Reflexiones a pocos días del gran evento

Pildoritas 79 (año V)

Oído como hemos al jefe de la Revolución quien es el primer autocritico de la función pública y a sabiendas de que hay muchas fallas que lamentablemente siguen contaminando la función de gobierno, unas veces porque muchas de las instancias están plagadas de infiltrados con las misión de sabotear y entorpecer la labor, incluso a nivel de direcciones, otras porque funcionarios provenientes de las filas de la revolución no asimilan su responsabilidad para trabajar con absoluta honestidad o vienen aprendidos de la cuarta república época en la que hubo mucho tiempo para que la enfermedad social se extendiera a grandes capas de la población, nosotros quienes amamos esta revolución, a quienes nos han regalado el privilegio de expresar nuestras opiniones a través de una ventana como Aporrea, no podemos callar, es más estamos obligados a manifestar nuestras inquietudes sobre algunos hechos que afectan el proceso revolucionario y que poco a poco van minando la confianza de los electores máxime si no están preparados para distinguir entre el desempeño negativo de un mal funcionario y el objetivo primordial que permitió que Hugo Chávez sea Presidente de este país y esté impulsando cambios anhelados por décadas por muchos venezolanos.

Da dolor observar cómo el Jefe de esta Revolución se esmera en predicar a cada rato la necesidad de practicar las virtudes de la probidad, mientras a nuestro alrededor en muchos casos funcionarios medios e incluso de baja jerarquía, que conocimos con una mano adelante y otra atrás ahora hacen alarde de nuevos ricos sin ningún escrúpulo.

Se sabe por ejemplo de las irregularidades cometidas por muchos de los personajes a quienes se confió echar adelante la Gran Misión Vivienda, se han atrevido a convertir algo tan especialmente valioso como solución para los más pobres, en un mercado persa.

Da dolor ver cómo no existe la previsión para que los beneficiarios quienes en muchos casos vienen de vivir en condiciones muy cercanas a la animalidad, se preparen para asimilar que deben darse por enterados que lo que se les entrega es una vivienda digna y como tal deben conservarla y no convertirla en lo más parecido al rancho del cual salieron, destruyendo sus instalaciones, manchando sus paredes, deteriorando los muebles, colgando de las ventanas un trapo sucio por cortina, lo cual lo que da es una visión deprimente de algo que con mucho amor salió de la mente del Presidente pero que pareciera, ni los ejecutores ni los beneficiarios, hacen algo para que de verdad la nueva condición de dignidad sea hecha buena, por quienes han tenido la suerte de recibir una vivienda que nunca soñaron tener para sí y su familia.

Es difícil entender cómo por ejemplo no se ha aprovechado el tiempo en que la gente ha estado en los refugios para con la ayuda de psicólogos y especialistas en comportamiento humano tratar de cambiar la mentalidad de las personas para que asimilen que van a tener la suerte de cambiar diametralmente sus condiciones de vida y que ello debe ser apreciado de tal manera que cuando se les entregue la nueva vivienda sepan que deben tratarla con el mayor de los cariños, cuidarla, mantenerla bella y demostrar que son seres humanos que como tales saben vivir en un ambiente lo mas cercano al buen vivir del que habla a cada rato el Comandante.

Son cuestiones éstas, a las que en mucho se les tiene que achacar el que haya gente que o no vota, o vota nulo e incluso prefiere votar por alguien que si triunfara, le haría arrepentirse de lo hecho, que bien sabemos lo hizo casi que inconscientemente y solo porque en el momento de votar se acordó de cuestiones como las que hoy me atrevo a tocar en este mi humilde escrito y que apenas es una muestra de las múltiples determinaciones negativas que por negligencia operan en contra del Proceso Revolucionario.

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