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Me hago eco de un rumor que corre cada vez con mayor insistencia, sobre el verdadero papel de Carlitos Ortega en estas horas menguadas.
Este digno miembro y representante de la clase obrera, luchador sin tacha, heredero de la mejor tradición sindical latinoamericana, animado por un desenfrenado amor por la Patria se prestó para sacrificar su imagen y, cual quintacolumnista suicida, penetrar la oposición antipatriótica para hacerla trizas. Su actuación está preñada de eficacia y bien ganado se tiene el monumento con que la Patria recompensará sus servicios, antes ganarse en vida un puesto en el Panteón Nacional.
Como resultado de su acto de heroísmo del 11 de abril, el gobierno revolucionario pudo adecentar el ejército, desembarazándolo de golpistas y vende patrias, y descubrir infiltrados en el proceso como el uerredeo que todos conocemos y que es pavoso nombrar. En esta segunda incursión del eje del mal dirigida por el excelso patriota, está permitiendo al gobierno darle un golpe de estado al estado dentro del estado que significaba PDVSA. Pero no satisfecho con sus actos heroicos, se arriesgó, operación cupido mediante, a penetrar los medios de intoxicación, que gracias al amor de una de sus más conspicuas y genéticas representantes, pronto caerán rendidos a sus pies.
Pero no es bastante para tan decidido agente secreto de la Patria. En el próximo capítulo, tiene planeado disfrazarse de obispo o, si ardor se lo permite, de cardenal, para imponer la teología de la liberación dentro de la Iglesia, de modo que una vez por todas se convierta en verdadera Iglesia, es decir, asuma la redención terrenal de los pobres antes de encaminarlos hacia la gloria eterna y la visión reconfortante de Dios Padre.
No podemos develar más de sus planes futuros, porque son “top-secrets”, pero damos una pista: se infiltrará en un Departamento de estado que no quiero mencionar, para extender su noble acción por la sufrida Latinoamérica.
En la intimidad, Carlitos, con la modestia y lealtad que lo caracterizan, siempre le agradece a nuestro Presidente (larga vida y largo mandato le otorguen los dioses) el haberlo reclutado como agente secreto, posibilitándole el haber entrado a la Historia por la puerta grande. Desde ya, y antes que se me adelante algún aprovechado, propongo que su retrato orle las bibliotecas de las escuelas bolivarianas, con un pendón que rece: “La Patria Agradecida”; que esta misma foto sirva de salva pantallas de las computadoras de estas escuelas y se reforme la enseñanza de la historia para dedicarle a su actuación heroica, por lo menos, un tema. De esta manera las generaciones futuras siempre lo tendrán presente, como ya se lo tiene bien ganado.
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