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La esencia antinatural, inhumana e irracional del Capitalismo
¿Hambre o codicia?
Por: Emilio Silva
Fecha de publicación: 20/06/05
imprímelo mándaselo a
tus panas
Se han escrito miles de volúmenes contra un microbio humano llamado corrupción, y eso no lo ha disminuido ni aumentado. Esa aberración ha existido desde que una hambruna azotó a una tribu de homo sapiens (¡Hombres pensantes!.. ¿No será una mala traducción?), y uno de esos salvajes con excedentes de comida hizo que para él trabajaran hasta morir otros caídos en desgracia a cambio de unas migajas. Si eso no es ser una rata sucia, Carlos Andrés Pérez no es el nuevo ídolo de una sociedad sambil rapaz e insensible.

Tan ciega e ignorante es esa horda sifrina que, en su enfermizo afán por salir del “loco” de la boína roja, no le importa poner en Misia Jacinta a Locoven (el CAPo mayor) y el combo adecopeyano de Primero Inmundicia, quienes seguirán fielmente los planes neoliberales de Bush y el FMI, y por pendejos los llevarán como corderos al matadero a la misma situación de quiebra que sufrió Argentina.

¡Sigan creyendo en el bondadoso imperio gringo!

Los eunucos mentales que conciben a la corrupción como una “falla” del modelo neoliberal no leyeron al intelectual italiano Antonio Gramsci y al filósofo venezolano Gregorio Pérez Almeida, pues según ellos la corrupción es uno de los mecanismos de coacción usado contra quien sea para reforzar el poder de los grupos económicos. La corrupción está a medio camino entre el consentimiento voluntario y el chantaje a la fuerza: el consentimiento se obtiene por compra más que por persuasión, sin importar los principios.

Tal perversión es normal para alguien a quien desde su niñez se le enseña que debe hacer su trabajo, no por la satisfacción que este le genera, sino por los beneficios que le pueda dar. No importa el consumo de drogas por parte de un deportista si gana la competencia. No importa copiarse en un examen o hacer operación colchón si gracias a eso se obtienen grandes beneficios en detrimento de los demás. No importa fabricar ropa y armas nucleares si con ambas mercancías se gana dinero. No hay capitalismo sin corrupción pues el proceso de producción de bienes y servicios está corrompido por la insaciable necesidad de ganancias de los capitalistas, por lo que la injusticia social no se resuelve acabando con los corruptos, sino devolviendo el carácter del trabajo como un acto de satisfacción propia y utilidad general para el individuo y el pueblo, lo cual implica eliminar al corrupto que cada quien lleva por dentro. En el sistema capitalista, ya sea en su versión neoliberal o populista, la corrupción es vital para la explotación de un hombre por parte de otro hombre que se beneficia a su costa.

Basta con hablar así para que los miembros de la Sociedad Sambil (perdón, civil) acusen a quien lo haga de resentido social. Son tan miserables y banales que se creen ser objeto de la envidia de los demás. ¡Pobres diablos: con mucha ignorancia y poca humanidad! Pensar así es ser más pobre espiritualmente que quien sólo es pobre materialmente. Por eso es que esos zamuros andan de luto desde antes del Lunes 4 de Febrero de 1.992.

¡La corrupción no es robar por hambre sino robar por codicia!

silvachapellin@yahoo.es
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Emilio Silva


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