A Zenaida Mata (v) de Rodríguez madre Noel, madre de todos y todas

Noel Rodríguez que estás en nosotros

Quiero llamarte Zenaida, madre de todos, mama Zenaida. No para recordarte aquel 6 de agosto cuando las hienas te llamaron para decirte a sangre fría y con el calibre del verbo hipócrita: Noel Rodríguez está muerto. ¡No!, mi intención es otra, viejita. Esta llamada por este medio, esta llamada a través de la línea del corazón es para unir almas e invitarte a pensar con Noel, y se que redundo, porque  desde hace ya 39 años Zenaida piensa con más fuerza en el hijo bueno, el revolucionario  de ejemplo. Son 39 años hoy, claro que te acuerdas de aquella llamada, el corazón  por reventar y las lagrimas  como mensajeras de una angustia provocada por el demócrata de turno, por los carceleros que creyeron que con el cuerpo morían los sueños.

Tu salud nos preocupa y eso que el mismo Noel se ha convertido en el mejor analgésico para ese tipo de dolores, es el Noel alborada que incluso reclama con fuerza ante las desviaciones o el Noel tuyo y el de nosotros que convertido en susurro llega esta mañana con las propiedades terapéuticas de su recuerdo, como una especie de “valeriana” moral y  hace presente su verbo que te hace escuchar… Madre, hey, hey,  despierta viejita, soy yo, Noel. Aquí estoy, no me iba a perder este día, pero eso si… para cambiarle el signo. No sabes cuánto me contenta cuando  aquí me dicen que mi madre es la madre de todos por el temple, la brega, la terquedad  puesta a  prueba buscando mis huesos. Que pueden importar ya mis huesos, si bien importan viejita, lo que más  importas eres tú, mamá, cuidándote más haciendo tus tratamientos, hace tiempo ya que me encontraste, enterrado, si… pero en medio de tu corazón, apenas si salgo de allí, una que otra vez en tus sueños cuando me sacas a pasear hablando de los horizontes que hay que perseguir.

Tu sabes, mama Zenaida que en el inventario de las cosas que hacen falta para construir la patria buena faltan ellos, tu Noel que es de nosotros, Chacón Lanza, Sorfanny, Cornelio y tantos más, aunque para no detenernos tengamos que decir, si no los tenemos  busquemos sus recuerdos y la patria nos va a quedar igual de bonita. Sirve un hijo una madre un sobrino, un nieto de ellos para  ir zurciendo la patria en bordado rojo ¡de qué color será el amor?.

Todavía nos asalta la poesía que es el único  asalto bueno y mucho mas sin  López Sisco para inundar iguales dosis de arrechera con ternura y  que salga nuestro grito, ya para las madres, hermanos, sobrinos, nietos y se deje escuchar: Por  los camaradas ausentes, decreta nuestra alma se brinde por ellos, alma adentro se pronuncie  una rebelión de cariños reales ordenando que  las lagrimas por un año más de su viaje no tengan otro significado que no sea el de un rio de esperanzas y ternuras inundándonos por ellos. Que los negrosluises, los mochuelos  y cristofué no paren el canto y empiecen a volar los recuerdos y que el alma con sus mejores acordes nos traigan de vuelta los sueños de cada uno, en todos los pájaros, en todas las flores. Que las puticas  moradas y todas las bellas las onces, aun las no sembradas “allanen” la escuela de ciencias de la UCV y alerten con sus gritos de colores, Noel está con nosotros, Noel está con nosotros. Vaya pues un homenaje hoy a los que nunca se fueron, a los que no supieron delatar- ante la risa sádica de Heredia Agosto, de Martínez Guerra y de Manuel Tirado (tus torturadores)- y se  metieron, alma adentro, en el corazón de los que entienden la revolución más allá de la boina o el constante y sonante atractivo del cargo.

Vaya para Noel este credo terco que sirva para la hermenéutica del peligro: Creo en Noel, aquí en la tierra, como en la tierra, militante  infinito, creador de la patria buena y la tierra nuestra, reivindicado sea  su nombre, venga a nosotros su ejemplo, su ejemplo, su ejemplo… para vencer las tentaciones…

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