Vivienda Digna y Saber Vivir

A la luz de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), específicamente en su artículo 82 se nos estableció con suma claridad lo que es la Vivienda Digna, entendida bajo la expresión “Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura, cómoda, higiénicas, con servicios básicos esenciales que incluyan un hábitat que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias. La satisfacción progresiva de este derecho es obligación compartida entre los ciudadanos y ciudadanas y el Estado en todos sus ámbitos”.

De la transcrita disposición constitucional se evidencia que no se trata de un simple cobijo, tal como lo hemos estudiado a través de la historia, donde los seres humanos les tocó y creo que todavía, aun cuando sea en menor proporción, vivir en palafitos, en arboles, en cuevas, en cimas de montañas, todo a los efectos de protegerse de las inclemencias de la naturaleza.

Hoy en día, gracias a la labor del Constituyente, sustentado en la progresividad de los Derechos Humanos, a la positivización de los preceptos del Derecho Natural, se ha establecido en la enunciada CRBV y en la práctica de rigor un nuevo concepto de vivienda, donde existen notas esenciales que hacen posible la vida de los seres humanos con mayor seguridad, paz y dignidad.

Del mencionado artículo 82 de la CRBV se puede describir lo siguiente: “Toda persona…”, la vivienda digna se encuentra referida a toda persona, sin distinción alguna de raza, credo o condición social, pues no puede seguir siendo de beneficio para ciertos grupúsculos de la sociedad, entendiendo que todos somos iguales ante Dios y ante la Ley.

La nota “vivienda adecuada” se encuentra íntimamente relacionada con la adecuación al clima, a la arquitectura del lugar, al número de personas, pues no puede ser el diseño de la vivienda de manera estándar o uniforme: si existe calor, las viviendas deben ser altas, con ventanales que permitan la circulación del aire, habitaciones grandes, con techos de teja; por el contrario, si la vivienda se construye en espacios fríos, los techos deben ser de teja criolla, las ventanas deben ser pequeñas. Deben ajustarse a la arquitectura del lugar, pudiendo ser tradicional, andina, oriental, entre otras, de manera que no rompa con las características que se conservan en el medio. Se deben adecuar al número de personas que la habitarán, no se tratará de las denominadas y hechas por mucho tiempo “cajitas de fosforo”, donde el hacinamiento, la promiscuidad, entre otras imperaría. Deben adecuarse a la actividad predominante de la zona, si se trata de un ámbito rural y de cosechas, sería menester la inclusión en la vivienda de espacios para el depósito de los rubros que se cosechan y de los implementos agrícolas.

La connotación de vivienda “segura”, se encuentra referida a los puntos de vista físico y jurídico. Atendiendo al elemento físico, no puede edificarse una vivienda en terrenos inestables, en espacios donde las ordenanzas no lo permiten por carecer de servicios públicos básicos, entre otros. En cuanto al aspecto jurídico, se le debe garantizar a los beneficiarios de la vivienda la debida protección a sus derechos, a las personas, a sus vidas la posibilidad de usar, gozar y disfrutar de la vivienda, sin que existan perturbaciones presentes o futuras por parte de terceros que traten de hostigar y hasta de amenazar la tranquilidad del ser humano.

La vivienda debe ser cómoda desde los particulares mental y material, ya basta de “casuchas”, se necesita de espacios con holgura y desahogo que propicie el descanso reparador, la distracción, la intimidad e higiene familiar; una vivienda con al menos dos salas de baño, uno para los varones y el otro para las hembras, varios dormitorios amplios y confortables, la sala y el comedor, la cocina, entre otros.

La vivienda debe ser higiénica y con servicios básicos indispensables, tales como el agua potable, la energía eléctrica, la aducción de las aguas servidas y sus buenas salas de baño, nada de letrinas ni de pozos sépticos, los espacios para la faena y limpieza, el servicio público de aseo urbano y domiciliario, con ventanas que permitan el ingreso del aire y de la iluminación…

En fin, una vivienda digna que permita las relaciones familiares, con intimidad, con higiene, con alegría, con espacios para compartir los alimentos, para jugar, para estudiar, para dormir plácidamente… Una vivienda que permita las relaciones con los vecinos: instituciones educativas cercas, plazas, parques, iglesia, abastos tales como mercal, atención médica mediante ambulatorios o centros de diagnostico integral, transporte público, canchas deportivas, lugares para el trabajo… Una vivienda que permita las debidas relaciones con el hábitat, vale decir, con el medio ambiente, con el ecosistema, con la naturaleza, con lo que Dios nos brindó y nos sigue dando, sin que exista el desequilibrio en perjuicio del mismo ser humano.

Ahora bien, el Gobierno Venezolano ha ido un poco más allá del mero concepto. Atendiendo a la crisis habitacional y a las necesidades sociales y económicas de los beneficiarios de la vivienda digna, ha implementado una serie de beneficios para de esta manera posibilitar la existencia próspera de los seres humanos: a través de la Gran Misión Vivienda se han acentuado las políticas sociales en la búsqueda, tal como se ha desarrollado y encontrado, de soluciones justas al problema de viviendas dignas en el país, tal como se valida con el apoyo a los Consejos Comunales para la autoconstrucción de soluciones habitacionales, con el auxilio y palanca de pdvsa en lo que respecta a petrocasa, con el fondo chino, con el apoyo de Uruguay y a través de la subsidios parciales y hasta totales con respecto al valor económico de la vivienda; dotación de equipos de insumos necesarios para equipar dignamente la vivienda (cocinas, lavadoras, secadoras, aires acondicionados, calentadores de agua, televisores, camas, mesas y sillas para el comedor, muebles para la sala, entre otros).

De igual manera, denotemos que al final del tantas veces mencionado artículo 82 de la CRBV nos afirma que la satisfacción progresiva del derecho a la vivienda digna es responsabilidad compartida entre los ciudadanos, las ciudadanas y el Estado. En este sentido se hace necesario saber vivir en una vivienda digna.

No basta vivir en una vivienda digna y bien equipada, se hace indispensable vivir como seres humanos, como hijos de Dios, como individuos que pertenecemos a una sociedad de congéneres que sienten y piensan igual que uno. A tales efectos y a manera de ejemplos les enunciaré algunos aspectos del saber vivir: cuidemos la vivienda y sus accesorios, moderemos el sonido de los radios, televisores y de los equipos de música; si se trata de apartamentos, no saquemos las prendas de vestir, las sabanas y las cobijas en las ventanas para el secado, ya que afean la parte externa del edificio, molestamos al vecino y dañamos la pintura de las paredes; ayudemos a conservar los espacios comunes, sembrando y cuidando las matas, la grama, limpiando las escaleras si es el caso, los pasillos, no ensuciar las paredes; asistir a las reuniones vecinales y con mayor atención en aquellas donde se traten asuntos de interés colectivo; paguemos las cuotas de condominio al día, para de esta manera gozar de los beneficios colectivos; no desfigurar las fachadas, elaboremos y cumplamos las normas de convivencia, entre otros.

Saber vivir es adecuarse al contexto de la comunidad; es estar consciente de que no vivimos solos, vivimos en comunidad; que el derecho que tenemos en cada una de nuestras casas es limitado, pues nuestros derechos terminan cuando se inician los derechos del vecino. No basta que el Estado, a través del gobierno humanitario nos ayude con una vivienda digna, sacándonos del rancho donde vivíamos, es vital, es indispensable sacarnos al rancho que tenemos en nuestra mente, en nuestras concepciones erradas, para de esta forma vivir como Dios quiere. Recordemos una de las frases celebres del Benemérito de las Américas Benito Juárez, cuando expresó y nos sigue diciendo que “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

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