El programa de la patria 2013 - 2019

Luego de la Constitución Nacional de 1999, El Programa de la Patria 2013-2019 es el documento político más importante que hayamos producido los venezolanos en este siglo, a tan sólo doce años de despuntar su aurora. En verdad, al revisar cada una de sus partes componentes, de sus cinco grandes objetivos históricos -1.-La Independencia; 2.-El Socialismo; 3.-Nuestra América; 4.-El Mundo, y 5.-La Humanidad-, consigo una maravillosa carta de navegación de largo aliento, en que, ¡por fin!, concretemos, en las décadas por venir, nuestras más preteridas aspiraciones como pueblo, la más grandiosa realización ciudadana de un pequeño género humano que ha sido capaz de levantarse de sus tragedias, de reconstruirse a sí mismo, de compartir su libertad bondadosa con otros pueblos del mundo, incluso a riesgo de su propia existencia y sin pedir nada a cambio.

No permitamos que este documento político tuerza su rumbo en las coyunturas cotidianas, y apliquémonos en el cumplimiento cabal de cada una de sus tareas. No permitamos que se funda como los cinco motores, o se manosee como las tres erres. No permitamos que se transforme en una moda. Ya bastantes retos postergados tenemos en nuestra vida republicana, como para que éste, que es la sumatoria de todos, se nos vaya de las manos, y perdamos otra oportunidad histórica. No tenemos opción.

El gran documento político del siglo XIX, El Programa de la Federación, con sus tres grandes objetivos históricos -a) Tierras y hombres libres; b) Elecciones populares; y c) Horror a la oligarquía-, resumió a las florecientes y agónicas expresiones de los pobres de Venezuela en su empecinada búsqueda social jamás renunciada. Fue un documento debatido y aplicado en medio de una guerra feroz. Fue el producto resultante de una dolorosa traición, la traición a las banderas de la independencia, y aquel gigantesco sacrificio de nuestro pueblo por su dignidad fue ahogado en un pacto ominoso, que sepultó literalmente a nuestro país en un ostracismo por más de ochenta años.

El gran documento político del siglo XX, El Plan de Barranquilla, se propuso el tránsito de aquel país rural fragmentado y caudillesco, con sus limitadas estructuras económicas y su población empobrecida, a una suerte de sociedad capitalista que recién desplegaba su principal riqueza petrolera y, con ésta, su imperiosa necesidad de industrializarla. La historia es harto conocida. Esa suerte de sociedad capitalista devino en un profundo carácter rentista que lo impregna todo hasta nuestros días y reproduce constantemente, como fatalidad generacional, a un tipo de venezolano que debemos superar y trascender. La dirigencia política que comenzó a materializar ese Plan no lo concluye, lo abandona para abrazar al neoliberalismo. Podría decirse que El Plan de Barranquilla fue traicionado por sus propios autores y por sus herederos en el orden político. Como ironía o paradoja de la historia, cuatro de sus ocho grandes objetivos históricos -relativos a la alfabetización de la población, la protección de las clases productoras de la tiranía capitalista, la revisión de los contratos y concesiones celebrados por la nación con el capitalismo nacional y extranjero y el control por el Estado o el Municipio de las industrias que por su carácter constituyen monopolios de servicios públicos- que quedaron inconclusos durante el puntofijismo, fueron cumplidos y cerrados como ciclo histórico por el presidente Hugo Chávez Frías.

Traición en uno, inconsecuencia en otro, El Programa de la Patria 2013-2019 no debe ser salpicado por ninguno de esos lastres. De nosotros dependerá su aplicación. Una vez cumplida la primera gran meta de su primer gran objetivo histórico -La Gran Victoria Electoral del 7 de Octubre-, debemos ponerle fecha a todos sus puntos y convertirlos en el pan nuestro de cada día durante los próximos seis años. Si queremos patria verdadera. Si queremos dejarle algo valioso a las generaciones venideras, por lo cual se sientan orgullosas de nosotros.

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