Un geleón cargado de espejitos

Hemos superado con éxito el simulacro de votación del pasado 2 de septiembre y los resultados van oliendo a victoria. Por mas que el hermetismo del Consejo Nacional Electoral ha sido impecable, nosotros nos las arreglamos para hacer una medición bastante precisa de las preferencias que manifestó el electorado, y me imagino que lo mismo hicieron los opositores. No es saludable creer que su majunchería llega al extremo de no saber hacer mediciones electorales fuera de las urnas.

En este punto entramos en un tema que, sinceramente viene interesándome desde hace algún tiempo mas que la propia campaña electoral, si por tal cosa entendemos toda la parafernalia organizativa en que estamos enfrascados. A estas alturas es poca o ninguna la gente que puede creer que perderemos las elecciones, ni siquiera mentirosos compulsivos como Poleo o Petkof.

Pero esta campaña debería tener un carácter completamente atípico. Es la confrontación de una propuesta explícita de país -la nuestra- contra otra propuesta implícita, subterránea, inconfesable, impresentable; que solo fluye en los mas herméticos circuitos de la oligarquía.

Lo visible, lo fenoménico para decirlo de manera un tanto pedante, es precisamente eso: Capriles es un fenómeno de la naturaleza, un ente asexuado, anodino, vacío, carente de discurso, que invita de manera natural a la burla, a la diversión, como esos pobres payasos de feria que se ganan la vida alquilándose para recibir pelotazos en cualquier carpa. Es divertido llamarlo majunche o jalabolas y en eso estamos, divertidísimos, que es justamente lo que busca el enemigo, porque requiere desesperadamente de nuestra diversión, de nuestra distracción. ¡Cuidado con eso!

Hace tiempo que la jugada no consiste en ganar o perder una elección. En ese terreno, ellos no tienen nada que buscar y lo saben. Por eso nos tratan de engolosinar con un peón para ver si nos dejamos dar jaque al rey. Debatir con Capriles, o hacer chistes a costa de su menguada humanidad, equivale a tratar de hacer esgrima con una nube. Cuando digo que esta campaña debería tener un carácter completamente atípico me refiero a que en ella nos vamos a enterar de cuanto en verdad, ha madurado políticamente nuestro pueblo.

Los mecanismos de dominación no han variado mayormente desde hace cinco siglos, y han sido tan eficaces que los oligarcas de hoy siguen siendo sobre poco mas o menos, descendientes de los conquistadores de entonces. Es por eso que todas las campañas electorales de la Cuarta República, y muchas de las de hoy, tuvieron el mismo carácter bullanguero que seguramente se organizaba en nuestras playas hace cinco siglos, cuando de algún galeón bajaban espejitos o brazaletes de cobre que recibíamos gozosos a cambio de nuestro oro, nuestras mujeres y finalmente el gobierno de nuestras vidas y de nuestras almas.

El mecanismo no ha variado mayormente, solo los bienes que se mercan son distintos. Hoy nos ofrecen veneno mediático, estimulan nuestra compulsión por el consumo, nos hacen adictos a un BlackBerry o a unos zapatos deportivos de marca, por cuya posesión somos capaces como Caín de asesinar al hermano. A cambio piensan ellos, estaríamos dispuestos a entregar nuestro hierro, nuestro petróleo, nuestro coltán y una infinita lista de “nuestros“ que ellos codician.

Lo único que ha cambiado es que al igual que en otros contados momentos de nuestra historia, eso que los marxistas llaman “las condiciones objetivas“, han permitido el surgimiento de un personaje excepcional que poco a poco ha encarnado en todos nosotros hasta llevarnos a comprender que Chávez somos todos. Se abre ante nosotros la oportunidad de mandar mucho al carajo los espejitos y los brazaletes de cobre, los “blacberrys“ y los zapaticos de marca. ¿seremos capaces de lograrlo?. Hay síntomas esperanzadores. En primer lugar hoy no somos un pueblo analfabeta. Nuestros hijos y también nuestros abuelos van a la universidad. Somos testigos lúcidos y conscientes de todo lo que nos robaron en el pasado, simplemente engañándonos con muñecos de trapo iguales al triste Capriles.

Pero estos logros luminosos se enfrentan hoy a una nube de tormenta. El Galeón ya no tiene espejitos que mercar, ahora se están preparando los cañones porque hemos llegado a lo que ellos llaman el “Plan B“ y eso es lo que se perfila en el horizonte mas allá del 7 de octubre. No perdamos el tiempo con el payaso, el “peo“ es con el dueño del circo.         

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Pedro Calzada


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