A 192 horas de la hora cero

De hoy al sábado seis de octubre hay exactamente 192 horas; o sea estamos a escasos ocho días para que suene la diana que nos llamará a más de 18 millones de venezolanos a las urnas electorales para ratificar en Miraflores por seis años más al mejor presidente que ha tenido Venezuela luego de la muerte del Libertador. Así de sencillo. No se trata de pasión, fanatismo o como se quiera llamar el asunto. No soy muy mayor que se diga; pero tampoco tengo siete años; ya que son sesenta siete 100% bien vividos y bien administrados, habiendo tenido el privilegio y oportunidad de nacer en un hogar humilde, pero muy unido y solidario en todo; pues a mis padres los separó la muerte. Por razones de estudio en primer lugar he podido conocer otros países de América y Europa; luego por razones de placer bien merecidas también he conocido otras latitudes y jamás he visto un presidente con desprendimiento, entrega y amor por un pueblo en todo el sentido de la palabra como el presidente Chávez.

Si queremos ser honestos, transparentes e inculcarles la verdad a nuestros hijos y nietos es necesario dejar a un lado las aspiraciones personales, los reconcomios y odio visceral e intestinal que se puede tener para con el actual presidente y reconocer que lo que escribo y aseguro en esta columna no es obra de casualidad o porque tengo familiares enchufados en el aparato burocrático del país. Nada que ver; pues no tengo a nadie chupando del gobierno como decimos en criollo.

Tengo seguridad absoluta que el 7 de octubre el presidente será reelecto porque se ha convertido con hechos concretos en el presidente de no solo de los más de 30 millones de venezolanos; sino que además ha entregado su vida a fondo con el propósito de sacar del infierno a millones de compatriotas sin preguntarle si están o no con él; pues durante años fueron excluidos y confinados a vivir a orillas de ríos y barrancos. El presidente Chávez nos ha dado a todos los que nos ufanamos de ser católicos, apostólicos y romanos la mayor lección de ser un cristiano por donde se le mire.

Dejemos la mezquindad y odio gratuito para con el hombre que ha cambiado para bien a los venezolanos dejemos de pensar en el “yo” y vamos a cambiarlo por el “todos” pues él a nadie le pide un carnet para que entre a ninguna misión. El ejemplo más patente de lo que digo son los miles y miles de funcionarios que controlan todos los poderes que no son chavistas. Algo que jamás sucedió en la cuarta.

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