Las miserias de Bocaranda

Siempre he pensado que para escribir un artículo sobre algo o alguien hay que estar bien informado y partir de lo que llaman en periodismo una “fuente confiable” Pongamos como ejemplo el famoso “Garganta Profunda” del escándalo Water Gates, o si quieren más atrás en el tiempo “La gente del abismo” de Jack London, sobre la situación de extrema pobreza en el Este de Londres, allá por el comienzo del siglo XX.

Es decir lo que se llama en inglés el "watchdog journalism", me atrevería a traducirlo como periodismo que trata de una persona que vela contra prácticas ilegales, comportamientos inaceptables en la sociedad, etc.

Toda esta introducción no es más que un requisito que se hace necesario, mas no imprescindible en la escritura de un ensayo y quizás menos necesaria en un artículo como este.

Digo esto porque me voy a referir al gran Bocaza del periodismo venezolano, me refiero al inefable Nelson Bocagrande o Bocaranda, da igual.

Sería interminable refutar la sarta de ridiculeces que salen de la boca de este singular personaje, así como de su pluma calumniadora. No hay términos medios para este individuo empeñado en repartir despreciables “runrunes”, como él muy bien los llama.

Sin embrago quisiera recordar dos episodios, de muchos, en la lista de este mercenario de la información:

Uno fue en Venevisión, una noche de 1988, cuando Carlos Andrés Pérez como candidato, fue invitado a esperar los resultados del por entonces Consejo Supremo Electoral. El comportamiento de Bocaranda era indescriptible, se contorsionaba en su asiento, e implorando, casi se le arrodillaba a CAP diciéndole: ¿Ya lo podemos llamar Presidente?

Esta pregunta la hizo de forma tan arrastrada, sumisa y repetitiva, que el propio CAP delante de las cámaras de TV y con su característico acento andino le contestó: “Por favor deje que el Consejo Supremo Electoral termine de dar el boletín” Fue lo que diríamos pena ajena, frente a millones de televidentes asqueados de ver la actitud de este cipayo runrunero.

La otra fue cuando invitaron al comandante Fidel Castro a la toma de posesión de CAP. Nuevamente apareció en escena el Bocaranda llamando al Comandante “la vedet” de entre todos los invitados internacionales.

Y después de tanto jalar parejo, logró una entrevista con el gran líder de la revolución cubana, y para su pesar, nuevamente se fue de bruces. En plena entrevista en vivo y frente a las cámaras, primero le preguntó para lucirse: ¿Comandante usted alguna vez ha cometido errores? A lo que Fidel le respondió con su tono característico: “Claro que hemos cometido errores”, y luego bajando la voz como es su costumbre, le susurró: “hemos cometido errores tácticos, pero no estratégicos”

Para rematar cuando ya estaba que no hallaba qué hacer, se le ocurrió hacerle una pregunta al Comandante y mientras Fidel contestaba, comenzó a voltearle la cara pendiente de las cámaras.

Eso bastó y sobró para que Fidel le increpara diciéndole” Bueno chico, tú me haces una pregunta y luego no prestas atención a lo que te estoy contestando”. Aquí se puso Bocaranda pálido y no hallaba cómo dar excusas. Si, si, Comandante, le estoy escuchando, lo que pasa es que me llamaban de atrás.

Bocaranda, por favor, carga con el peso de tú mediocridad, y recuerda que ya no estamos en la IV República, donde podías chantajear y a la vez colarte a través de halagos al gobernante de turno. Ese veneno que llevas por dentro y que escupes a diario, sin respuesta alguna, ya tragártelo de una vez y simplemente conviértete en la nada, como tú candidato majunche.

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Luis Ortega


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