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Los distintos voceros del Proceso destacan, y con razón, el escaso número de jubilados y pensionados en el Seguro Social durante los gobiernos de la 4ta. República. Sin embargo, a pesar de que eso era malo, de ninguna manera era lo peor. Lo peor consistía en que entre los siniestro planes de esos gobiernos desnaturalizados estaba el de eliminar el Seguro social, con lo cual , incluso, los pocos pensionados que cubría hubieran quedado sin ninguna protección. Para alertar sobre este peligro, redactamos la siguiente nota, la cual distribuimos en forma de volante. La siguiente es la nota en cuestión.

Aunque parezca mentira, todavía hay gente, y entre ellas algunos jubilados y pensionados, que terca e insensatamente se resisten a aceptar que en un hipotético gobierno de la oposición las jubilaciones y pensiones desaparecerían irremediablemente.

Estas personas piensan así porque tal vez no recuerdan, o se niegan a recordar, que durante el gobierno de Caldera el Seguro Social estuvo a punto de ser eliminado. Pero no sólo eso, porque también estaba previsto ser sustituido por un sistema de seguridad social del cual sólo los banqueros y las clínicas serían lo únicos beneficiados.

Este siniestro plan funcionaría así: a los trabajadores se les descontaría de sus sueldos y salarios una suma determinada de dinero, suma que presuntamente sería depositada en un banco. Ahora, como es usual y todo el mundo conoce, los bancos pagan intereses por los depósitos de dinero que sus clientes depositan en ellos. Sin embargo, en este caso específico sería al revés, es decir, que en lugar de ser los bancos los que pagarían intereses a los trabajadores, serían éstos los que tendrían que pagarle a los bancos un 10 por ciento por tener guardados en ellos sus ahorros.

También hay que aclarar que el nuevo sistema de seguridad social adeco-copeyano, sólo cubriría al trabajador en casos benignos de enfermedades o de accidentes menores. Pues en el caso de accidentes o enfermedades más o menos graves, el trabajador sólo sería atendido hasta donde su depósito bancario alcanzara a cubrir los gastos de hospitalización o tratamiento. Agotado el depósito, automáticamente el tratamiento u hospitalización se suspendería y el trabajador sería echado a la calle, sin importar que estuviera totalmente restablecido o no.

Ahora, como es fácil entender, de haber prosperado esos planes, las personas mayores que ahora están cobrando o pueden cobrar una pensión, o los que desde hace tiempo las han venido cobrando, no lo hubieran podido continuar haciéndolo, es decir, que las hubieran perdido.

Este mismo sistema está, junto con la privatización de la educación pública, la asistencia médica gratuita, los servicios domésticos y PDVSA, en los planes de gobierno de la actual oposición. Si lo dudas, busca el Plan Consenso País. Te costará mucho trabajo encontrarlo, pues lo tienen guardado bajo siete llaves.

Y para aquellas personas que aun no sepan o que hayan olvidado qué significa privatización, les recuerdo que privatización significa poner en manos de personas o empresarios privados servicios como la electricidad, el agua y empresas como PDVSA, cuyos beneficios dejarían de ser de la nación para ir a engrosar los caudales de algunos magnates extranjeros. Los cuales, con el fin de obtener mayores ganancias y beneficios, no durarían en aumentar a cada vez que les diera la gana las tarifas de los servicios, entre ellos, la gasolina y la electricidad que, oportuno es decirlo, están congelados desde el 99.

Ahora, lo grave de la desaparición del Seguro Social es que si se hubiera liquidado, las personas mayores, que sin haber cotizado una sola locha a esa institución, pudieran hoy estar cobrando hoy una pensión equivalente al salario mínimo.

Nota: Ramón Guillermo –Aveledo-, en tus escritos y declaraciones te olvidas, queriéndote hacer el musiú, como si nunca hubieras quebrado un plato, de algo que te define muy bien como persona y como político; de algo que permite predecir, con una precisión de relojería, cuál sería tu comportamiento ante una determinada situación, sobre todo si en la misma hay riales d por medio.

Me refiero, Ramón, que a pesar de esa fingida facha de hombre recto y bonachón que adoptas queriendo engañar y confundir a quienes no conozcan tu tortuosa trayectoria política, tú fuiste un alto dirigente de Copey, y que, como tal, también fuiste corresponsable y cómplice de los repugnantes latrocinios que la mafia copeyana cometió contra el país en sus dos –en realidad fueron 3- nefastos gobiernos. Pero especialmente, en el de Luis Herrera, cuando el desaforado saqueo de los dineros públicos y la torrentosa fuga de divisas, provocaron el más grande colapso que haya sufrido el país en toda su larga y azarosa historia como sin duda lo fue el Viernes Negro.

Ahora, después de un largo tiempo en el invernadero, donde te encontrabas al amparo de miradas acusadoras y de reproches muy bien ganados, pues tu nada edificante pasado te habían hecho acreedor al más enérgico y contundente repudio nacional, te has puesto a apoyar a un antiguo compinche tan inescrupuloso como tú. En él has visto la posibilidad de repetir las repudiables fechorías que, junto con los gánsteres de tu Partido, cometiste y que habían llevado a esta patria al fondo de un profundo y tenebroso abismo. Abismo del cual no ha podido salir sino gracias a un sostenido y tesonero esfuerzo.

Por eso, vete Ramón Guillermo, vete a cometer tus fechorías a otra parte; a continuar disfrutando de los dineros mal habidos en los tiempos de la cuarta República, y no continúes desacreditando tu nombre, que ya bastante estiércol tiene encima para que lo sigas enlodando.

Si Bolívar hubiera sido un hombre de color, no se le hubiera permitido vivir junto con su tío en el palacio de María Luisa, de España, ni frecuentar los exclusivos salones de Fanny de Villars, donde se reunía lo más granado de la nobleza de Francia. Y ojo, esto no significa prejuicios raciales ni mucho menos, sino el deseo de preservar la verdad histórica.

Los trabajadores de Guayana son los mejor remunerados del país, y todavía están inconformes, quieren más. A estos revolucionarios no les importa nada de donde sale el dinero para satisfacer sus desmedidas aspiraciones ni el impacto negativo que sus exigencias salariales podrían tener sobre el país. ¡Y después hablan de la clase obrera como vanguardia de la revolución! Cuando la verdad es que, debido al status alcanzado, se han convertido en belicosos defensores del orden capitalista existente, es decir, en conservadores. Si aquí existen trabajadores cuyos salarios debían ser urgentemente revisados, esas no son otras que las madres procesadoras, esto es, esas pobres mujeres que preparan los alimentos para los alumnos en las escuelas.


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Alfredo Schmilinsky Ochoa


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