Solo el pueblo salva al pueblo

Durante la década de los años 90  Venezuela se  encontraba en un proceso de ebullición social, debido a las políticas dictadas desde Washington. Se percibía el resurgimiento de  movimientos progresistas abocados a subvertir el orden establecido por la oligarquía nacional.

A partir del alzamiento de un grupo de militares nacionalistas del  año 92, resurge la esperanza de que  sí es posible irrumpir  y combatir al sistema de dominación implantado desde el norte. Para la segunda mitad de esta década ya se reunían colectivos en distintas partes del país planteando la toma del poder.

Al aparecer el comandante Chávez, después de su salida de la cárcel por haberse declarado responsable del alzamiento militar del año 92, muchos de esos colectivos se unieron a su llamado  y conformaron un ejército de hombres y mujeres que, unidos  al pueblo, lograron su victoria.

Después de la gran victoria del año 98, el comandante Chávez inicia una serie de medidas de emergencia orientadas  a revertir el hambre y la miseria que cubría al pueblo venezolano.  

Para 1999 la población poseía un bajo nivel educativo; solo  la clase media y la clase alta  tenían acceso  a las universidades, mientras el 80  por ciento de la población,  quienes pertenecían a las clases populares, se encontraban excluidos de la educación universitaria, la deserción de la educación media, aumentaba cada año, unido al enorme analfabetismo imperante.

Las instituciones  existentes  a la llegada de  Chávez presentaban dos grandes debilidades; habían sido creadas para no dar respuesta, debido al impenetrable burocratismo, unido al modelo de formación con que habían sido moldeados los profesionales en las universidades tradicionales, quienes provocaban el                            caos, la corrupción y el desaliento por servir al pueblo; su meta era solo obtener un buen puesto, para desde  allí mejorar su calidad de vida de él y de los suyos, a costa de lo que fuese y sin preocuparse por su entorno y sus semejantes. Esta realidad provocó el estancamiento del  desarrollo de las políticas progresistas del gobierno revolucionario.

A partir del año 2003 el comandante Chávez impulsa  las misiones, quienes tenían la finalidad de crear un nuevo entramado institucional que pudiese acelerar los procesos de cambios sociales que el pueblo pedía a gritos.

Las misiones han logrado mejorar la calidad de vida de los Venezolanos, desde el momento de su creación han acelerado el proceso de cambio que lideriza el comandante Chávez, sin embargo debido a la falta de personas capacitadas para cumplir los roles administrativos de estas nuevas estructuras, se insertó nuevamente un grueso numero de profesionales con las misma visión tradicionalista de las instituciones anacrónicas creadas por la seudo democracia del siglo XX, pero con la diferencia de que estos elementos esconden su verdadera razón de ser y de actuar, a través de un discurso y planteamiento trillado y rebuscado de camaradería, pero que no coincide con sus acciones. Esta realidad ha venido opacando  el propósito esencial de las misiones; no basta la inclusión si no se cambia la visión, la ideología, cómo enseñar lo que se desconoce, cómo dar lo que se carece, cómo  sentir el dolor y la necesidad del hermano, si se fue formado para no sentir, para no llorar y para aceptar como normal cualquier tipo de injusticia  observada.

Las misiones educativas están llamadas  a educar, formar e instruir un nuevo modelo de ciudadanía que coadyuve a la construcción  del socialismo del siglo XXI, pero entonces, ¿cómo construir un nuevo ciudadano con maestros y profesores tradicionalistas que transmiten a los estudiantes  sus distorsiones, malformaciones y mañas mal llamadas secretos profesionales? Claramente esos estudiantes serán profesionales  a imagen y semejanza de sus formadores, lo que provoca  la multiplicación del monstruo, del modelo capitalista de dominación y exclusión.

En días pasados observé  en un medio de comunicación televisivo   llamado Globo visión, burlarse de los nuevos profesionales de la salud graduados en la Misión Sucre, así mismo se tilda de tapa amarilla a los demás graduandos  en otras áreas.  Esa matriz de opinión ha venido calando hasta dentro de las mismas aulas de estudio de las Misiones. Ahora me pregunto: ¿Qué reacción tendrían estudiantes de la Santa María o Simón Bolívar, si en un medio de comunicación cualquiera se les tildara de piratas, mediocres o incompetentes? Ya me imagino las trancas de calles, avenidas y protestas impulsadas por estos niños ricos.

Podríamos decir entonces que la enajenación aplicada de manera sistemática sobre los estudiantes por parte de los profesores, ha sido de tal magnitud, que ha provocado  la aceptación  de esas matrices por parte de los nuevos profesionales; por ningún lado se escucha o se observan protestas  de los nuevos formados, que evidencien muestras de rechazos a estos planteamientos.

Esta situación no ocurre solo en las misiones educativas, pareciese que esta realidad se esta presentando  en el resto de las misiones: el estado burgués logró penetrar estas nuevas formas institucionales. No es posible hacer revolución con la burguesía enquistada dentro del aparato del estado. Ellos no creen en los saberes del pueblo, no creen en la participación, desprecian la educación popular por no considerarla eficiente y productiva.  Por esta sencilla razón las misiones  se han convertido en apéndices de los ministerios existentes, olvidando que estas  nacieron con la finalidad de implotar al estado burgués representado por esos elefantes blancos llamados ministerios.

El contexto que hoy se presenta en Venezuela es totalmente distinto al del año 99. A pesar del ataque constante y sabotaje aplicado a las misiones para lograr su fracaso, han logrado formarse contra todo pronóstico, nuevos contingentes de profesionales quienes resistieron el bombardeo de alienación  del cual fueron objeto  durante su proceso de formación.

Tal vez no son un gran número, sin embargo,  con ellos se pueden reimpulsar las misiones y desmontar, de una vez por todas, el estado burgués.

El proceso revolucionario que  estamos construyendo no es sectario ni excluyente. En este modelo podemos convivir todos, pero deberá ser regido por las bases populares. La clase burguesa que hoy ocupa la mayoría de los escalafones administrativos de las misiones, hará un gran aporte al proceso si se coloca a un lado y permite que sean los sectores populares quienes dirijan esta revolución, encarnados en los nuevos egresados de las Misiones; de lo contrario, solo lograríamos un reformismo temporal, provocando el nacimiento de una nueva clase dominante.

Solo el pueblo salva al pueblo.

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