Chávez-Friedman-Mercosur

El ingreso de Venezuela al Mercado Común del Sur (Mercosur) es un éxito de la geopolítica del presidente Hugo Chávez. Una culminación de la victoria frente al ALCA, una derrota del golpe en Paraguay, un no a la experiencia de Honduras, una afirmación de que la Celac, Unasur, Mercosur y la ALBA, van desplazando a la OEA, a lo que se suma la derrota del imperio en Cartagena. Chávez ha ido creando frenos a la desestabilización, que sigue siendo un peligro.

Basta de respetabilidad académica para Milton Friedman, pues su pensamiento le ha dado estatus teórico a una ideología como el neoliberalismo. Sus creaciones, las políticas de shock, están manchadas de sangre y hambre.

En Chile, Irak, Grecia… Nadie puede decir, dentro o fuera del Gobierno, que Friedman representa una corriente de pensamiento respetable. Cuando la destrucción de Nueva Orleans por el Katrina, Friedman alegó que esa era
una oportunidad para renovarlo todo.

Fue lo que se hizo en Sri Lanka después del tsunami: se expulsó a la gente de la cercanía a las playas para facilitar inversiones internacionales en turismo. Él es de los padres del capitalismo del desastre, de la muerte: las guerras, desastres ambientales, epidemias, como fuente de ganancias.

Tiene razón Hugo Chávez cuando dice que el aumento de la demanda favorece el incremento de la producción. Han sido nefastas las políticas fundadas en fortalecer la oferta argumentando que primero se crea riqueza para luego distribuirla. Si el crecimiento de la demanda no se relaciona con la transformación de los patrones de consumo y producción, favorecerá un crecimiento económico ajustado al mercado capitalista, destructor de naturaleza y de conciencias. Una cosa es el mercado durante la transición y otra cosa es un socialismo de mercado. Chávez lo sabe.

Desde los proyectos integradores se perfila la minería; por otro lado, los recursos naturales son un negocio del
capital financiero. Ahíto de excedentes volátiles, provenientes de la especulación y el narcotráfico, la inversión en
minería, con graves impactos ambientales y humanitarios, es una manera de ocultarlos. ¿Son minas antipueblo?

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