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Atrapados por el Capitalismo o cada quien según los intereses
Por: Freddy Siso
Fecha de publicación: 28/06/05
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A nivel mundial, pareciera que los hilos del poder lo ejercen algunas naciones, algunos presidentes, algunos ministros. Esto es verdad hasta cierto punto. No se puede negar la influencia que tienen ciertos gobiernos o naciones, en relación a otros u otras. La Unión Europea, por ejemplo, no puede rechazar la influencia que ejerce en su periferia e incluso, sobre sus antiguas colonias. Hay países como Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y España, que practican presiones políticas y económicas –subrepticiamente- a sus vecinos o socios europeos más humildes.

Así ocurre con Rusia o China, con India o Australia, con Israel o Sudáfrica, con Brasil o Argentina. Los países más grandes y poderosos presionan a los más pequeños y pobres. Ésta es una de las máximas del capital, porque es el capital, quien mueve los hilos del poder del mundo actual, sea en Estados Unidos, Francia, Rusia o Haití.

Para el mundo capitalista o el capital transnacional, no existen naciones o presidentes. Existen Estados apegados a sus políticas o gobiernos serviciales que se inclinan ante ellos. Estos últimos son sus ejecutores, las marionetas que se mueven a placer, según la fuerza y la dirección de los hilos.

Por supuesto, George W. Bush actualmente dirige el país más poderoso, tanto en lo militar como en lo económico, pero esos dos factores fundamentales en el planeta que hoy habitamos, no son suficientes para afirmar que un país como los Estados Unidos, sea realmente independiente.

Muchísimos recursos manejan hoy los países ricos, pero su autodeterminación se ve atrapada por los conceptos de democracia y justicia que manejan los gerentes de las grandes corporaciones del mundo actual. Un ejemplo de ello, es la guerra contra Irak. Guerra promovida por las grandes empresas del petróleo, de las armas, de los bienes raíces; en definitiva, piensan que en el futuro, la guerra no habrá sido sino un gran negocio, -independientemente de las muertes colaterales- una buena operación comercial, importando un bledo, la democracia, la paz y la justicia. Es por ello que no podemos explicarnos que antes de la guerra, los grandes países consumidores de energía, obtenían el petróleo a un precio mucho menor que el actual (¿inutilidad de la guerra o negocio bien pensado?).

La dialéctica dicta, que siempre el más grande, querrá reinar sobre el más pequeño, cuéstele lo que le cueste. La guerra contra Irak, pareciera ser en primer término -vista con los ojos de occidente- una guerra por la justicia, la libertad, y no una guerra de dos países ricos y poderosos que pretenden repartirle un botín a sus grandes empresas transnacionales. Lo más triste de este fenómeno, -el de querer obtener ventajas de los más débiles- es que se repite también entre los países pobres y subdesarrollados.

No creo que existan países más reacios a la nacionalización del gas y del petróleo boliviano como Argentina, Brasil, Paraguay, Chile –este último pensando en un futuro- y sino son sus gobiernos, son sus empresas transnacionales (por ejemplo Petrobrás) o sea, las representantes del capital internacional. Iguales ventajas procuran del gobierno venezolano, producto de la ingenuidad de nuestro presidente. En resumen, las empresas podrán ser norteamericanas, mexicanas, kuwaitíes o chinas: todas representan lo mismo, al capitalismo vulgar y descarado. ¿Su aspiración? Librarse de todo lo que puedan: pago

de impuestos, regalías y obligaciones. ¿Pretensiones? Sacar el mayor provecho; sin importarles en lo más mínimo la tierra y la gente de donde se llevan sus ganancias.

La solidaridad del gobierno venezolano con los países de este continente, es verdaderamente incólume. En la actitud de nuestro gobierno, el dogma se rompe, es la ayuda por la ayuda, la solidaridad por la solidaridad, independientemente de que la mayoría de esos gobiernos beneficiados –especialmente los de Centro América- quisieran ver defenestrado al presidente Chávez.

Hoy, los venezolanos sentimos una gran preocupación por nuestras riquezas, nuestros recursos, nuestro destino. El día en que todo se nos acabe y nos quedemos sin Dios y sin Santa Maria: pobres, subdesarrollados y dependientes, me gustaría saber de qué serán capaces aquellas naciones que se beneficiaron, que se benefician y se seguirán beneficiando, de nuestra solidaridad, benevolencia y desprendimiento.

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Freddy Siso
Cineasta CI. 4.432.080
sisofre@yahoo.com
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Freddy Siso


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