Rupturas y secuencias

Venezuela y Cuba, ejemplo de solidaridad en el mundo

Al hablar de los vínculos de solidaridad que unen a Cuba y a Venezuela en el presente siglo estamos obligados a hablar también de aquellos vínculos que hermanan a cubanos y venezolanos desde el momento de nuestra independencia cuando el abogado Francisco Javier Yánez, nacido en Camagüey, firma como diputado de la provincia de Araure el Acta mediante el cual Venezuela proclamó al mundo su voluntad irrevocable de ser libre. Desde aquel entonces han sido múltiples los lazos existentes entre Cuba y Venezuela. Acá tuvo un refugio José Martí cuando su empeño por ver independizada su Cuba natal se le hizo un peregrinaje y un objetivo fundamental en su vida, siguiendo la senda del Libertador Simón Bolívar, el cual -en su momento- también ideó enviar a la isla antillana (lo mismo que a Puerto Rico) una flota que comandaría el General en Jefe José Antonio Páez con el objetivo revolucionario de luchar por la libertad del pueblo cubano.

Estos antecedentes debemos tenerlos siempre presentes porque ellos nos señalan que no existen nacionalidades que dividan a los revolucionarios cuando los ideales por un mundo mejor son comunes y guían nuestros pasos, especialmente cuando los mismos se basan en el socialismo, siendo el internacionalismo y la solidaridad dos de sus elementos primordiales. Por ello, al ser Cuba un bastión de la construcción del socialismo revolucionario en nuestro América ha hecho gala de estos dos elementos en cualquier parte del mundo donde se necesite esa ayuda que no está apuntalada por el afán de ganancias económicas, como sucede en la sociedad capitalista, sino que está guiada por grandes sentimientos de amor a la humanidad, evocando lo dicho por el Che en algún instante de su vida.

Es así que hoy en Venezuela, bajo la iniciativa conjunta de Fidel Castro y Hugo Chávez, se han visto en marcha diversidad de misiones de contenido social que buscan promover una emancipación integral de la población, sobre todo de aquella que por muchísimas décadas fue marginada social y económicamente, a pesar de hablarse de igualdad, libertad y democracia durante los gobiernos del pasado. Esto ha sido un modo de saldar la deuda social acumulada por más de medio siglo y cuenta con la participación de cubanas y cubanos que vinieron a suelo venezolano con ese compromiso internacionalista que siempre ha caracterizado a Cuba. Esto causó, indudablemente, un gran impacto en las comunidades de Venezuela, dándosele una acogida entusiasta, al mismo tiempo que los grupos opuestos a la política socialista del Presidente Chávez comenzaron a satanizar la presencia de nuestros hermanos cubanos a través de todos los medios de información, echando mano a los argumentos trasnochados de quienes siempre adversaron la revolución cubana, hasta el punto de intentar saquear y destruir la embajada cubana durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002.

De ahí que nos quepa decir igualmente que cuando defendemos a Cuba, defendemos las Misiones sociales y al proceso de cambios en Venezuela, puesto que ambas naciones enfrentan a un enemigo común y peligroso, capaz de cometer cualquier tipo de atropello y de violaciones con tal de imponer su dominio a todo el planeta: el imperialismo yanqui. El mismo que hoy, violentando toda normativa legal y sin evidencias contundentes, ha condenado injustamente a prisión a cinco ciudadanos cubanos, simplemente por prevenir atentados que iban a cometerse contra su pueblo y su gobierno.

Esta situación común de confrontación con el principal enemigo de la libertad de nuestros pueblos nos obliga a compartir espacios y a asumir el compromiso de extenderlos a otras naciones de nuestro continente, con la misma visión estratégica de la integración promovida hace ya doscientos años por Bolívar y secundada luego por José Martí, teniendo ella una mayor vigencia que antes.

Este ejemplo de solidaridad, por supuesto, incomoda grandemente a las cúpulas de poder mundial, fundamentalmente de Estados Unidos, dado que el mismo se propicia bajo una concepción integracionista y sin los compromisos abusivos de los tratados comerciales habituales. Con ello estamos definiendo nuestras potencialidades, actuando colectivamente como pueblo en la defensa permanente de nuestra independencia, compensando, además, la grandeza, el esfuerzo y el sacrificio de nuestros antepasados por hacerla posible.-

Maestro ambulante

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