El imperio: última carta de la burguesía apátrida

La burguesía apátrida está desesperada por recapturar el poder. Por la vía electoral no tiene vida. En ese terreno, lo que le espera es tremenda derrota. Tampoco tiene muchas oportunidades por la vía de la desestabilización interna a través de manifestaciones, paros, motines, trancas, protestas, saboteos encubiertos o artificiales mini-crisis militares. Para que estas “formas de lucha” no caigan al vacio producto de su desconexión con la realidad, se necesita la pre-existencia de una crisis social y económica, o de una extrema debilidad política, o de ambas. Nada más alejado de la realidad de un país surcado por vías férreas funcionando o en construcción; dotado de políticas de seguridad social que nos tocan a todos y todas; signado por la construcción masiva de viviendas para el pueblo que antes sobrevivía al borde de barrancos; por centros de salud bien dotados, escuelas, liceos y universidades. Amén de la siembra por todos lados de fábricas e industrias que hacen más que factible el país potencia-buena que soñamos junto a Alí Primera, ésta y otras generaciones. Rematado políticamente por un enorme respaldo internacional, incluso de países que en otros escenarios se alinean con los intereses del imperio. Y por una estabilidad política basada en un liderazgo intacto en su credibilidad.

La última carta de la burguesía apátrida se encuentra afuera. Y no es que nunca hayan apelado a ésta. El imperio siempre ha sido su principal sostén. El imperio la arrulló, la mimó y amamantó (con la leche robada de nuestro suelo y sub-suelo) para que creciera y alcanzara su adultez. Esta burguesía, hija bastarda del imperio, necesita de nuevo de su protector de siempre, pues no tiene fuerza propia suficiente para impedir su salida de la historia por la puerta trasera.

Debemos entonces prepararnos para un escenario posible, caracterizado por la arremetida imperial con énfasis en el terreno económico buscando minar las bases materiales de la actual felicidad del pueblo venezolano. De nuestro lado, deberán asumirse con prioridad de urgencia todas las medidas que profundicen y resguarden nuestra independencia: en el comercio internacional; en cuanto a nuestros fondos y activos en el extranjero; en relación a la tecnología industrial, médica y en otras áreas sensibles; con respecto a la producción de alimentos y demás productos de primera necesidad. Y sobre todo hacer énfasis en los aspectos culturales que refuercen la consolidación de una identidad nacional a prueba de divisiones por motivos sectarios. Los imperialistas gringos, como buenos herederos del imperio británico, son expertos en dividir los pueblos por causas religiosas, étnicas, gremiales, tribales, burocráticas, etc. (cuidado con la ingenuidad –a veces no tanto- de pretender darle prioridad a la elección de gobernadores sobre la elección presidencial). La ofensiva imperial vendrá, por supuesto, acompañada de su paralela y feroz versión mediática.

Tenemos muchas fortalezas que dificultan o disuaden al enemigo de ciertas acciones. Pero la desesperación es mala consejera. Nunca debemos esperar del imperio y sus lacayos un proceder basado en la lógica racional. De ser así no se hubieran atrevido a lanzar dos bombas atómicas sobre ciudades japonesas indefensas.

En estos días, un ex-embajador yanqui recomendaba a su patrón tomar la ruta antes descrita señalando específicamente algunas áreas. Así que nuestra preocupación (y ocupación) no debería sólo centrarse en el 7-O y el llamado Plan B del majunche y sus secuaces. Es absolutamente previsible que el próximo gobierno del pueblo y del Comandante Chávez, sea hostigado por el imperio como nunca antes lo había sido. Claro, primero lo primero. A votar masivamente el 7-O y a defender la decisión del pueblo. Pero los revolucionarios y las revolucionarias estamos obligados a poner un ojo en cada paso que damos, y otro ojo más adelante en el horizonte.

Se trata de un nuevo escenario de confrontación donde lo internacional tomará prevalencia. De esta manera espera el imperio darle algún oxígeno a sus asfixiadas marionetas para que éstas puedan activar con posibilidad de éxito sus planes desestabilizadores de siempre.

Es nuestro próximo desafío. Pero igual venceremos y seguiremos invictos hasta la victoria final: el socialismo bolivariano.

INDEPENDENCIA Y PATRIA SOCIALISTA. VIVEREMOS Y VENCEREMOS.

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