Ya mi voto no es por Chávez

Ya mi voto no es por Chávez como simple ente presidencial de nuestra república. Por eso votaré por aquel Chávez cuya sincronía y diacronía de una trascendencia histórica al frente de nuestra nación, ha levantado las banderas de una Identidad Nacional que yacía perdida en los albores de la desesperanza. Ya mi voto no es por Chávez como candidato de unas elecciones presidenciales acaecidas en 1998, 2000, 2006 o aquel referendo con intenciones revocatorias de 2004. Por eso votaré por el Chávez cuya única premisa de vida ha sido reivindicar la inclusión social de los más pobres y necesitados. Ahora mi voto es por la continuidad de un proceso (r)evolucionario que siga ampliando la participación ciudadana, que asimile un desarrollo buscando el sendero hacia la (post)modernización del país y el ejercicio pleno de transformación desde una democracia hasta una filosocracia.

Ya mi voto no es por Chávez identificado en un virtual tarjetón electoral en sentido estrictamente eleccionario. Tampoco mi voto es por ese Chávez trajeado o vestido de franela o camisa roja, amalgamado por acólitos de partidos políticos. ¡No! Mi voto será por ese Chávez, como mentor en la consolidación social, económica y política de la patria, cuya esencia de su pensamiento jamás traicionaría los pensamientos de los más desposeídos. Votaré plenamente convencido por aquel Chávez, hoy convertido en unión transparente de millones de seres humanos tanto dentro como fuera de Venezuela, quienes ríen y lloran de amor porque sienten en sus venas, que al fin alguien representa con dignidad los sentimientos más hermosos de los pueblos.

Ya mi voto no es por Chávez, vilipendiado y atacado por una máxima de salvajismo de palabras. Votaré por aquel Chávez que ha logrado calar un mensaje digno y sincero en los pensamientos de la inmensa mayoría de los venezolanos. Quien ha conquistado con su oralidad y escritura, desde una espiritualidad profunda un espacio por y para la vida integral en el devenir no sólo de Venezuela, sino que como estadista comprende que el “desarrollo” aislado de cada país no es tal, sino una fragmentación con fines de dominación imperialista.

Ya mi voto no es por Chávez en el significado de querer que un hombre se mantenga en el poder. ¡No! Mi voto en esta ocasión, más allá de los aciertos o desaciertos gubernamentales, también lo hago convencido que existen dos propuestas para un país. Una capitalista, representada en la derecha cuya génesis fue vivida hacia finales del siglo XX y sumergió a nuestro pueblo en la más espantosa pobreza y división de clases sociales, haciendo a los ricos más ricos y a los pobres más pobres. Otra socialista, iniciada por Chávez que a pesar de las adversidades, ha podido comenzar a situar a nuestro pueblo en la restitución de sus derechos fundamentales en educación, salud, empleo, vivienda, es decir, la concreción de aquel existencialismo que Sartre pregonaba en su filosofía.

Hoy Chávez es el Ser que Heidegger proclamó como parte de la transformación humana. Es el ser que ha vencido un cáncer por la bendición de Dios y el amor a su pueblo. Por eso, hoy votar por Chávez, no es sólo votar por Chávez, es votar aferrado a la libertad, la genuina libertad de los pueblos de América Latina y El Caribe, al espíritu de Idiosincrasia y lucha forjado en el alma independentista de Bolívar. Ya mi voto no es por Chávez, porque votar por Chávez significa vivir los latidos del corazón de mi patria.


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@jvivassantana

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