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Así nunca habrá nada
Por: Rodolfo Diverio V / Rebelión
Fecha de publicación: 19/06/05
imprímelo mándaselo a
tus panas


Antes, creíamos que la revolución vendría por sí sola apenas se
tomara por asalto el Estado y estatizado la producción. Pero una de
las últimas historias se ha encargado de desmentir esa vieja
afirmación. Habiendo ganado la II guerra mundial e iniciado con éxito
la competencia por el dominio del mundo y del espacio; después de
haber asegurado el pleno empleo cubriendo las necesidades de
educacción, de vivienda, de salud; el gigante soviético, la URSS, se
desmoronó pesadamente dejando una enorme polvareda mundial. ¿ Quién
de nosotros no ha buscado y rebuscado en la inmediatez posible, una
explicación ante aquél colapso inesperado ?

Lo primero lo más simple invadía las ideas: la culpa era de los
hombres y mujeres que condujeron el proceso. Fué por simples errores
humanos nos dijimos entre dientes, reafirmando ciegamente que las
doctrinas y dogmas –sabíamos eso sí, que nunca morirían- nos
llevarían a repetir la historia y entonces debíamos esperar que las
nuevas conducciones soviets no se volvieran a equivocar en nada,
nunca más.

No, no fueron sus hombres y mujeres los que se equivocaron; lo que
fracasó fué la concepción de cómo hacer la revolución social. Allí lo
que ocurrió fué que cambiaron los dueños del Estado, de su aparato
productivo, más no cambiaron los rusos y mucho menos los que
mundialmente estábamos pendientes del supuesto de su ejemplo. ¡Ah!
pero a veces nos lleva mucho tiempo y nos duele hasta el alma, cuando
un hermano claudica y luego en su caída pasa a ser comida de la
depredación.

De esa historia de fracasos se debiera aprender por lo menos, que la
revolución no se mide por los logros de la base material, sino que lo
fundamental para evaluarla deben ser los cambios en la subjetividad
de sus revolucionarios; en el progreso de los pilares humanos que
sustentarán una nueva sociedad. Produciendo más, construyendo más
viviendas y atendiendo mejor la salud, todo se vino al suelo porque
no se cambiaron sus propias cabezas, es decir los valores humanos
básicos que tanto habían pregonado en las mayorías subyugadas del
pueblo ruso. ¡Volvemos con las viejas utopías de la liberación!
¿Recuerdan la de construir el hombre nuevo? Si, se trata de seguir
constribuyendo para lograr un ser humano nuevo; un ser cuya genial y
máxima característica que es su humanismo, no decline, que no sean
desvirtuados ni desviados los valores esenciales de la especie.

Liberar a las personas de las imposiciones de la sociedad del
marketing, de la propaganda; esta sociedad que nos hace eternamente
pedigüeños o deudores, miserables o consumistas, no es posible si no
se empieza por la cabeza. Es preciso desalienarnos todos.
Revolucionar mujeres y hombres de carne, hueso y cerebro, para que no
sigan prosperando esas viejas individualidades adictas al facilismo,
al consumo, los créditos, el alcohol, las drogas...

No más franelas del Che Guevara sobre corazones que adoran a los
dioses del reino de Bill Gates, ni boinas rojas de Chávez sobre las
cabezas narcotizadas de adecos, masistas o copeyanos.

La gente no se hace pedigüeña, consumista, deudora o drogadicta por
capricho, sino a partir de un contexto dado, que hace a mujeres y
hombres lobos de hombres y mujeres; del modo de vivir del capital, la
propiedad privada, que vienen gestando mujeres y hombres para que
besen resignados el látigo del amo y acepten sumisos, ser explotados
y sometidos, cual verdaderos autistas encerrados en las fortalezas de
Intenet y canal cable. Hipócritas farsantes escaladores de la
pirámide de la explotación del hombre por el hombre. Zombies
subjetivos sin ánimo de lucha contra los que tienen encima, pero con
talento y corazón de sobra para el codazo y la zancadilla, para
empujar a sus hermanas y hermanos cuesta abajo, encaramándose
exitosos en el vértice más alto.

Explotados y explotadas que no se imaginan liberados del dominio de
sus amos, anhelando sustituirlos para apropiarse de la producción
ajena y ejercer sobre los demás el mismo poder físico, armado y
violento, que antes sufrieron en carne propia.

Es posible cambiar...

podemos proponernos fines y objetivos distintos a los promovidos por
el sistema; proponernos salir de las pautas que se nos imponen.
Podemos intentar cambiar esa práctica dependiente y egoísta que
genera el capitalismo.

Dice el Che Guevara que en respuesta a estímulos morales, el ser
humano puede construirse a sí mismo, ladrillo con ladrilllo... El
nuevo poder no sólo debe proporcionar bienes terrenales y utilizarlos
como estímulos, sino que su fin esencial tiene que ser cambiar
profundamente las cabezas, cambiar nuestra manera de pensar.

Precisamente lo dice el guerrillero heróico, para estimular la moral
de los presos y presas del sistema, a la vez que se echa a andar por
el mundo decidido a contagiar valores, ideas y sentimientos, mientras
se fortalecen los movimientos populares debilitados por la
contaminación capitalista.

El Quijote y Sancho Panza...

Ya una vez quisimos ser modernos Quijotes, cambiando nuestros viejos
trajes de Sancho Panza por armaduras de caballeros andantes montados
en flacos rocinantes. Intentamos volver posible lo que creían
imposible los infalibles cardenales de las santas sedes de tantos
múltiples y variados dogmas. Allá fuimos, apurados por dibujar trazos
nuevos sobre los viejos rasgos de la personalidad consumista de
nuestro tiempo, a cambiarnos a nosotros mismos y estimular el cambio
en nuestros prójimos. A crear nuevas formas de vincularnos para la
producción y la organización del poder político, inventando nuevos
modos de amar, de vivir en pareja, de relacionarnos con nuestros
hijos, con nuestros viejos, con el resto de las personas. A descubrir
nuevas formas de hacer poesía, música, artes plásticas; nuevas
maneras de relacionarnos con las ciencias, la educación, la
cultura...

Aprendimos a sentir el nacimiento y también la muerte poco a poco.
Nadie quiso ser iluso entonces; tampoco fuimos tan ingenuos como
algunos otros creyeron. No se trataba de fiebres juveniles. Era
simplemente revolucionarse a sí mismo luego del análisis;
insurreccionarse, rebelarse contra lo establecido. Lo mismo que hoy
predican nuevos Ches, otros Raúles y el Hugo nuestro (ya en el hasta
siempre de la historia); desde muchos lugares de nuestra América
Latina y el mundo, convocando a luchar por la segunda independencia
contra el imperialismo, el capitalismo y la globalización
colonialista.

¿Qué tenemos hoy?

Los estímulos morales tienen ahora otra puntería. Exitosos sin dudas
pero solo en la inmediatez con matiz lírico; porque es inmensa la
alegría, la expectativa y la esperanza popular renovada elección tras
elección. Sin embargo, la juventud militante aprende hoy y
transmitirá mañana que es de imbéciles convocar al pueblo a no pagar
la Deuda Externa. Que lo políticamente correcto es lograr "acuerdos
brillantes" con las trasnacionales petroleras y que ellos constituyen
condición previa, para la futura redistribución del ingreso y del
avance hacia la reforma de las estructuras y la liberación nacional.

Que lo correcto es respetar los contratos privados firmados por los
corruptos anteriores, aunque ello se contradiga con la voluntad
popular anti imperialista expresada una y mil veces por el pueblo, en
la calle, ante su líder comandante. Que éste debe gobernar para todos
y por eso hay que tragarse tachuelas y hasta clavos de ocho pulgadas,
como la impunidad de los cabecillas del paro petrolero, del golpe
mediático o de los firmantes de la dictadura fascista de Carmona
Estanga. Pareciera no estar mal abrazarse con los asesinos policiales
del Llaguno, con las culebras venenosas de Súmate o con los políticos
vendepatrias, criminales, de Altamira.

Y... ¿qué pasa con el relevo necesario?

tal parece que es políticamente correcto aceptar o resignarse al uso
de los transgénicos o que se debe mirar para un costado cuando la
Iglesia Católica elige un Papa fascista, porque denunciarlo hace un
favor a la derecha... y callarlo ¿no la favorece aún más todavía?.
¡Que no hay despenalización del aborto por que el nazi del vaticano
quiere seguir promoviendo la pobreza de nuestro submundo y la muerte
bruta de nuestros neonatos y mujeres! Qué lindo hacer revoluciones,
pero que se hagan lejos...¡ en otro lado ! Aquí se está enseñando a
contemplar el pasado y el resto del mundo desde el observatorio del
pragmatismo, ¿para ser escépticos y pesimistas con esta posibilidad
actual de la lucha revolucionaria, que no da lugar a la
participación? Si los ejemplos del relevo necesario, montan mulos de
Sancho Panza... ¿qué puede pasar si Chávez un día cualquiera se
aburre, se enferma o simplemente se retira al cajón del Arauca antes
de lo previsto; ¿cómo podrán algún día convocar a revolución los
jóvenes cuyo interés por la vida ha venido despertando, si no pueden
acceder a la información y la práctica necesaria? ¿cómo podrán mañana
cabalgar Rocinantes?

¿Entonces? si se estimula la pobreza de espíritu: a ser amantes del
pragmatismo, a postergar hasta el infinito la participación en la
lucha por la revolución, a conformarse con sacar la pelota bien lejos
para que la fildeen las generaciones futuras; si no se está
convocando a emprender grandes hazañas; es iluso e ingenuo creer que
nuestra juventud actual podrá dejar de ser eternamente deudora y
abandonar el consumismo, salirse del individualismo o las drogas que
la exterminan. Si aquellos que tienen autoridad moral supuestamente
ganada en años de lucha, estimulan al quietismo, a no cambiar...¿cómo
carajo podemos aspirar que cambie?

Sólo peleando y convocando a pelear, cambiarás tú, todos nosotros...

Los aspectos ideológicos

y los estímulos morales deben ser el corazón de los cambios en las
subjetividades y de las condiciones políticas en que se desarrolla la
lucha de clases.

El estado de ánimo del pueblo cubano no era el más propicio para
rebeliones cuando el asalto al Moncada, ni tampoco lo fue tres años
más tarde durante el desembarco del Granma. Fidel, Abel Santamaría y
Camilo, se apoyaron en minoritarios sectores de estudiantes y
militantes políticos, luego, a partir del prestigio revolucionario
ganado, se fueron creando los cambios en las condiciones subjetivas y
la correlación de fuerzas en la heróica Cuba.

Está visto que quienes hoy gozan del mayor predicamentoy que se
encuentran alrededor del presidente, salvo muy contadas y honrosas
excepciones, no están dispuestos a jugar el rol de estimuladores del
cambio revolucionario. Así las cosas, no vemos que en ese contexto la
juventud de relevo pueda incentivarse a dejar de consumir
entretenimientos de internet y play station; contraer deudas de
carros muy lujosos, electrodomésticos o aviones. Cuando esos bienes
no les alcanzan, suelen pernoctar borrachos en los Bingos, vociferar
en la Asamblea y hasta en el propio Miraflores.

¡Qué falta hace, al menos otro Hugo Chávez! ¡aunque fuera uno más
para ayudar al primogénito!

Hay que abonar la tierra franca donde después, en la etapa de lucha
por el poder, crecerá abundante la cosecha. La liberación nacional es
la primera etapa para que en un mañana, la cuestión de la revolución
esté sobre la mesa. Son dos etapas diferentes y no hay que caer en el
error de confundirlas.

Sin embargo para ellos en esa primer etapa de liberación nacional,
deben unirse a la izquierda todos los burgueses perjudicados por el
neoliberalismo, así como los militares nacionalistas aunque ayer
mismo hayan sido aprendices de tortura en el mismísimo Fort Benning.
Con "probada gallardía" muchos de ellos votarán por los partidos de
la "revolución".

¡Felicitaciones!

En los años '60, los partidos comunistas de América Latina ya
sostenían la teoría de las dos etapas. Frente popular con la
burguesía nacional en la primera y luego, en la segunda, todo el
poder a los soviets. La experiencia histórica enseñó que los acuerdos
políticos entre trabajadores y burgueses resecan la tierra franca en
lugar de abonarla y por consiguiente, de sus alianzas nunca nació ni
nacerá la más mísera matica de yerbabuena.

Bien claro tenía el panorama la disidencia de los frentes de
liberación nacional argelinos, los vietnamitas y el 26 de julio
cubano, al sostener que la liberación nacional y el socialismo eran
dos caras de un mismo proceso revolucionario.

¡Compañeros a luchar por el poder!, llamaron Raúl Cendic y los
primigenios tupamaros uruguayos. Luego que el poder político y
militar pasara a manos del pueblo, vendrían dos clases de tarea; las
de la liberación nacional o de independencia económica del imperio y
las de la construcción de una sociedad sin clases ni Estado: la
sociedad del poder popular. Eran diferencias sensibles. Una sola
etapa con dos fases simultáneas veían los tupas en la
arruinada "Suiza de América"; dos etapas diferentes y desfasadas en
el tiempo, planteaban a su vez los comunistas uruguayos de la época.

Hoy aquí, aún con el Chávez nuestro de todos los días, la juventud
sigue estimulándose en medio de una espera llena de quietudes e
inoperancias revolucionarias que desembocará indefectiblemente en el
enquistamiento, la vagancia, el ocio y la inmoralidad, participando
del consumismo en pleno desarrollo.

Así, querido camarada compatriota que si tú piensas parecido a lo del
título, que no hay liberación si no se liberan las cabezas, tendrás
que convocar en tu contexto a no dormirse; a rebelarse contra la
quietud y la espera; a ponerse las pilas para hacer la revolución. Si
la cosa se da de forma múltiple, iremos sacando el "más-o-menismo" y
el "como te digo una cosa, te digo la otra".

La identificación de las grandes mayorías venezolanas, no está en el
vómito fecal de los seguidores del gestapo Frijolito, de un tal "
Primero Yo Julio" o la lejanía mediática de otros "brincadores de
talanqueras". Una multitudinaria identificación gira sin
vacilaciones, entorno al papel político e ideológico del líder
comandante Hugo Chávez, a su ofrenda total de vida por la Patria.

Quisiéramos preguntar a sus colaboradores en los diferentes cargos de
gobierno ¿Cuál es su mensaje, a qué convocan que no sean las urnas;
qué cosa estimulan en la juventud pobre que desea incorporarse a este
proceso de liberación emprendido por Hugo Chávez? ¿Cuál el ejemplo de
sus jóvenes amigos y familiares más directos? ¿Están cambiando
también ustedes sus cabezas o solo creen necesario limpiar nuestras
cabezas?

Mucho agradeceremos nos contesten uno a uno esta interrogante
soberana y por favor no empujen para poder oirlos bien y verles a los
ojos frente a frente.
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Rodolfo Diverio V / Rebelión


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