Progreso (y 3)

No es la primera vez que se plantea una renuncia al manejo soberano de nuestra industria petrolera. Solo apara recordar, la yunta Betancourt-Pérez Jiménez, borró de un plumazo los alcances de la ley de hidrocarburos de Medina Angarita (1943), según la cual, el Estado venezolano podía gravar libremente a las empresas del ramo. Avance que fue cambiado por el llamado fifty-fifty, es decir, a medias sería el reparto entre Estado y empresas.

Más adelante, luego de la nacionalización formal, realizada durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, las transnacionales se apoderaron en forma creciente de los renglones más lucrativos del negocio y llegaron a controlar hasta la data de la industria, llegando a tener un control omnímodo de todo el sistema.

Todo ello hasta que el gobierno del presidente Hugo Chávez dio un giro total a tal a tan antinacional conducta con la promulgación de una ley que devolvió al Estado venezolano el control soberano de nuestra principal industria.

La respuesta del bloque burgués venezolano, encabezado por Carmona Estanga y otras fuerzas, entre las que podemos contar a la CTV, FEDECAMARAS, jerarquías militares y eclesiásticas, medios de comunicación privados y la infaltable tutela del imperialismo estadounidense, dieron un golpe de Estado al gobierno legítimo de Venezuela, encabezado por Chávez.

Golpe en el cual participó, agrediendo a la sede de la embajada cubana en nuestro país, el actual candidato de la derecha en Venezuela, Capriles Radonky, quien declaró nuevamente que revisaría los “convenios petroleros” suscritos por el Estado venezolano durante los gobiernos del actual presidente.

No se necesita tener dotes de adivinador para interpretar este mensaje como un anuncio de lo que eventualmente ocurriría en materia petrolera. Ni más ni menos, un retroceso a los designios del gran capital de las transnacionales petroleras, valga decir, un gobierno al servicio de las potencias imperiales.

No cabe en la mente de este candidato, además, pueda desarrollar políticas con conceptos distintos, tanto dentro como fuera del país. Interiormente el estado venezolano, haciendo uso de su control soberano, ha utilizado el ingreso de la industria para potenciar inversiones en las áreas sociales como nunca se habían conocido en nuestra historia patria.

Y, apelando a políticas de integración y de hermandad con países latinoamericanos y caribeños, aplicando el concepto de seguridad energética, así como, los de complementariedad, equidad y justicia. Seguramente Capriles está pensando en el progreso que significa llenar el déficit de los 8 millones de barriles de petróleo diarios faltantes en la economía de loe estados Unidos de América.

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Wladimir Ruiz Tirado


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