Estamos listos

En días recientes escuchaba un análisis hecho por Miguel Angel Pérez Pirela en torno a una encuesta, que mostraba una identificación mayoritaria del venezolano con el proyecto y el ideario socialista que es el núcleo del proceso revolucionario. Más que en los demás resultados, ya obvios a escasos días del 7-O y con una presencia abrumadora de Chávez en el imaginario y la conciencia diaria de nuestro país, este hecho particular me llamó la atención y me hizo reflexionar en los resultados de otra elección (no menos crucial, como lo han sido todas y cada una de las batallas del pueblo hacia su liberación) ante los cuales –por única vez adversos, nuestro Comandante dijo “A quienes votaron por mi propuesta y a quienes votaron contra mi propuesta, les agradezco y les felicito porque han comprobado que éste es el camino. Ojalá se olviden para siempre de los saltos al vacío, de los caminos de la violencia, de la desestabilización”.

Yo también tengo fe en que la mayoría de los opositores los hayan olvidado. Hay un sector que más allá de su posición política obedece a sus intereses económicos, de clase e incluso, a ciegas razones de abolengo o fanatismo, pero ya son -cada vez más, una minoría. Fuertes, pero en minoría. Una minoría que ha comprobado (verbigracia, el 11 tuvo su 13) no ser mayor obstáculo ni un enemigo imposible para un pueblo alzado en sueños, para una calle pateada y alimentada con la esperanza y el vigor de un país que avanza indetenible hacia su independencia, su reivindicación, su victoria.

Pienso también en este momento, en las causas de aquella estrecha caída, en la que más de 3 millones de venezolanos optaron por no votar ni a favor ni en contra, condenando a la reforma a una derrota por menos de 200 mil votos. Quizás tenía razón el Comandante, cuando en la noche –creo que ya madrugada, de ese 3 de diciembre, reflexionaba “Quizás no estamos maduros para empezar un proyecto socialista, sin temores. No estamos listos todavía para emprender un Gobierno abiertamente socialista".

En ese entonces se le atribuyó el revés a muchos factores, entre ellos, que la reelección indefinida de Gobernadores y Alcaldes no estaba incluida en la reforma. También tuvo peso la idea de profundización a nivel legislativo del proceso de transición hacia una economía socialista y que la oposición supo bien satanizar a través del bombardeo mediático de su eterna cháchara (te quitarán tus hijos, tu casa, tu carro) que me recordaba insistentemente aquella canción de Silvio de los ’70 “La familia, la propiedad privada y el amor”. Pero en el fondo, tuvo razón el Comandante Chávez: “la abstención nos derrotó", y es importante destacar este hecho, pues a pesar de que tres millones de personas decidieron no apoyarlo de nuevo en este referendo, tampoco apoyaron a la oposición. Esa vez, 40% de los venezolanos se quedaron en casa, unos atemorizados, otros triunfalistas y a la final, todos perdimos. ¿Cuánto no hubiera podido avanzarse en lo individual y en lo colectivo de haberse aprobado hace 5 años la reforma? ¿Cuántos nuevos pensionados, cuántas viviendas, cuántos proyectos comunitarios?

Tuvimos miedo al futuro y no pensamos que eso nos seguía atando al pasado.

Este 7 de octubre no podemos quedarnos en casa (y vuelvo a otra de Silvio de la misma época: “…debo dejar la casa y el sillón / la madre vive hasta que muere el sol / y hay que quemar el cielo si es preciso / por vivir”). Hay que salir masivamente, a votar por el corazón de esta Patria. Esta vez, la canalla no podrá meternos miedo: las leyes para avanzar al socialismo han sido aprobadas y a nadie han quitado sus hijos y al contrario se les han otorgado sus casas, carros y decenas de otros beneficios más de fondo, a miles de familias venezolanas. Gobernadores y Alcaldes dependen a la vez de un resultado arrollador: la medida de nuestra victoria será la medida de su eficiencia, y será crucial para su reelección: no podrán dar la espalda en el momento crucial.

Esta vez, venezolanos, estamos listos. El futuro brillante que nos soñó Bolívar, que nos soñó nuestro Padre, espera por nosotros. Viviremos, y venceremos.

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