron a reproducir conscientemente o no lo que los grupos de poder querían que repitieran sin ningún tino académico ni metodológico. Muchos de estos tristes personajes son docentes universitarios, y pienso, que si así enseñan en sus respectivas casas de estudio, hay que preocuparse por la calidad de la educación que imparten, no por sus particulares ideas políticas e ideológicas, sino por la ausencia de rigor científico ante el tratamiento de los problemas sociales, políticos y económicos. El visceralismo se convirtió en la esencia que alimentó su discurso, olvidando o escondiendo la verdadera realidad. Ya al término de estas líneas, permítanme reconocer que en este proceso que se reinició el siete de octubre, los perdedores son muy pocos, la mayoría de los seguidores del “flaco” sólo están equivocados y los errores pueden enmendarse con conocimiento y educación. Traten de estudiar un poco. ¿Verdad “Henrique?

Sociólogo

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