Entre tanto

“¡Yo amo a ese hombre!”

Esta exclamación se escucha hoy, indistintamente, en la voz de una mujer, pero también de un hombre. Una niña o un niño también lo dicen. Quienes lo expresan lo hacen con verdadera emoción, con sentimiento convincente, con sinceridad indiscutible. Es el amor auténtico por el líder. Es el amor por Chávez.

Es probable que nunca antes se haya escuchado a un hombre decirle a otro: “Yo te amo”, salvo en los círculos de alguna intimidad, entre padre e hijo o quizás mediados por algún vínculo de consanguinidad de esos que socialmente permitían una expresión de este tipo sin los sustos y sobresaltos propios de las culturas machistas que nos han caracterizado.

Pero Venezuela es hoy un espacio integral de revolución en el que los cambios han comenzado a expresarse en esferas inimaginables de las relaciones y del compromiso entre los individuos que han aceptado que toda transformación radical, toda verdadera  revolución es y debe ser cultural.

Revolución cultural es, y así comienza a evidenciarse, el que nuestro pueblo se reconozca en lo suyo. Reconocimiento en el que lo venezolano sea algo que nos enorgullece y no de lo que denigramos, que es lo que ocurría anteriormente cuando, alienados por la imposición imperialista de valores foráneos o aplanados por su pensamiento único, nos obligaban a sentir vergüenza o inferioridad ante nuestras costumbres, antes nuestros orígenes, nuestra música, nuestros bailes, nuestras creaciones, nuestra verdadera identidad.

Por eso es que decir “¡Te amo!” a un hombre como Chávez, no es algo desproporcionado, escandaloso o que motive al desconcierto. Es, sencillamente, la expresión de los cambios que se están viviendo. Los valores y la conciencia comienzan a ser otros y, es indudable que el  impulso y definición de esos cambios que el pueblo ha emprendido, han contado y cuentan con el liderazgo de hombre que merece ser amado porque ha demostrado amor e identificación de clase con su pueblo.

La revolución, nuestra Revolución Bolivariana, es un proceso de transformación profunda, que tiene por motor auténtico y verdadero el del amor. Y es el amor que la mueve lo que la hace auténticamente radical, dirigida a dar al traste o cambiar en profundidad los valores y la conciencia para conectarlos con el bienestar colectivo, con la solución de los problemas y deudas heredadas del criminal capitalismo, y con el alcance de la mayor suma de felicidad para todas y todos.

Porque el gobierno que preside el comandante Hugo Chávez es La Revolución al mando y nuestro pueblo percibe, disfruta y defiende los logros que nos están conduciendo al disfrute de la mayor suma de felicidad, es por lo que cada vez se escucha, con auténtico y sincero corazón: “¡Yo amo a ese hombre! ¡Yo amo a Chávez”. Porque este sentimiento, esta forma de agradecimiento, esta forma de amor que se paga con amor, es una manera de decirnos a nosotros mismos, que nos amamos, que amamos el haber encontrado la senda de la liberación, de la independencia verdadera y definitiva, de la soberanía como pueblo. 

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