Introducción.
La construcción de una nación.
- El mestizaje matricentrado forjado bajo la dominación.
- La élite mantuana y sus descendientes.
- El refuerzo de la inmigración s.XIX Y XX
El asumir político de las mayorías mestizas y sus expresiones
en este momento.
La visión política de la élite.
Auge y caída del proyecto democratizador moderno de la élite.
La conflictividad del proceso bolivariano.
- La apropiación del proyecto bolivariano por parte
del mestizaje.
- De la huida al conflicto y la simulación al destape político.
- De la sumisión a intereses ajenos al encuentro de los propios
intereses.
- Los círculos bolivarianos el mayor esfuerzo hecho en la historia
de Venezuela por construir sociedad y
ciudadanía.
El diálogo y la confrontación.
Para un diálogo inclusivo o una confrontación
decisiva.
La intermediación y facilitación del diálogo.
Introducción.
A los dos meses de la confrontación más importante de masas en
los últimos 13 años, hay diversos intentos de comprender el momento,
el conflicto y sus implicaciones.
Interpretaciones que suelen ser muy parciales: sólo los intereses económicos
o políticos, o aspectos racistas que se enuncian como una pelea contra
un presidente negroide. La descalificación de las montoneras y las hordas
chavistas por parte de otros que se auto nominan "la sociedad civil".
O acusaciones de la siembra del odio por parte del Presidente, o descalificación
de una cierta oposición como mentirosa y mal intencionada. Me parece
importante, para aportar al diálogo, entender que esas "hordas"
y que algunos sectores de esa "sociedad civil" son coherentes con
la visión que viene de sus orígenes etnoculturales, independientemente
que en el trasfondo están en juego intereses económicos y políticos.
Mejor dicho, esos intereses se expresan en el "mundo de vida", lenguaje
y acción correspondientes a ciertas matrices etnoculturales.
Se señala la dificultad de las masas para desarrollar una democracia
participativa, en términos de carencia de organización, disciplina
y ciudadanía. Al mismo tiempo que el contenido de ciudadanía que
ponemos en esta palabra tiene connotaciones bien diferentes, desde las diversas
cosmovisiones que poseen la élite y la mayoría de la población
venezolana.
Tratar de incluir algunos elementos etnoculturales en la interpretación
de nuestro momento histórico es el propósito de este ensayo, queriendo
aportar al proceso de diálogo y entendimiento para podernos asumir como
nación, república y estado en la coyuntura mundial globalizante
neo-liberal (y no-liberal) que vivimos, orientada precisamente a la liquidación
de estas entidades.
La construcción de una nación.
La construcción de la nación venezolana es una historia conflictiva
desde los inicios del choque cultural producido por la invasión de 1498
y su subsiguiente historia de dominación y colonialismo. Nuestra población
mayoritaria a través de los siglos se forjó marcada por la utilización,
dominada y excluida de la participación política.
Un país fragmentado, con una historia de luchas prehispánicas
y después contra el colonizador, guerras civiles desde la independencia,
de caudillos y montoneras regionales después de la separación
de la Gran Colombia, en búsqueda de una identidad y construcción
como nación y estado, lo que viene a desarrollarse como tal a partir
de Gómez, con la unificación del Ejército y de la Hacienda
Pública, de eso no tenemos todavía un siglo.
Un país, que entre dictaduras y democracias forzadas (pactadas), desarrolló
un modelo de Estado incongruente con el desarrollo de ciudadanía y corresponsabilidad
económica, social y política de la mayoría del pueblo venezolano,
que tuvo participaciones espasmódicas en su proceso político a
lo largo del siglo XX, y en las últimas dos décadas de ese siglo,
sometido a una marginación cada vez mayor de la vida política,
a una gran exclusión social y un empobrecimiento acelerado y generalizado.
A la luz de esta historia y sus causas etnoculturales, además de las
económicas y políticas, es como podemos entender la importancia
de la "revolución bolivariana" y los conflictos que vivimos.
El mestizaje matricentrado forjado bajo la dominación.
Un mestizaje hijo de la dominación, bajo la tutela de la madre y del
colectivo regido por ella. Históricamente la presencia y necesidad del
padre suplida por la madre en la tribu, por la madre esclava en el cumbé,
por la madre abandonada en su familia, por la madre en la familia de varios
padres, por el padre presente; pero culturalmente ausente.
Las marcas de la madre, hija de madre, con la misión de ser madre: La
intuición, la relación interpersonal, la pasión, la voluntad
de convivencia en su colectivo, la autoestima clánica y relacional, la
informalidad, el hecho y derecho de subsistir en la relación. Todo lo
cual conlleva una visión de la vida, del tiempo, del trabajo, del placer,
de la ética y de la estética, de la religión, de la fiesta,
del poder, de la organización y de la política.
Claro que esta matriz ha sido sometida a lo largo de la historia a las múltiples
influencias derivadas de las diversas simbiosis, que se corresponden a diversas
etapas de nuestra historia, la relación y mezcla indígena-blancos
europeos, indígenas-africanos, pardos-blancos-zambos-mulatos. en la esclavitud,
en el abandono del hombre por la guerra, en el peonaje de las haciendas, en
la dependencia de los gamonales del pueblo, en las rupturas familiares provocadas
por la emigración, en el sometimiento a los jefes económicos y
políticos de la sociedad urbana que, lo asumen como cliente, en el ascenso
por imitación, en las matrices ajenas que debe asumir y simula hacerlo,
a partir de la imposición coercitiva, represiva, mediática. Esto
ha producido simbiosis y sincretismos importantes, siempre bajo el signo de
la dominación y la exclusión de una sociedad monopolizada históricamente
por la élite (identificada con la clase capitalista dominante, en todas
las variantes de la estructura económica capitalista históricamente
vigente en nuestro país). A pesar de todas estas influencias la matriz
matricentrada continúa prevaleciendo, con sus consecuencias matriciales
en la cosmovisión de la mayoría del pueblo venezolano y hoy es
el polo mayoritario que apoya la constitución del 99.
La élite mantuana y sus descendientes.
La presencia del blanco europeo de sociedades de matriz patriarcal, aun cuando
venían de un mundo de varios siglos del padre, hombre de la guerra (invasión
mora), poco presente en la familia, el modelo familiar siempre estuvo centrado
en el padre y en la primogenitura (el reemplazo por el primer hijo). La sociedad
de donde venía estaba marcada por los valores paternos: primacía
de la razón, la ley, el derecho, la justicia, la inteligencia racional,
la primacía del individuo, el honor y el valor personal y de ser varón.
Esta matriz configura también una cosmovisión, una visión
y misión en la vida, con sus componentes económicos, éticos,
políticos, estéticos, religiosos y culturales.
También esta matriz en nuestro país ha sufrido influencias importantes
en las diversas etapas de nuestra historia; pero siempre bajo el carácter
de dominador de los diversos aspectos de la vida nacional. La añoranza
inconsciente del país dejado, siempre marcó su historia en nuestra
patria y vivía siempre mirando hacia allá, y esto se trasmitió
de padre a hijos, ¿no es eso lo que hizo en toda nuestra historia a esa
élite dominante importadora de ideas, visiones y modas de su mundo hispánico
o francés o inglés y después en el siglo XX de USA? Así
quiso siempre construir un país a su medida, a su cultura, a su Europa,
hoy a su USA.
El refuerzo a esa élite mediante la inmigración s.XIX Y XX
Desde finales del siglo XIX y el siglo XX hubo importantes corrientes migratorias
hacia el país, desde Europa, además de otros países latinoamericanos
por razones económicas y políticas, que vinieron a reforzar la
pluralidad multicultural de nuestra nación, la mayor parte de los emigrantes
europeos por la guerra civil española, por las guerras mundiales y de
otras culturas como la árabe y la china, provocaron en nuestro país
el aporte de visiones de sociedad, estado, partidos políticos y movimiento
obrero más modernos, aunque en su mayoría eran portadores de una
constitución familiar cercana a la de la tradicional élite mantuana.
El grueso de esta emigración y sus descendientes han venido a constituir
un importante sector de la clase media venezolana. Sus visiones de familia,
sociedad y estado han tenido un gran peso en el diseño del modelo democrático
moderno y de industrialización montado en nuestro país durante
el siglo XX. Y han tenido una gran influencia en los modelos asumidos por los
mestizos de los sectores medios emergentes, que pudieron asumir posiciones,
titularidad académica (los académicos, los periodistas, los médicos.),
ascenso en la administración pública, en las FAN, en las empresas
estatales (PDVSA - que ha constituido el centro de la elite- , CVG y filiales.),
durante los años 50-70 del siglo pasado en nuestro país, ya que
después de la crisis de los años 80 el ascenso social disminuyó
radicalmente y se redujo a una autoreproducción y empobrecimiento de
esas capas medias. La mayor parte de esta clase media, unida a los descendientes
de los mantuanos y los nuevos ricos, nacidos del desastre del estado rentista
de los 60-80, constituyen el eje central de la élite que hoy nuclea la
oposición interna al proyecto constitucional del 99.
El asumir político de las mayorías mestizas y sus expresiones
en este momento.
La manera de entender el poder, el gobierno, la organización política
por parte de las mayorías de nuestro país esta vinculado a la
matriz relacional, interpersonal. El hecho de que esta matriz se forjara bajo
el signo de la dominación, nos hace entender que la mayoría venezolana
desarrollara mecanismos de defensa ante el poder que no sentía a favor
de sí misma, basados en la simulación o por el contrario, la lealtad
hasta dar la vida cuando confía en el líder y se siente en relación
con él, la huida al conflicto, el alejamiento o la confrontación
radical, pero siempre buscando el salirse con la suya, entendida como la vía
que ve como beneficio para su entorno relacional.
Así simuló e inventó salidas ante el conquistador, el
misionero, el caudillo (hay múltiples ejemplos en nuestra historia, desde
la invención del Dorado, aprovechando la propia expectativa española,
la lealtad a Boves, luego a Páez, el seguimiento a caudillos y líderes
que los sentía suyos, hasta la muerte). Es la raíz de las montoneras
y el caudillo. De los líderes "cercanos", de los que son como
nosotros, con el cual podemos entendernos. ¿Quién de la mayoría
que hoy apoya a Chávez no se siente con el derecho y la posibilidad de
ser atendido personalmente por él? Incluso sabiendo que físicamente
no sea posible. Si comparamos el distanciamiento de las masas de los líderes
políticos de ayer y la simulación ante ellos, con el acercamiento
que hoy sienten con el Presidente y su lealtad hacia él, podemos ver
la diferencia.
Este hecho se afianza y radicaliza con la confrontación del Presidente
con sus tradicionales dominadores (evitar la confrontación no es políticamente
viable para las mayorías), en defensa de los intereses que va reconociendo
como suyos y se fortalece cuando el líder es vencedor (fenómeno
del crecimiento de la popularidad de Chávez entre el 11 y el 14 de abril),
y esas mayorías se sienten que hicieron algo por él ("amor
con amor se paga"). La familiaridad de Chávez, su respuesta a situaciones
individuales (el favor hecho a cualquiera, se transforma en hecho a sí
mismo porque relacionalmente no hay casi nadie que no conozca a algún
beneficiado), su comunicación en el lenguaje de las mayorías,
tildado por la élite de "populismo", es para las mayorías
la acción del defensor del pueblo excluido. Las cadenas y el aló
presidente se tornan así en el blanco de los ataques de la élite,
porque ante el boicot mediático, son la conexión pedagógica
del líder con su pueblo.
La lealtad crece independiente de la pobreza, el boicot económico, la
diatriba política, porque esas dificultades son entendidas como obstáculos
de los enemigos del líder, que pasan a ser sus enemigos. ("Déjenlo
gobernar¡¡¡", "es loco; pero es mi loco").
No es una cuestión puramente racional (defensa de nuestros intereses
económicos y políticos), es "de los nuestros". El en
el poder, somos nosotros en el poder. Los psicólogos podrán hablar
del encuentro con el padre ausente y siempre buscado, o con el hermano mayor
defensor del menor, pero lo que si es cierto es el sustrato de la matriz relacional,
en la vinculación Chávez-mayoría de la población
venezolana.
El visión política de la élite.
La visión política de la élite, dependiente de España
desde la colonia y después, de las ideas de la Revolución Francesa,
nuestros libertadores asumieron las conclusiones históricas de la sociedad
francesa del siglo XVIII para ser implantadas en un pueblo de tribus seminómadas,
de esclavos, pardos y blancos de orilla, que en su mayoría conformaban
los pueblos que habitaban en el país que hoy es Venezuela.
Las contradicciones generadas por las visiones de la élite y las mayorías
no se hicieron esperar: "No tenemos ciudadanos para hacer República
y no podemos regresar a la Monarquía, inventamos o erramos" Simón
Rodríguez. O expresiones mas o menos de este estilo (no tengo a mano
las cartas de Bolívar a Sucre en 1827): Hemos provocado la muerte de
la mitad de la población para darles la libertad, que no valoran, o hay
que traer europeos para que vivan en el país y pueda formarse una sociedad
de ciudadanos, porque estos pueblos no pueden serlo por si mismos. La visión
de ciudadanos, sociedad y estado modernos de esa élite no podía
ser asumido por este pueblo y lo entendían. A lo largo del siglo XIX
y XX siempre surgieron teorías cuya mayor expresión se sintentiza
en el planteamiento de Vallenilla sobre el gendarme necesario. Este es un país
ingobernable sin una autoridad fuerte, argumento usado para sustentar el tiempo
dictatorial de Gómez y posteriormente de Pérez Jiménez
como fundamento de la posibilidad de construir el Gran Ideal Nacional.
La generación del 28 se rebela, queriendo construir una democracia moderna,
con las ideas venidas de la Europa moderna; pero en la práctica, los
partidos tuvieron que ser construidos sobre la base clánica, relacional
de la sociedad venezolana. Por eso en AD era valorado el militante que tenía
más ahijados en su pueblo porque eso (el compadrazgo) se constituía
en base de la lealtad al militante y por esta vía al partido. Así
se configuró un partido y posteriormente gobiernos basados en un real
centralismo democrático (tradición europea marxista) y un funcionamiento
clánico clientelar. Esto, junto a las reivindicaciones de sectores importantes
postergados, es lo que hace a AD el partido del pueblo, y a un COPEI, PCV y
URD más distantes de las mayorías por elitezcos, doctrinarios
o programáticos, o modelos de organización más "ortodoxos",
desde el punto de vista de la organización política moderna.
Se llegó por esta vía a la consolidación de la democracia
representativa, o la democracia pactada en un pacto formal (Punto Fijo), pero
con un pacto real, que era el control de las masas por el pacto interno de los
clanes clientelares en los partidos y sus organismos sindicales y comunales,
sustentado en base al billete rentista o a la represión. Es importante
señalar la contradicción en los mestizos pobres, en ascenso a
las capas medias (o nuevos ricos de la corrupción clientelar), al asumir
los estilos de ese sector social, modernizantes de pensamiento (asumido en las
universidades, el nuevo relacionamiento social) se enfrentan al continuo saboteo
de sus propias ideas por el comportamiento informal, "inorganizado",
fruto de la primacía de la práctica relacional sobre el proyecto
político asumido teóricamente.
Auge y caída del proyecto democratico moderno de la élite.
Después de la política de pacificación de Caldera y el
consiguiente sometimiento de la élite inconforme (izquierda), cuando
parecía que se estabilizaba más la "democracia pactada",
por el auge económico petrolero, (CAP1) que provocó una importante
satisfacción de los grupos de poder y de los clanes clientelares, fue
cuando la élite moderna se sintió más satisfecha de la
democracia que había construido, fue en el momento en el cual se produjo
el endeudamiento del país, era entonces cuando se incubaba aceleradamente
la crisis de la "democracia pactada" y se desarrollan rasgos de un
movimiento popular, sindicalismo clasista... tendencias proletarias, reducidas,
pero expresiones de lucha por autonomía, liquidadas por la represión
y la incomprensión de las mayorías.
Esta ilusión comienza a desmoronarse con el viernes negro, RECADI y
las subsiguientes crisis. Se provoca el progresivo desmontaje del aparato clientelar
que sustentaba el pacto democrático con los clanes, se elitiza cada vez
más la clientela, se resquebrajan los centros de control que la élite
había generado en las masas no modernas (cuadros de partidos, juntas
de vecinos, liderazgos sindicales...) y son abandonadas las masas a su suerte
( surge el discurso de la anomia, de fortalecer la autoestima, de aumentar su
capacidad competitiva...etc los liderazgos sociales desde las capas medias intentan
reconstruir nuevas mediaciones transformándose en ONG´s, futura
"sociedad civil".) llegamos así al 27 de febrero, (las élites
se devanan los sesos en procurar la reforma del Estado) y al 4 de febrero y
27 de noviembre (surge el discurso constituyente desde las capas medias). Y
al mismo tiempo surge la imagen de Chávez, el posible líder que
las masas mestizas "no modernas" buscan. El proceso siguiente hasta
hoy es bien conocido.
La conflictividad del proceso bolivariano.
El proyecto bolivariano surge de las vinculaciones y alianzas construidas con
determinados sectores económicos, que en el pacto del 58 quedaron postergados,
(donde tuvo primacía el sector industrial y posteriormente el financiero).
La alianza que abandera el proceso bolivariano junto a Chávez está
formado por la burguesía nacional agroindustrial y otros sectores económicos
("Miquelenismo", Pro-Venezuela...) y políticos (sectores académicos
y de las capas medias de corrientes nacionalistas y de izquierda, todo lo que
va a configurar la confluencia y posterior confrontación de intereses
económicos y políticos en el gobierno). Además de esto,
surge de sectores de élite, en las fuerzas armadas y civiles pertenecientes
a los sectores medios, que venían de los estratos económicos y
sociales pobres emergentes, a partir del crecimiento económico y posibilidades
de ascensos generados en los años 70. Son aquellos que portan en sí
la tensión y muchas veces la contradicción entre los modelos modernos
y su mundo de vida relacional, con una cierta ideología expresada en
la "fidelidad al pueblo" de donde vienen. Esto permite una construcción
de cercanía del mundo popular, al mismo tiempo que la búsqueda
de hacer una democracia moderna, con un carácter de intervención
del pueblo no moderno y de inclusión social (lo que muestra casi una
contradicción "in terminis"; pero que revela la contradicción
que esas capas medias promovidas portan en sí mismas, casi una esquizofrenia).
Eje simbólico de este proyecto es el árbol de las tres raíces
(habría que analizar a nivel psicológico lo que significa y su
conexión con el inconsciente colectivo de las masas mestizas no modernas).
El "Padre Libertador" figura y prototipo de la libertad de un continente.
Samuel Robinson (Simón Rodríguez), maestro del "Padre Libertador"
y formulador de la necesidad de la invención de una nueva República,
que no es de ciudadanos, ni puede ser monarquía. Zamora, representante
del caudillo de las montoneras excluidas enfrentadas a la elite y a la modernidad.
La apropiación del proyecto bolivariano por parte del mestizaje.
El discurso bolivariano había sido en el país el discurso legitimador
de las élites, de sus proyectos de República, pero asumido desde
el punto de vista burgués elitesco: el Libertador de ayer, cuyo mensaje
no tenía nada que ver con el hoy del país. La interpretación
ideológica burguesa-elitesca de la persona y el mensaje de Bolívar
prevaleció a lo largo de toda nuestra historia post independentista.
Con Chávez y el proyecto bolivariano la persona y el mensaje de Bolívar
es asumido en una simbólica (ideología) correspondiente a un discurso
popular, que engloba la noción de libertad e independencia en el lenguaje
de las demandas de libertad de las mayorías mestizas. (libertad en el
contexto europeo-patriarcal quiere decir corresponsabilidad, deberes y derechos
del ciudadano y en la visión del mestizo dominado matricentrico quiere
decir más "ser-como-somos", es decir, la posibilidad de crear
nuestro mundo como queremos, que fue siempre alienado por los dominadores).
Aquí se plantea la gran contradicción, entre los intereses económicos
y políticos de dentro de la alianza bolivariana y de dentro y fuera del
país que se ven tocados. Mas allá de eso, es la contradicción
de las visiones, que va más allá de las conciencias de una y otra
clase. Es la conciencia de ser pertenecientes a un-mundo-de-vida, alienado y
reprimido por la otra clase, que vive y se corresponde con otro-mundo-de-vida.
La expropiación del Bolívar de las élites por las masas
mestizas dominadas y su apropiación, es el primer gran triunfo de la
Revolución Bolivariana; es la construcción de una simbólica
nueva para el pueblo mestizo, manera propia de ser-pueblo (clase)-para-sí.
La Historia de Venezuela vista desde allí adquiere una dimensión
nueva para ese pueblo, donde Bolívar es descubierto como el históricamente
traicionado, en la conciencia de que su historia de dominado ha sido la traición
de la élite a Bolívar, hoy recuperado. Esta es fuente de revelación
y manifestación de las importantes contradicciones escondidas ideológica
e históricamente para las mayorías del país.
De la huida al conflicto y la simulación, al destape político.
Ese pueblo, que por la represión y la dominación aprendió
a simular, a huirle al conflicto cuando tenía las de perder, asiste por
la reafirmación explicada antes, al "destape" político.
La fuerza desencadenada por esta nueva visión es lo que la élite
atribuye como responsabilidad a la "predicación del odio" que
habría hecho Chávez. No, no es fruto de una predicación,
de una introyección del odio en el pueblo, es el reencuentro del pueblo
con su propia identidad, en posibilidad de manifestarse, bajo un gobierno y
un contexto afín a sí mismo.
Es claro que este destape choca con el monopolio que la elite había
tenido históricamente del escenario, de la visibilidad de su ideología
y su cultura (de allí el calificativo de hordas, huestes, que hace la
élite moderna a las masas bolivarianas), cuya cultura hoy sigue siendo
preponderante en los medios de comunicación y en los estereotipós
sociales, la confrontación se sitúa abierta en la calle, con apoyo
del gobierno y una Constitución. Esta no tiene el mismo significado para
las élites modernas (contrato social), sino que es el respaldo público
del ser-de-las-masas-en-"libertad," de lo cual las mismas masas mestizas
se sienten constructoras (debate y referéndum aprobatorio de la Constitución,
con su participación, por primera vez en la Historia de Venezuela), a
pesar de la modernidad que significa esa Constitución.
En esto es importante tener en cuenta un viejo principio de la Escolástica:
todo lo que es recibido, captado, es recibido al modo del recipiente. El molde
cultural, su simbólica, su imaginario, es el que determina los sentidos
con los que son captados y valorados los hechos. Es muy importante comprender,
qué es lo que las masas mestizas entienden en los conceptos modernos
encerrados en la Constitución que defienden. Y qué es lo que las
élites modernas asumen en la Constitución que rechazan. Independientemente
de las razones económicas y políticas que el Imperio y sus clases
aliadas en el país tienen para rechazarla.
De la sumisión a intereses ajenos al encuentro de los propios intereses.
El camino de la sumisión a otros intereses, contrarios a los propios,
fue el paradigma de explotadores y explotados o marginados en toda nuestra historia.
El camino de reconocer y asumir los propios intereses ha sido acelerado cualitativamente
en estos 10 años. Los resultados de elecciones, adhesión afectiva
al caudillo, el empobrecimiento con esperanza, o como dirían otros, la
satisfacción simbólica sobre la satisfacción material,
en medio de una profunda crisis capitalista, muestra un proceso de descubrimiento
de los propios intereses. El grado de despertar de la conciencia nacional y
la politización alcanzada en los últimos años, entre otras
cosas fruto del proceso bolivariano, han hecho de las masas de este país
un pueblo que ya no volverá a ser más el mismo, peligroso despertar
para los sectores hegemónicos económica, política y culturalmente,
cuando la conciencia nacional despertada asuma su irremediable forma anticapitalista,
en esta coyuntura del mundo, donde el neoliberalismo globalizador, engloba y
hace irremediablemete dependiente de él, cualquier iniciativa capitalista.
La Constitución del 99, último gran esfuerzo de construcción
de Estado y República modernos con inclusión social.
Los sectores populares emergentes a las capas medias modernas (el origen del
bolivarianismo) en la Constitución del 99, representan el último
gran esfuerzo de la élite para la construcción de Estado y República
modernos con inclusión social. Es muy probable que los constituyentes
no percibían el profundo conflicto que desataban al formular esa Constitución.
La búsqueda de incluir a las masas, históricamente marginadas,
en la construcción de una sociedad de justicia, equidad.... representa
el gran detonante activado; lo revolucionario de este proceso, además
del enfrentamiento al imperio, radica en la posibilidad abierta para que ese
soberano, inconsciente de serlo, irrumpiera en el espacio público de
la sociedad venezolana. Lo importante de la élite constituyente fue colocar
al pueblo en condiciones de transformarse en actor. Rápidamente el instinto
de conservación de ciertas capas dirigentes intentó burocratizar
y fosilizar el proceso constituyente, frenando la constituyente popular en las
diversas áreas de la vida del país. Pero el proceso había
sido desatado, con un líder, institución y profeta a la vez (sólo
posible en quien porta en sí mismo la contradicción masa-no-moderna
vs. élite-moderna), impulsó la liberación de las fuerzas
históricamente reprimidas y los miles de hombres y mujeres, víctimas
de una historia de lucha, encontraron las vías para desencadenar este
proceso. Es claro que un sinnúmero de contradicciones aflorarían,
entre las élites oportunistas, civiles o militares, o simplemente académicas,
o burocracias enquistadas en el gobierno y las aspiraciones del soberano desatadas.
¿Será que es posible que esa élite moderna "revolucionaria"
acompañe al pueblo, tal como es, en su lucha, o el soberano terminará
irremediablemente enfrentado a la élite que desató estos demonios?
Este es uno de los principales desafíos: encontrar las mediaciones entre
la élite moderna (en otro lenguaje diríamos, pequeño burguesa)
y las masas no modernas (las clases productoras y el pueblo mestizo marginado),
despertadas a asumir su proceso, a su manera.
Los círculos bolivarianos son el mayor esfuerzo, en la historia de
Venezuela, buscando construir sociedad y ciudadanía.
La profusión y magnitud del desarrollo de la convocatoria hecha desde
la Presidencia de la República, para la construcción de los círculos
bolivarianos son la más importante iniciativa en la Historia de Venezuela
para la construcción de una sociedad organizada. Es claro que la visión
de sociedad, para las decenas de miles de mestizos no modernos, que hoy integran
y articulan los círculos bolivarianos no es la misma que la de los que
manejan la concepción de sociedad civil del lado de la élite.
Nuestra visión de sociedad no puede ser contradictoria con nuestro modo
de vida relacional, casi clánico y basado en la convivencia. Eso hace
difícil pensar en una organización de los círculos en base
a un programa, sino mas bien, en algunas coincidencias en torno a enemigos antinacionales
y que atentan a su modo de vida no moderna y a propuestas comunitarias. Los
sectores de este pueblo que han podido tener una mayor inserción en el
modo de producción industrial (que fueron o son clase obrera) pueden
ser los portadores de la conexión entre la conciencia nacional y la conciencia
anti capitalista; pero la expresión de sus formas de reacción
y de lucha no van a estar nunca desconectados de su modo de ser sociedad (clase)-en-la
relación.
El diálogo y la confrontación:
En el reconocimiento del país como multiétnico y pluricultural
(preámbulo de la Constitución) se encierra el reconocimiento de
esta problemática planteada. Cualquier diálogo y búsqueda
de entendimiento entre las élites y las mayorías (entiéndase
aquí no sólo el diálogo entre la oposición y el
gobierno, sino también el diálogo entre la élite gobernante
y las mayorías) supone no sólo una negociación de intereses
económicos y políticos diversos y muchas veces antagónicos,
sino que es al mismo tiempo un diálogo y negociación entre culturas.
La no comprensión de este hecho inviabiliza cualquier diálogo
y lleva irremediablemente a la confrontación, donde se expresará
la lucha de clases bajo la visión de cada una de las clases, influyendo
en las alianzas, creando instrumentos, organización y formas de lucha
correspondientes a la visión que procede del mundo de vida de las clases
enfrentadas. Así como condiciona también la realización
de los planes económicos, sociales y políticos que la élite
gobernante quiera conducir hacia las masas no modernas. Sólo la participación
protagónica, a la manera de las masas no modernas, en la decisión,
planificación, ejecución y control de estos planes puede garantizar
su viabilidad.
Para un diálogo inclusivo o una confrontación decisiva:
Es necesaria la autocomprensión de los imaginarios propios y los de
los otros, es decir, la autoconciencia de las visiones de bienestar, ideal de
vida, visión de nación, estado y sociedad que tiene cada cultura.
El debate en torno a esas visiones en el seno de las mismas culturas y clases
sociales. Y la discusión mutua sobre la viabilidad y posibilidad de esos
imaginarios en el mundo que somos, en la economía que tenemos y en el
modelo de desarrollo que podemos, teniendo en cuenta la globalización
que vivimos y la inviabilidad para el mundo, para la mayoría de la humanidad
y de nuestro pueblo de ciertos modelos que asumimos.
Es necesaria la autocomprensión de los propios intereses y los de los
otros, es decir, los que provienen de nuestra posición en la generación
de riquezas, su distribución y equidad de oportunidades en nuestro país.
Cualquier diálogo o confrontación que no busque y pueda superar
la inequidad y el dominio de unos sectores sociales o clases sobre otros, está
condenado a encontrarse ante las mayorías empobrecidas, armadas de una
conciencia cada vez mayor de la necesidad de ser libres y no sometidos, a su
manera, no sólo políticamente, sino económicamente y en
el ámbito sociocultural.
Es necesario en el diálogo o la confrontación tener como telón
de fondo los intereses antinacionales presentes y avasallantes permanentemente,
a través de múltiples mecanismos que encierran la economía,
la política, los medios de comunicación, la educación,
la cultura, es una gran oportunidad para unir a un pueblo y a una nación
en torno a elementos de soberanía nacional cuya única posibilidad
de realización es la soberanía popular, que significa poner la
conducción del país en las manos de la mayoría, asumida
según sus intereses y su visión. Las minorías tienen que
reconocer la legitimidad de esos intereses, asumiendo una conciencia nacional
confrontadora de los intereses antinacionales y no buscando incluirse en ellos,
aceptando también que su diversidad cultural necesita un diálogo
y no una exclusión de la cultura de las mayorías.
La intermediación y facilitación del diálogo:
Es imposible establecer un diálogo real en la sociedad venezolana,
a través de una supuesta representación en las mesas de diálogo
en Caracas, que será justamente un diálogo entre las élites
con la exclusión de las mayorías. Las marchas y contramarchas
son la expresión del diálogo de las mayorías cuando este
no tiene canales para su realización. El diálogo debe incluir
a los diversos sectores, hasta los diversos rincones del país. Tiene
que ser un diálogo entre los actores en base a la Constitución
y buscando superarla en aquellos aspectos que contradiga las aspiraciones de
las mayorías. Los trabajadores deben discutir con los patronos lo que
significa democracia participativa y protagónica en la toma de decisiones
de la empresa, los alumnos y representantes en la escuela, los campesinos y
hacendados en la aplicación de la ley de tierras.. Las mesas de diálogo
deben ser la discusión y realización de lo que significa una democracia
participativa y protagónica en todos los aspectos de la vida de la población,
es en definitiva, desencadenar el proceso constituyente que fue congelado por
la confrontación artificial con el Presidente por parte de las minorías.
Y también congelada la constituyente popular por la preservación
de ciertas burocracias enquistadas en el poder del Estado. Este diálogo
será siempre un diálogo entre las diversas maneras de asumir,
cada uno desde su cultura lo que está escrito en esa Constitución.
La facilitación o intermediación para ese diálogo es comprensiva,
vive y asume en sí misma esta confrontación (económica,
política e deológico-culturall) o se incapacita para serlo.