Gracias Brasil

En 1990 tuve la responsabilidad de explicar brevemente un mapa de América Latina a una audiencia de estudiantes canadienses. Comencé por México, describí breves frases de cada república centroamericana y el Caribe, continué por Sudamérica en un recorrido imaginario por los Andes. Cuando pasé de Argentina a Uruguay estaba exhausto y concluí mi exposición. Un amigo de Sao Paulo exclamó furioso: “¡Te faltó Brasil!” Yo le respondí que existen demasiados países y que es humanamente comprensible que yo olvide mencionar un país entre tantos otros, pues todos los demás los recordé.

Recibimos el año nuevo 1995 en Boa Vista, Roraima, Brasil. Allí las placas de los vehículos recuerdan mis iniciales, RR. Sus calles amplias y el súbito aumento de la temperatura al apenas cruzar la frontera recuerdan a Cúcuta, otra ciudad fronteriza en el Norte de Santander, Colombia. Las playas del Rio Branco son fantásticas y noté a la gente tan feliz como en Venezuela pero con menos preocupaciones. El alto costo de la gasolina y de la comida nos hizo cruzar la frontera de regreso a la Gran Sabana esa misma tarde.

En 2011 emprendo la responsabilidad de mercadear un producto en el continente y descubro que existen enormes lugares como Uberlândia, Florianópolis, Curitiba, Campinas y Ceará. En todos ellos leo ejemplos tecnológicos de cómo implementar el ordem é progresso. Luego de intercambiar pocos emails soy invitado a exponer mis obras de arte en Brasilia, lo cual todavía parece imposible lograr tanto en Venezuela como en Estados Unidos. Parece que el American Dream no ha muerto, simplemente se mudó al hemisferio sur.

Quizás la historia esté confirmando que los portugueses fueron más exitosos que los españoles en su estrategia colonizadora. Un abrumador número de países hispanoamericanos sigue dividiendo a nuestro pueblo con la excusa de soberanías incompletas, mientras que el unido Brasil propone un futuro global más justo en compañía de China, India y Sudáfrica. Ahora utilizo el traductor google para traducir directamente del portugués al chino y viceversa, ya que el inglés y el español son meras escalas para pulir las traducciones entre los nuevos dos idiomas predominantes, todavía desconocidos, pero que pronto habrá que aprender.

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Rubén Rivero Capriles


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