Elecciones del 7 de Octubre

Cuestión Nacional y lucha de clases en Venezuela

Cada vez que se acercan las elecciones en Venezuela, se afirma que éste es el evento más importante de los últimos tiempos porque lo que se juega es el destino de la Patria y la Revolución. Parecería un lugar común, pero no nos queda otra cosa que adherir una vez más a esta idea.

Cuando se analizan las fuerzas en pugna en cada disputa electoral, se señala igualmente de manera reiterada que existen dos proyectos enfrentados. Por una parte, el socialismo bolivariano, por la otra, el capitalismo dependiente.

Nuevamente debemos coincidir con esta afirmación, pero hay algo más.

Las próximas elecciones del 7 de octubre son el escenario de una dura batalla, pero no solamente de proyectos enfrentados, sino de dos realidades en disputa.

Hay dos venezuelas, que hasta hoy conviven en un mismo espacio-tiempo. Dos venezuelas que no pueden subsistir más en esa situación de equilibrio inestable. Ha llegado el momento de las definiciones. La Venezuela dependiente debe morir para que la Venezuela soberana viva.

Como dice la letra de la salsa “dos jueyes en la misma cueva, no pueden vivir”. Las contradicciones de clase en la sociedad venezolana han llegado a un grado de antagonismo tal que no hay lugar para opciones intermedias. O se avanza, profundizando los cambios, o se retrocede, conciliando.



¿Cómo se manifiesta la actual contradicción antagónica en Venezuela? Como no podía ser de otra forma, en un país de la periferia, a través de la cuestión nacional. Por una parte existe un frente popular heterogéneo, policlasista y polisectorial, con un programa antiimperialista bien definido y en tránsito al socialismo. Este bloque se enfrenta contra una rosca oligárquica, de naturaleza rentística y parasitaria, con centro de gravedad en la burguesía importadora aliada al gran capital imperialista.



Cada uno de estos bloques representa a los dos mundos de la Venezuela de hoy. El primer bloque, el bloque popular, controla el gobierno nacional, parte del Estado, los resortes básicos y estratégicos de la economía, la fuerza armada y tiene importantes expresiones de poder popular a través de las organizaciones de base. El segundo bloque, el de las clases dominantes, mantiene un poder económico-financiero todavía muy grande, una parte sustancial del aparato ideológico y cultural, un vasto sector de las corrientes más despolitizadas de la sociedad y una férrea alianza con el capital imperialista.



La Revolución Bolivariana ha convivido hasta hoy con la rosca oligárquica, de manera traumática. Con enfrentamientos permanentes, que implicaron retrocesos a ambas partes, pero con una clara tendencia a favor del bloque popular y nacional.



El bloque popular antiimperialista, a través del Comandante Chávez, ha anunciado la implementación, para el período 2013-2019, del llamado Programa de la Patria, cuyo eje central se sustenta en el objetivo histórico de la consolidación de la independencia política, para avanzar aceleradamente hacia la conquista de la independencia integral de la patria. Es decir, hacia la independencia económica, científico-tecnológica y cultural.



Hasta aquí, la rosca oligárquica había podido convivir con la Revolución Bolivariana con mayor o menor conflictividad. Inclusive, es necesario reconocerlo, algunos sectores de ese bloque se vieron favorecidos en lo económico-financiero. Por otra parte, aunque la Revolución Bolivariana ha logrado desarticular importantes intereses económicos de la rosca oligárquica, pero todavía no ha podido desactivar a la más poderosa fracción de ese bloque: la burguesía importadora aliada al gran capital extranjero.



El control cambiario, impuesto por la Revolución, ha servido para evitar la espantosa fuga de capitales que desangraba al país. Pero esa burguesía está haciendo pingues negocios, importando con dólares baratos y vendiendo al mercado interno al cambio paralelo. Las medidas de controles de precio buscan contrarrestar este negociado.



En resumen, la Revolución Bolivariana necesita desarrollar sus fuerzas productivas para lograr solucionar los problemas que existen en la sociedad y avanzar en el proceso transformador. Diversificar la economía y romper con la dependencia petrolera es una de las metas del Programa de la Patria. Al mismo tiempo, plantea el objetivo de soberanía alimentaria, la industrialización y la explotación de los recursos naturales de manera racional y sustentable. A partir de la propiedad del Estado sobre los resortes básicos de la economía y de los incipientes emprendimientos productivos socialistas, se propone avanzar hacia una rigurosa planificación con sentido nacional, popular y socializante.



Todo esto resultaría imposible sin trastocar la estructura económica oligárquica heredada, vigente en el modelo rentista petrolero. Cualquier avance en la dirección planteada por los objetivos del Programa de la Patria, encontrará la resistencia de la rosca oligárquica imperialista. No es posible implementar ese Programa sin afectar los intereses de la burguesía importadora y sus diferentes ramificaciones, ya que esa burguesía importadora y sus socios, acumulan capital, es decir materializan sus ganancias, precisamente gracias a la desarticulación del país, a la desindustrialización, a la dependencia económica y a la cultura rentística.



Cuando se implemente el programa de Chávez, nacido de la convicción patriótica del líder de la Revolución, la rosca oligárquica perderá su principal eje articulador, el sector más dinámico del frente antinacional, el más vinculado con el imperialismo y de mayor penetración, inclusive, en algunos sectores socialdemócratas del propio gobierno.



La burguesía importadora siente, quizás por primera vez, que sus intereses están en verdadero peligro. La Revolución Bolivariana podía tomarse el atrevimiento de controlar la renta petrolera y socializarla en provecho de los más necesitados; inclusive nacionalizar las industrias básicas en tanto y en cuanto el suministro de insumos importados pasasen por sus manos; pero lo que esos sectores no pueden permitir, es que se imponga una política productiva endógena, con desarrollo de la tecnología y la ciencia en función de los intereses de la nación y la revalorización de la cultura del trabajo. Esas políticas, implementadas con eficiencia, sepultarían en poco tiempo a la burguesía intermediaria, parasitaria y cipaya.

Esta nueva batalla recién comienza; pero para entrar en combate primero es necesario que Chávez gane el 7 de octubre, y que gane holgadamente. Todo indica que así será. Por eso afirmamos que estas elecciones abren el comienzo de una nueva etapa para el proceso revolucionario, etapa de definida lucha de clases enmarcada en la lucha por la independencia integral de la Patria. El resultado del 7 de octubre será decisivo para saber realmente con qué cuenta cada uno de los bloques en pugna.

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