Opinión, Historia, Arte i Medicina

El rostro del Libertador i las causas de su muerte (parte VI)

“Diagnóstico: juicio médico sobre

la naturaleza de la enfermedad o

lesión de un paciente basado en

la valoración de sus síntomas y signos”

Diccionario Médico Univ. de Navarra

“Puesto que el enfermar es una

categoría de la vida humana, no

es el órgano sino el individuo

quien enferma”

Weizsäcker

Continuando las consideraciones sobre el diagnóstico de choque hidroelectrolítico, en el artículo aludido que publiqué entonces, decía recordar a mi profesor de Química Orgánica, en primer año de medicina, el Dr. José Ordóñez Marín, primer Decano de la Escuela de Medicina en la “provincia de Maracaibo”, eminente internista, cardiólogo i radiólogo, además de profesor de Historia de Venezuela por muchos años en bachillerato, quien me explicaba que las cataplasmas de cantaridina, usadas como revulsivos para “limpiar” humores, bilis, etc., pero en textos antiguos (esto lo agrego ahora) de Medicamenta, que conservaba mi padre, entre indicaciones del cantaridato de potasio, de reacción alcalina i aproximadamente un 64% de cantaridina, esta su usó en tuberculosis, que señalada así en los libros, se refiere primeramente a la más frecuente: tuberculosis pulmonar. Las cantáridas son un insecto coleóptero, Lytta vesicatoria o Cantharis vesicatoria,, que vive en colonias numerosas, especialmente en árboles de la familia de las oleáceas, en varias regiones de Europa, entre ellas Extremadura i Andalucía. Pueden ser usadas como medicamentos en varias formas, entre ellas los vejigatorios que usó Reverend. Se usaban conjuntamente con arsenicales orgánicos (los inorgánicos, no por ser mui tóxicos) i esas cataplasmas, produjeron grandes escaras lumbares en El Libertador, i lesionaron indirectamente los riñones, de manera que al Dr. Ordóñez le llamaba la atención los informes cercanos a la muerte, cuando Reverend reportaba oliguria, luego anuria, hasta que uno o dos días antes reportó: el Libertador orinó sangre (que debió ser escasa en cantidad). Recuerden que tomaba constantemente, sagú con vino. Eso concuerda con el estado de sopor final, posiblemente, según Ordóñez Marín, era la entrada a un coma urémico. Jamás en otros autores que han estudiado la enfermedad i muerte de Bolívar, se habla de lesiones del colon i de que se le practicaran frecuentes lavativas o lavados intestinales, como exponen los del diagnóstico de shock hidroelectrolítico. Hai que situarse en la medicina de aquellos tiempos, para saber que estamos pensando o diagnosticando un absurdo. Además, el estado de shock o choque, es de un colapso de aparición repentina como una fuerte lipotimia (Gregorio Marañón, las consideraba leves colapsos) i también son repentinas. El Libertador se fue apagando con serenidad, lentamente; tal es así que Reverend sale i le dice a sus generales i oficiales: −Si queréis presenciar los últimos momentos del Libertador, ya es hora, o algo similar. Debía haber un leve hálito de vida hasta cerrar los ojos camino a la eternidad, que presenciarían todos. A mi juicio, i el de Laín Entralgo, con su magnífico libro EL DIAGNÓSTICO MÉDICO, me hace pensar que el diagnóstico de choque hidroelectrolítico, no sé cómo se impuso ni qué elementos de juicio médico i científico lo avalan. Aunque una especialidad médica lo coloca a uno en un campo determinado de la ciencia médica, siempre he entendido que todos somos médicos generales i que hai parcelas, momento, situaciones médicas i quirúrgicas que debemos tener presente siempre, como por ejemplo saber diagnosticar un abdomen agudo, un infarto, un accidente cardiovascular, una fractura, etc., porque eso crea problemas éticos i jurídicos hasta en los viajes. Un profesional de la medicina que sea por ejemplo, un investigador puro o de especialidad lejana a lo cotidiano, i en un avión hai una emergencia i no se identifica porque él no conoce de esas emergencias, i el afectado muere, posteriormente ha habido demandas que han prosperado. Entonces, hasta donde he estudiado, el choque i el colapso son parecidos, i hai shock o choque por una gran conmoción, por causas quirúrgicas, por traumatismos, etc., hasta llagar a otros tipos de shock, como lo que se llama el choque sérico o anafilaxia sérica, (por inyecciones o alergias) o también hidroelectrolítica (en relación a los líquidos orgánicos descompensados, o mal administrados) que no tienen que ver con el síncope, pese al cierto parecido, pero que en ninguno de ellos, podríamos encontrar huellas o indicios en una osamenta de alrededor de dos siglos. Por eso repregunto ¿En qué fundamentaron este diagnóstico provisional? Menos mal que fue provisional i que luego se ha declarado como no admisible i fue descartado.

Paso, entonces a otras hipótesis de diagnósticos probables., aunque no puedo repetir lo tanto que expuse, como ya dije, en 12 artículos sobre la muerte del héroe. Lo cierto es que al absurdo del fusilamiento está más que descartado; el envenenamiento también, sea envenenamiento crónico o de acción pronta, porque ambas formas no dejan muestras o testimonio en una osamenta de casi dos siglos, i otros diagnósticos, ya seguiré comentando resumidamente. ¿Qué al Libertador lo querían asesinar sus enemigos i en especial los poderosos como Santander i sus partidarios? es cosa más que sabida o conocida, i la historia recoge los varios atentados que le hicieron, más los que no dejaron evidencias del intento. Sin embargo, afirmar que el Sol de América llegó gravemente enfermo a Santa Marta, i que son especulaciones lo de venir con 2.000 soldados dispuesto a invadir a Venezuela, lo primero es cierto i lo segundo es una gran mentira. Desde que Bolívar pasó su última Navidad en 1829 en Cali, su enfermedad entró en crisis de tal manera que lo percibió en el fondo de su alma, pues como señalo en mi pequeño ensayo o narración LA ÚLTIMA NAVIDAD DEL LIBERTADOR, empezaba a desprenderse de sus más valiosos tesoros de por vida, como lo fue el anillo de compromiso i matrimonio con Doña María Teresa del Toro y Alaysa, así como atestiguar con documento el regalo de su espada de mando, obsequiada dos años antes. Ya antes de esa Navidad, dos años antes, en 1827 le comentó a Restrepo el 6 de marzo: “Estoy muy cansado, mi querido amigo, y ya no puedo soportar el peso del servicio público” cuando lo llamaban para ocuparse de los problemas del Gobierno, i agregaba: “por otro lado los esfuerzos pasados, han agotado mi energía”. Esta sintomatología no creo que sea característico de una histoplasmosis (enfermedad desconocida entonces) ni recaída después de la gravedad casi mortal que tuvo en Pativilca. Luego se va recuperando, i para la Navidad de 1827 notifica que “mi estado físico se había recuperado notablemente de las fatigas de los viajes” lo cual comunicó a su hermana María Antonia el 15 de diciembre de ese año, i para 1828 le dice también que no tiene novedad en su salud. Fue ese año, entonces, el atentado septembrino del cual lo salvó la valentía de Manuela Sáenz, pero recordemos que estuvo escondido, en una noche fría, en las aguas contaminadas de un pequeño río, debajo de un puente, i de allí en adelante volvió a empeorar su enfermedad, con tos, esputos i fiebres, en episodios, i pese a que comunicaba a Urdaneta el sentirse bien. Empero, para el 3 de agosto de 1829, estando en Guayaquil, sufrió una gran recaída que pudo observar i describir su amigo Restrepo: “Bolívar cayó gravemente enfermo desde el 3 de agosto y estuvo en riesgo inminente de morir hasta el 10, en que principió a mejorarse, Padeció un violento ataque de nervios y de cólera-morbo con fuerte calentura. Esta grave enfermedad que le dejara débil y extenuado, provino en parte del clima insalubre de la estación de invierno, y de los cuidados de la campaña”. Posteriormente se quejaba de bastante dolor de cabeza. Aquí notamos que dice o hace alusión a “cólera-morbo” como llamaban a ciertos cuadros diarreicos, pero que de ser verdadera cólera (cólera-morbo o cólera índico) producido por el vibrión cólera descubierto por Koch, era raro un caso aislado, pues siempre se presenta en epidemias o pandemias, i hubiesen reportado diarrea, vómitos i fiebre alta. Empero, lo cierto es que estuvo a líquidos todos esos días, i desmejoró mucho físicamente pues a José Fernández Madrid le dice que si lo viera, le parecería un viejo de 60 años. A esos achaques, también los llama “enfermedad de bilis negra”. Así su salud tiene altos i bajos como comunica a sus generales i amigos, especialmente a Urdaneta o Páez, pero aquella enfermedad llamada a veces de bilis negra, lo mantiene débil, mui decaído, al punto de expresar que cuatro o seis años son los que le quedan de vida. Por eso cuando entró en Bogotá el 15 de enero de 1830, el júbilo de las celebraciones, según Posada Gutiérrez, tenía una sombra de tristeza, pues muchos veían el fin de la República fundada por Bolívar i la posible pronta desaparición del héroe. Respecto a él, señala Posada Gutiérrez: “estaba pálido, extenuado; sus ojos tan brillantes y expresivos en sus bellos días, ya apagados; su voz honda, apenas perceptible; los perfiles de su rostro, todo en él, excitando una vehemente simpatía, la próxima disolución de su cuerpo, y el cercano principio de la vida inmortal”. Si ya para el mes de enero de 1830, esta era la imagen que vieron muchos de Bolívar i hasta derramaron lágrimas ¿Me puede alguien afirmar que no estaba enfermo?

(Continuará)

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Roberto Jiménez Maggiolo


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