Entre tanto

Organicemos el Plan Ch

Ya muchas cosas están listas y estoy seguro de que el gran estratega y líder de la Revolución Bolivariana tiene muy afinados los detalles para no dejarse sorprender en cualquier intento desestabilizador y golpista.

Sin embargo, este pueblo de a pie, organizado en consejos de trabajadores, en consejos obreros o de trabajadores, en comunas, en patrullas partidistas, en batallones, en consejos estudiantiles, en cofradías de antiguos cultos bajo la protección de santos queridos, como San Juan o San Benito, en células comunistas o en cualquier otra agrupación que genera cotidianas transformaciones a partir de sus pequeños saldos organizativos, tiene el deber de, bajo la conducción del Comandante, dar su gran aporte de presencia en las calles, en despliegue preventivo ante las evidentes amenazas de aplicar un Plan B por parte del majunchismo, de la derecha más recalcitrante, de los apátridas de siempre y de sus amos, el gran capital y el imperialismo.

Es indiscutible que la mampara electoral que exhibe a Henrique Capriles Radonsky sólo se queda en eso, en mampara, en vitrina de cristales frágiles. Ellos están convencidos, mejor que nadie, que su candidato no tiene ninguna opción de vencer en los comicios de octubre. Poco les importa. Les interesa sí, recuperar a cualquier costo el poder perdido, entregar de nuevo el país a los gringos, explotar descaradamente al pueblo y, a costa suyo, obtener y acumular jugosas ganancias de capital, tal como lo hacían durante los regímenes derechistas y dictatoriales que, disfrazados bajo el nombre de democracias representativas, ofrecían en bandejas de plata, nuestro petróleo y todas nuestras riquezas, a las grandes empresas transnacionales.

Por eso, para nosotros, para este pueblo sencillo y consecuente en la conquista de nuestra definitiva independencia y de la mayor suma de felicidad para todas y todos, estar activados con nuestro Plan Ch, antidesestabilizaciones y en defensa de la Revolución Bolivariana es tarea imprescindible de soldados atentos.

Tenemos las mejores armas, las de nuestra alegría y convicción de que el futuro nos pertenece, las armas del sentir patriótico, de la resistencia indómita heredada de nuestros ancestros, de la perseverancia en nuestro compromiso de ser libres e independientes.

Con ellas,  con un claro e imperturbable sentido de unidad y con el amor que mueve a todo verdadero revolucionario, debemos estar en las calles, desplegados, para disuadir al enemigo y demostrando que sí somos poder popular.

Y el 7 de Octubre, a cumplir la Misión, a vencer de nuevo en Carabobo, a votar para reelegir a nuestro Comandante Hugo Chávez y a permanecer en las calles defendiendo este nuevo paso hacia la consolidación de nuestra definitiva independencia y de la construcción de la Patria socialista.

El Plan Ch nos convoca a vencer con las armas del amor y la alegría, pero también con todos los pertrechos que la lucha exija.

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