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Les han hecho creer que son víctimas oprimidas, excluidos sociales en pugna por las más justas reinvidicaciones
La rebelión light
Por: Noé Lesquife
Fecha de publicación: 18/12/02
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tus panas

Les venden banderines, jugos y papitas en las concentraciones. Tienen policías especiales que los cuidan. Todos "fashion", juegan a emularse por el tamaño de su tricolor como si la ostentación diera medida del sentido patrio. Se sienten pueblo elegido, dueños exclusivos de cualquier derecho. Nenes intocables y consentidos, si un verdadero guapetón de barrio los empuja en una marcha contra el oficialismo, van a llorarle a Globovisión que han sido agredidos por la intolerancia. Les han hecho creer que son víctimas oprimidas, excluidos sociales en pugna por las más justas reinvidicaciones. No se dan cuenta de cómo marchan sobre la Patria con su política de grandes patas y patotas, que no pasa por la conciencia sino por el jogging o el spinning. Son ciegos en su dogma simple y persiguen como falanges a los disidentes de su propia casta. Por las noches, los pies en remojo, escuchan con entusiasmo los reportes televisivos de los jefes saboteadores: ya no hay gas, no hay leña, no hay hogar, el país agoniza. ¡Viva la Patria! No se inquietan en lo mínimo porque sienten que sus despensas rebosan de pertrechos gastronómicos. Hay en esta rebelión light de nuestros airados sifrinos una paradoja semiótica que inquieta, y que quizás ayude a definir su manipulada subjetividad. Matan y juran que luchan por la Vida, atropellan y aseveran que luchan por la Dignidad, esclavizan y esgrimen que luchan por la Libertad. El significante está disociado del significado. Tienen un puro símbolo abstracto (dado por la televisión) cuyo referente no puede hacerse explícito a la conciencia porque es contradictorio. Sus símbolos tienen el referente invertido, o sus referentes tienen el símbolo invertido. Esto es posible gracias a una inversión de los valores que denomina Bien a lo malo y Mal a lo bueno, Verdad a la mentira y Mentira a la verdad. Los sifrinos se han creído dueños de los valores patrios porque son capaces de adquirir y consumir un símbolo hueco, un puro significante, cuyo contenido a lo sumo es la negación pragmática del sentido mismo del símbolo usurpado. Esta disociación o relación invertida del simbolo y las acciones concretas que bajo él se ejecutan, pudiera constituir un modo colectivo de la psicosis. Una psicosis mediática digna de estudio por una psicopolítica. Esta manía de la cuantificación del símbolo ya observada, hace sospechar una deficiencia de la función simbólica en estas mentes. Por eso puede pensarse que mientras más grande sea el tricolor que porta un rebelde light, más escasa y miserable será su alma patriótica.
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Noé Lesquife


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