Cosas que hacer en el Ártico tras el Gran Deshielo



El planeta Tierra ha sufrido, a lo largo de sus cerca de 4,000 millones de año de historia, grandes oscilaciones climáticas, entre dos extremos climáticos, un planeta muy frío y con una gran cobertura de hielo, llamado estado de "Tierra Bola de Nieve" (Snow-ball Earth, en inglés) - por ejemplo, las condiciones de finales del Carbonífero, hace 300 millones de años - y un planeta muy cálido, prácticamente desprovisto de hielo, llamado "El Hogar Cálido" (hot house, en inglés), como las condiciones del Jurásico (hace 200 millones de años).

Las transiciones entre un modo climático y otros ocurrieron en centenares de miles a millones de años y parecen implicar un aumento en concentraciones de gases de efecto invernadero (CO2 y metano) en la atmósfera.

Considerado en este marco, de millones de años, el planeta Tierra estaría saliendo de un período de "Bola de Nieve" y encaminándose hacia un período de "Hogar Cálido".

Pero algo ha cambiado. Un nuevo agente, una especie que apareció hace unos cientos de miles de años, la nuestra, desarrolló en los últimos 150 años la capacidad de afectar uno de los factores clave implicados en estas oscilaciones climáticas, la concentración de gases de efecto invernadero.

Todas las evidencias apuntan a que la capacidad de la humanidad de emitir gases de efecto invernadero ha acelerado esta transición.

El físico y premio Nobel sueco Svante Arhenius ya calculó, en 1896, que una duplicación de la presión parcial de CO2 en la atmósfera causaría un incremento de 4 º C en la temperatura media global. Nunca pensó que la humanidad se empeñaría en comprobar sus predicciones, pero con ya 400 ppm de CO2 en la atmósfera, frente a cerca de 280 ppm cuando Arhenius presentó sus cálculos, estamos próximos a poder comprobar si se equivocaba o no... La trayectoria del sistema climático y los modelos de que disponemos apuntan a que tenía razón.

La pérdida de hielo en el Ártico, tanto sobre Groenlandia, como sobre el océano o los suelos congelados, permafrost, se viene acelerando desde hace varias décadas, hasta el punto de que se piensa que el Océano Glaciar Ártico perderá su cubierta de hielo en verano quizás tan pronto como en el año 2030. Afortunadamente el hielo de Groenlandia tardará, cuando menos, muchas décadas en fundirse, porque cuando se haya fundido todo ese hielo el nivel del mar habrá subido al menos 7.3 m con respecto al nivel actual.

En este contexto sorprende que la noticia, lanzada por la NASA, informando de que la superficie de Groenlandia afectada por el deshielo superficial ha pasado de 40%, valores habituales para estas fechas, al 97% en tan solo 4 días haya causado gran revuelo y confusión. Confusión porque muchos medios interpretaron, erróneamente, que la NASA informaba de que se había perdido en 4 días el 97% del hielo de Groenlandia. Evidentemente no es así, porque de haberlo sido nuestras ciudades costeras estarían inundadas.

En sus declaraciones, los investigadores de la NASA se muestran sorprendidos y cautelosos a la hora de buscar explicaciones, argumentando que cuando se dan hechos sin precedentes es peligroso especular sobre una causa concreta.

A pesar de estos circunloquios la causa última de la rápida expansión del área afectada por el deshielo es evidente, verde y con asas: el cambio climático derivado de la emisión de gases de efecto invernadero. Con la abundante evidencia acumulada hasta ahora, cualquier otra explicación a la aceleración del deshielo en Groenlandia en los últimos años es tan probable como el que haya sido causado por una ardilla en persecución de una bellota, como en Ice Age.

El rápido crecimiento de la extensión afectada por el deshielo en Groenlandia puede no tener precedente reciente, pero esto no significa que sea un hecho aislado, pues es parte de una tendencia clara. Igualmente podríamos considerar que el récord de la prima de riesgo que se alcanzó hace pocos días es un hecho sin precedentes, y podríamos mostrarnos sorprendidos y preguntarnos por sus causas, si no fuese porque ese "evento singular" es parte de una tendencia que dura ya varios meses y cuya causa, la falta de confianza de los inversores en la economía española, es ya más que evidente.

Conviene recordar al considerar los detalles de la nota de prensa que ha comunicado esta noticia, que el "cambio climático" es un tema que polariza opiniones en la sociedad norteamericana. Como me comentaba hace tan solo dos semanas un investigador colaborador mío que trabaja en una agencia federal de medio ambiente en EE UU, existe en este país una presión que sienten particularmente los investigadores de agencias federales para que se pase de puntillas, sin nombrarlo, el cambio climático, evitando así generar polémica. Esto explica los circunloquios de la nota de prensa cuando se afronta el espinoso, pero evidente, asunto de las causas.

Paradójicamente, hace unos días leía un informe que apuntaba a que la ola de calor y sequía que afecta EE UU, que ha supuesto la pérdida de cerca de un 50% de las cosechas en EEUU, ha generado un cambio de opinión drástico en la sociedad norteamericana con una proporción mucho mayor de ciudadanos ahora aceptando que el cambio climático es real. Es curioso que este hecho y no las tendencias de pérdida de hielo en el Ártico hayan desencadenado este cambio de opinión, sobre todo cuando EE UU tiene territorio en el Ártico.

La aceleración de la pérdida de hielo en el Ártico supone un cambio climático abrupto que reúne todas las condiciones para ser considerado, según la convención del clima de Naciones Unidas, "cambio climático peligroso". No parece que estas evidencias, y la consideración de sus importantes consecuencias para el resto del planeta, sean suficiente para decidirnos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la solución que ya conocemos desde hace ya más de dos décadas. En nuestra perseverancia en continuar emitiendo cantidades crecientes de gases de efecto invernadero es muy probable que hayamos sobrepasado ya el umbral climático que marca el punto de no retorno y debamos, por tanto, considerar como será un Ártico sin hielo.

De hecho son ya muchos quienes consideran qué hacer en un Ártico libre de hielo, y la respuesta es ganar mucho dinero. Los cinco grandes del Ártico (Rusia, EE UU, Canadá, Noruega y Dinamarca) se reparten las aguas internacionales del Océano Glaciar Ártico junto al derecho a la explotación de sus recursos y los jugosos derechos de paso de embarcaciones pues las navieras empiezan a considerar el Ártico como un inminente atajo en el transporte de mercancías entre Asia y Europa, las empresas pesqueras se posicionan para explotar los recursos pesqueros, las empresas petroleras se aprontan a explotar los grandes yacimientos de gas y petróleo, las empresas mineras miran a los depósitos minerales de los fondos del Ártico, y cada año la pequeña ciudad de Longyearbjern (78 º Norte), que uso como base para mi investigación en el Ártico, suma unos centenares de casas adicionales.

Será un paisaje muy diferente, sin el blanco del hielo, sin osos polares, posiblemente refugiados en el genoma de los grandes osos grises con los que se habrán hibridado, y en el que una cultura humana, la inüit, de varios miles de años de antigüedad, habrá interrumpido forzosamente algunas de sus prácticas culturales.

Como argumentábamos en un artículo publicado este año, el Ártico traspasa el punto de no retorno impulsado por el cambio climático y nosotros, mientras tanto, nos entretenemos en cautelas en torno a explicaciones de hechos sin precedentes. Al igual que Nerón tocaba la lira mientras ardía Roma, nosotros nos entretenemos en discusiones semánticas en vez de adoptar las medidas necesarias para afrontar esta situación.

Carlos M. Duarte es Profesor de Investigación, CSIC, en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA).

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