La pertinencia del quinto objetivo histórico del Plan de la Patria y la imbecilidad de la burguesía venezolana

Gran parte de las críticas enunciadas hacia el programa de gobierno del Comandante Chávez, por parte del candidato de la derecha, de su comando de campaña y del aparato mediático-publicitario trasnacional que le impulsa, se ha dirigido a banalizar y a tratar con cinismo y menosprecio, el contenido y la esencia de los objetivos históricos planteados en Plan de la Patria 2013-2019 (Chávez, 2012), y con mayor énfasis en el quinto objetivo histórico.

Esta actitud expresa la verdadera posición política de la derecha venezolana, que se reduce a una visión que reproduce la ideología dominante (desde su sumisión ante el imperialismo), es decir, al positivismo en su versión más rancia y reaccionaria (por más que sea edulcorado con eufemismos y esnobismos postmodernos), la cual se caracteriza por una lógica fragmentaria, reduccionista y mecanicista de los problemas.

Por eso el cerebro del candidato de derecha no puede comprender la naturaleza, la gravedad y el carácter sistémico del problema ambiental. Por tal motivo considera que no es de su interés y que un presidente de un país como Venezuela no le incumbe ni le compete ser beligerante ante dicho problema, una manifestación concreta y específica fue explicitada por el mismo cuando expone: “que quieren salvar la humanidad, y ¿quién nos salvará a nosotros?”.

Más allá del carácter imbécil de esta sentencia ¿acaso él y sus seguidores no forman parte de la humanidad? ¿Acaso la magnitud y la gravedad del problema ambiental no tiene nada que ver con la política de los Estados? Tal situación, demuestra que el candidato de la derecha no tiene conciencia respecto al  signo de la Venezuela contemporánea, posicionada a escala mundial como potencia energética y como epicentro y referente geopolítico de gran relevancia.

Asimismo, es evidente que el candidato mediante su discurso, reproduce la subordinación histórica de la burguesía venezolana a los dictados emanados desde el imperialismo. Por tanto, desde esa lógica (la lógica de la derecha), resulta inadmisible que un país como Venezuela, pueda impulsar una política que pretenda transformar el orden mundial dominante (mucho menos cuando afecta tantos intereses económicos en la metrópoli), lo que se traduce en una actitud servil y vasalla ante el capital trasnacional.

Por tal motivo a continuación se exponen algunas reflexiones orientadas a reivindicar la pertinencia y la relevancia de asumir desde el movimiento que genéricamente denominamos revolución bolivariana.

¿Es pertinente el quinto objetivo del Plan de la Patria 2013-2019?

Contrario a lo esbozado por la burguesía venezolana, proponer un objetivo histórico del Plan de la Patria (propuesta programática del Comandante Hugo Chávez para el periodo 2013-2019), dirigido a “contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana” (Ibíd. P. 5), le otorga un rango y una importancia esencial a la problemática ambiental, como variable fundamental en la política del Estado venezolano.

En esencia, el objetivo histórico se plantea evidenciar el carácter antagónico del TIPO DE RELACIÓN SER HUMANO-NATURALEZA que se propugna desde los modelos (SOCIALISMO VS. CAPITALISMO) cuya contradicción tendrá un escenario de confrontación en el marco de las elecciones del 7 de octubre.

Cabe señalar que se asume como un objetivo histórico, en la medida en que constituye una condición vital para el desarrollo de cualquier propuesta emancipadora y humanista. En el contexto actual (signado por una crisis sistémica, que se ha agudizado por la crisis ecológica a escala global), no se puede concebir un proyecto revolucionario sin situar el problema ecológico-ambiental como una prioridad, como un asunto de vida o muerte, para hablar sin eufemismos.

La relevancia de postular al debate nacional la cuestión ambiental (e incluso al debate global: por la significación geopolítica de Venezuela en el escenario económico mundial), radica en la necesidad de conocer la naturaleza y la magnitud del problema. La intención es impulsar desde la fuerza moral y política de la revolución bolivariana, un gran debate en todas las instancias, con la finalidad de concienciar respecto a la gravedad de la problemática ambiental y sobre la urgencia de explicar (para transformar) los factores subjetivos-objetivos que le producen y reproducen en todas las escalas.

En primer término, se trata de poner en evidencia la crisis orgánica-sistémica-estructural referida anteriormente. A partir de una visión de totalidad se plantea el reconocimiento de la relación dialéctica entre las expresiones más significativas de la crisis actual (política-económica-ambiental), las cuales se analizan por separado solo con fines explicativos, pues en la realidad están asociadas y trasversalizadas por la crisis social dada a partir de la contradicción capital-trabajo, por la ley del valor y por la lógica de relaciones sociales de producción-distribución-consumo subordinadas a la lógica del capital:

En primer lugar, en el contexto actual, sobresale la crisis política, como indicador de la carencia de legitimidad del orden sociopolítico inherente a la democracia representativa y al Estado burgués (paradigma de forma de gobierno dominante desde la hegemonía de la modernidad como proyecto civilizatorio), se trata de una crisis orgánica que torna insostenible la relación entre el Estado y el orden social mencionado (Gramsci, 1999).

Esta crisis ha emergido en diversos escenarios históricos-políticos y mediante formas muy variadas durante los últimos dos siglos. Sin embargo, llama la atención que en la actualidad se advierte más aguda en Europa (tal como sucedió en momentos de agudización de la crisis económica), y con mayor intensidad en países cuya historia social-política estuvo mediada por el ascenso violento de regímenes de signo fascista en escenarios muy favorables al movimiento socialista (con apoyo abierto de los países de occidente más industrializados y con mayor capacidad de influencia en cada contexto: donde destacan  los E.E.U.U y Alemania), tal es el caso de Italia (1921), España (1936) y Grecia (1967).

En segundo lugar y en relación orgánica con la crisis política, se encuentra la crisis económica. Las evidencias empíricas durante las últimas dos décadas, confirman el signo estructural de la crisis del capital (Mézsáros, 2009). Atrás han quedado las hipótesis que sostenían el triunfo del capitalismo como sistema social, e incluso, aquellas que definían a las crisis como reflujos coyunturales y cíclicos, que supuestamente tendían a ser superados de manera paulatina por la dinámica metabólica del sistema capitalista, pues las repercusiones de la crisis económica (de naturaleza financiero-especulativa) han dado al traste con los modelos explicativos burgueses y han explicitado el signo permanente-estructural de la misma.

La agudización de la crisis económica ha desmitificado las teorías burguesas-imperialistas, al punto que ese observa en pleno desarrollo su localización en formaciones sociales con elevados niveles de industrialización, a partir de lo cual se ha producido la pauperización de las condiciones de vida de las clases asalariadas (lo que se traduce en la pérdida de reivindicaciones históricas de la clase trabajadora y de logros paradigmáticos del Estado de bienestar).

Por supuesto, tal situación ha derivado en una profundización de la crisis política, y en el cuestionamiento de la población al sistema capitalista y al Estado burgués como estructuras al servicio del orden social dominante. En la medida en que empeoran las condiciones materiales se hacen visibles los mecanismos de explotación de la gran mayoría de la población sobre la base de la apropiación de riqueza y renta por parte de una minoría. En la medida en que se dificultan las posibilidades de satisfacción de necesidades, incluyendo aquellas necesidades superfluas que el propio sistema se encargó de posicionar en la psique colectiva, en el marco de un modo de producción-distribución-consumo que se sustenta en la enajenación y cosificación del ser humano y en la depredación e instrumentalización de la naturaleza y sus recursos, la ciudadanía se torna más consciente de la urgencia de transformar el orden social.

Dicho cuestionamiento se torna más abierto en la medida en que se conocen las alteraciones ecológicas-ambientales que está experimentando el planeta, sobre la base del modelo de relación sociedad-naturaleza antropocéntrica (que considera al ser humano como el centro del universo, con la particularidad de que el ser humano que goza de tal rango debe ser: hombre, blanco-europeo y judeocristiano), de un modelo que ignora el carácter finito del planeta y sus recursos (por su voracidad económica), un modelo que se funda en la instrumentalización de la naturaleza a la cual pertenece, lógica en el cual la naturaleza y sus recursos se consideran una fuerza productiva, un bien, un servicio, UNA MERCANCÍA (es decir: un medio para la reproducción del capital y para la apropiación-acumulación).

Como se mencionó anteriormente, dicho modelo es la raíz estructural de los cambios que está sufriendo el planeta. En cuanto al modo de producir, es un hecho comprobado que se ha desatado un cambio climático a escala global a partir de la acumulación de gases de invernadero en nuestra atmósfera, y que los mismos son originados por la quema de combustibles fósiles (medio energético posicionado tecnológica y comercialmente de acuerdo con intereses muy específicos: los de E.E.U.U. y su dominio tecnológico a partir del desarrollo de fuerzas productivas alcanzado en dicho país en el contexto de la segunda revolución industrial).

Dicho cambio climático es el principal responsable de la alteración de los ciclos biológicos-geográficos-químicos del planeta (entendido como un sistema) y por ende de múltiples y muy negativos desequilibrios ecológicos (que generan problemas agudos para la producción de alimentos: por degradación del suelo, por sequías o inundaciones, entre otros).

De igual manera, la lógica reproductiva y competitiva del capital tiende a imponer una producción de mercancías a gran escala y por ende la exigencia de llevar a cabo una ampliación territorial-demográfica de los mercados, por lo cual se produce bajo un régimen dirigido a expandir la capacidad productiva (es decir de aumentar la potencia para producir y vender mercancías, independientemente que representen o no, un medio para la satisfacción de necesidades). Para tal efecto, el sistema cuenta con sus aparatos ideológicos, los cuales cumplen un papel de gran relevancia: por una parte justifican ideológicamente el orden social, político y económico, y por otra parte son la instancia que induce al consumo irracional a la población.

Por otra parte, la mundialización del capital (globalización bajo la égida de los E.E.U.U.), ha generado un flujo de mercancías que exige unos elevados costos de transporte (desde el punto de vista económico-tecnológico y primordialmente ecológico). Las redes de producción-distribución-consumo de la actualidad constituyen un factor que agudiza la emisión de gases de invernadero y propicia la explotación irracional y depredadora de los recursos naturales (localizados primordialmente en el denominado tercer mundo).

Por último, la lógica de consumo del sistema capitalista (impuesto por los aparatos ideológicos a su servicio), desconoce el carácter finito del planeta, y por ende, de sus recursos, ante lo cual se torna insostenible reproducir los niveles y los patrones de consumo de los países industrializados en el tercer mundo (por tanto, el ideal de desarrollo y progreso ilimitado no es factible en la medida en que el planeta no soportaría una explotación de recursos a tal escala).

Es decir, plantear la posibilidad de producir  progreso, riqueza ilimitada y desarrollo desde el modelo capitalista para la formación económico-social venezolana, constituye una de las falacias históricas de la burguesía mundial y nacional.

En primer lugar, porque la riqueza y opulencia de las naciones industrializadas, está condicionada y relacionada directamente (o mejor es directamente proporcional al saqueo y el empobrecimiento de los países de la periferia). La riqueza del imperialismo no es aleatoria o espontánea, sino que es producto de una lógica de relaciones entre los países (lógica de intercambio desigual que favorece a la metrópoli imperialista). Tampoco es producto del trabajo y el ahorro de un pueblo determinado, en contraposición a una cultura de pereza y desidia de otros pueblos (para no redundar remito a la lectura del capítulo 24 de El Capital de Carlos Marx).

En segundo lugar, porque en el supuesto negado que sea factible el progreso, riqueza ilimitada y desarrollo desde el modelo capitalista para los países no industrializados, la realidad material del planeta no resiste una lógica de explotación y depredación de sus recursos a una escala tal, en la cual todos los países del mundo desarrollen un proceso de industrialización desde la visión y la práctica supeditada al capital, y una lógica de consumo equivalente a la desarrollada en las naciones metropolitanas y en los enclaves de la burguesía en cada una de los países de la periferia.

A partir de la situación expuesta, es evidente la pertinencia, la importancia, la necesidad, y la urgencia de que los Estados como instancias beligerantes en la política mundial, asuman un tratamiento responsable y una posición comprometida con el problema ambiental, PUES YA NO SE TRATA DE UN PROBLEMA ÉTICO, POLÍTICO O IDEOLÓGICO, NI SIQUIERA DE UN PROBLEMA CIVILIZATORIO, AUNQUE EN EFECTO EL PROBLEMA EN CUSTIÓN INCLUYE LAS VARIABLES ENUNCIADAS, AHORA SE TRATA LITERALMENTE, DE UN ASUNTO DE VIDA O MUERTE PARA LA HUMANIDAD.

¡NO CAMBIEMOS EL CLIMA CAMBIEMOS EL SISTEMA!

Referencias

Chávez Hugo, 2012. Propuesta del Candidato de la Patria, Comandante Hugo Chávez, Para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019. Disponible en: http://www.asambleanacional.gov.ve/index.php?option=com_docman&task=doc_view&gid=4123&tmpl=component&format=raw&Itemid=185&lang=es

Gramsci Antonio, (1999). Cuadernos de la cárcel. Edición crítica del Instituto Gramsci. A cargo de Valentino Gerratana, 6 Tomos. Ediciones Era / Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México DF.

Mézsáros Itzván, (2009). La crisis estructural del capital. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Caracas.

El autor es:

Investigador y Articulador Comunitario

Universidad Experimental de la Seguridad

Integrante del COLECTIVO PEDRO CORREA

Estado Táchira

[email protected]



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