Sindéresis

La batalla final del octubre

Desde hace meses los ejércitos en disputa por los laudos presidenciales lían los bártulos para la gran batalla del 7-O. La idea política es el arma de pelea, la razón es el escudo. Las huestes opositoras se aprestan a establecerse desde posiciones donde la idea que maquinan tenga al menos capacidad de llegada ante los pobladores que pretenden convencer.

Es así como las colinas mas acomodadas de Caracas y las urbanizaciones de clase alta en las ciudades y capitales de estado constituyen los espacios donde mayormente se parapetea el ejército opositor, y en donde por cierto, con audacia, la tropas socialista intentan convencer acerca de la intención de generar mejores formas de vida en los estratos sociales mas acomodados. Las fuerzas revolucionarias, apuntaladas por un liderazgo admitido por la mayoría y generador de esperanzas de independencia y redención popular, se han instalado en los sectores mayoritarios entre las barriadas y sectores más pobres del país. Los opositores, ya en búsqueda desesperada del triunfo que les desdeña, abren flanco por las afueras y allende de los mares, se disponen a gastar un dolaral en traslado de contingentes mayameros hacia los lugares de combate electoral.

Luce la vanguardia socialista con gran confianza y moralidad en sus afanes de lucha. Un simulacro de combate, donde recientemente participara les hizo crecer decorosamente en un ambiente de alegría y en donde el éxito del combate se prevé, sin abandonar las posiciones de hostilidad. Mientras tanto, por las falanges opositoras crece el descontento y engorda el abatimiento. Varios alfiles de su desarticulado ejército, abren boquete en la retaguardia y empiezan a generar fuertes susurros de desbandada, que hoyan la disciplina y producen serios escarceos internos. Un capitán de delantera grita a mil vientos que la pelea que han cazado es desatinada y que pasa a retaguardia.

El flanco opositor cede ante la inminencia de una segmentación dentro del menguado contingente. Por más que arrecian los zumbidos de corneta y los gritos de desespero en la mentira mediática se incrementen, la moral rendida en la implosión de una derrota les viene encima. No hay idea, no hay discurso. O sea una inmensa franja de debilidad ideológica se abre en los flancos opositores por donde seguro se percolará la derrota. Entonces, cuando ya llegue en octubre el día decisivo, las contradicciones habrán extenuado al contingente opositor. Y un sólo murmullo crecerá en las filas de la oposición ya rendida, la idea como herramienta de lucha fundamental en estas lides, siempre en ellos estuvo ausente.

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