Astrolabio

¿Pueden los indecisos decidir las elecciones?

Desde hace muchos años me he declarado un compulsivo consumidor de encuestas de todo tipo y de los géneros más diversos, pero a diferencia de los encuestólogos, me interesa descubrir propensiones haciendo uso de las leyes de la dialéctica.

Hace aproximadamente tres meses un gran amigo, profesor de la UCV, me envió los resultados de unas encuestas, sobre pobreza, gustos musicales y preferencias electorales.

En dicha muestra hubo un elemento destacable, era un dato incipiente, había una tendencia marcada de la gente a responder no sabe no contesta, con demasiada frecuencia.

Tres meses después las principales encuestadoras del país, abren un gran debate sobre la posibilidad de que el llamado target de los indecisos, puedan influir en el resultado electoral del 7 de octubre.

No recuerdo otra campaña política donde las encuestas hayan jugado un papel tan importante, llegando a estar por encima del rol de los candidatos y sus propuestas, esa tal vez sea una nueva modalidad que se inicia en el marketing electoral.

El número de indecisos es de aproximadamente 32% del padrón electoral, las tres cuartas partes no se identifica con ningún candidato. Es importante no confundir al indeciso con el abstencionista.

Sociológicamente el indeciso es una persona que mayoritariamente pertenece a las capas medias, no depende económicamente del gobierno, aunque se puede beneficiar económicamente. Casi no cree en los políticos de oficio, tiene un gran sentido de la oportunidad electoral.

Históricamente este grupo de personas siempre han existido, nunca han sido determinantes para revertir una tendencia electoral. En esta contienda han adquirido un protagonismo que los compara con los modernos súper héroes salvadores de la nación: “Los indecisos deciden”, “Los candidatos van por los indecisos”, “El país y los indecisos”, son lemas repetidos insistentemente por la prensa de la derecha.

La multinacional de la propaganda intenta crear una realidad virtual, según la cual todavía el candidato de la burguesía tiene posibilidades reales de ganar.

Sin embargo en la práctica los indecisos, por su gran sentido de la oportunidad, terminan en su mayoría por inclinarse al ganador, un pequeño porcentaje de los más radicales votan en blanco, o en su defecto se reparten proporcionalmente de acuerdo a la tendencia del voto.

El candidato opositor tendría que captar 21% del 30% de indecisos, y rogar que Chávez no capte el 6%. Mi amigo el maracucho diría: “miráis vos ni que Chávez fuera mocho”.

Esta nueva estrategia usada por la derecha, está vinculada a los planes desestabilizadores de los EEUU, de realizar un evento antes de las elecciones que obligue a suspender los comicios y cause una fuerte conmoción para intentar revertir el triunfo de Chávez.

Una estratagema de este tipo no tiene otra explicación, porque sería como el hincha que perdiendo un partido por cinco goles a cero, y faltando tres segundos espera ansiosamente el milagro del triunfo, o como cuenta Cupertino, que la resaca del anís es tan brava que hacen ver a un Morrocoy subir una mata de coco.

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