Dos programas, dos visiones (II)

Mientras que con su llamado Plan de Gobierno, Henrique Capriles, se propone regresarnos al pasado neoliberal, a ese barco que naufraga en el infinito mar de la desesperanza, que es el “capitalismo salvaje”. El Presidente Hugo Chávez, de manera radicalmente contraria, le ha propuesto al pueblo venezolano los lineamientos y principios fundamentales de su Programa de Gobierno para el período 2013-2019, teniendo como fuente primigenia los principios políticos, económicos, sociales y culturales plasmados en la Constitución Bolivariana (1999). Plan que viene a ser, a su vez, la continuación del Proyecto Nacional Simón Bolívar. Primer Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007-2013, con miras a lograr la transición y consolidación del nuevo Proyecto Nacional, la Venezuela Socialista. Independencia y Patria Socialista son, en tal sentido, los principios fundamentales que lo guían.

Lineamientos y Principios que sirven de base teórico-programática para la elaboración del Segundo Plan Socialista Simón Bolívar: 2013-2019. Lineamientos y Principios que le otorgan a dicho Plan de Gobierno una gran trascendencia ya que, por vez primera, el desarrollo nacional es concebido como un proceso y no como un modelo, lo cual supera el etapismo desarrollista, a través del cual se concebía la estructuración de nuestra formación social; conceptualización que le otorga al mismo una visión de largo plazo, con la cual se supera el cortoplacismo y el inmediatismo en el diseño y planificación estratégica de los objetivos a alcanzar; ya que, la construcción de la sociedad socialista debe superar y desechar todo esquematismo en su fraguado. Para nosotros, el socialismo y la democracia son un constante estar haciéndose; por lo que, los cinco principios establecidos en la propuesta de Plan de Gobierno del candidato de la Patria, Hugo Chávez Frías, lo definen como un programa de “transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica”; ya que, por vez primera en nuestro país, el pueblo deja de ser un objeto político, para convertirse en el sujeto fundamental del proceso de cambio y transformación de la formación social venezolana.

Objetivo que no podrá ser alcanzado si no “defendemos, expandimos y consolidamos, nuestra condición de país independiente y soberano; si no erradicamos y superamos los vestigios capitalistas heredados, si no construimos una Venezuela postcapitalista; por lo que, debemos convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político dentro de la Gran Potencia Naciente de América Latina y el Caribe, para garantizar la conformación de una zona de paz en Nuestra América; así como también, con el objetivo de contribuir al desarrollo de una nueva Geopolítica Internacional en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del Universo y garantizar la Paz planetaria; en función de preservar la vida en el planeta y salvar a la especie humana”.  Como puede verse, se trata de una propuesta que parte de una concepción integral del desarrollo, que supera todo reduccionismo, que trasciende el economicismo tradicional de los planes de desarrollo, ya que coloca al venezolano y a Venezuela como el centro de su formulación.

No hay vuelta al pasado. A ese pasado, derrochador de nuestra riqueza nacional. A ese pasado inequitativo y excluyente, que nos lleno de miseria y pobreza, negador de los derechos humanos del pueblo venezolano. A ese pasado nefasto, que instauro la tortura y la desaparición física de miles de venezolanos como práctica política. A ese pasado que fue incapaz de “sembrar el petróleo”, que no dinamizó la economía nacional y nos subsumió en el rentismo petrolero. A ese pasado de democracia representativa, que convirtió al venezolano en un simple votante cada cinco años. A ese pasado vergonzoso, que nos convirtió en una neocolonia del imperio, que nos hizo dependientes y subdesarrollados. A ese pasado racista, que despojo a los pueblos originarios de sus tierras, que los redujo a condiciones de vida infrahumanas, que permitió le fueran arrebatados sus sueños y esperanzas en nombre de la civilización. A ese pasado que institucionalizó la corrupción, la delincuencia de cuello blanco, que llevo al venezolano a vivir entre rejas por la inseguridad, que hizo de los casos del niño Vegas Pérez, Mamera y María Donata, entre muchos otros, símbolos de la impunidad judicial.

Estamos en presencia, pues, de dos programas  y dos visiones: Henrique Capriles propone regresar al pasado, privilegia el capital, niega los derechos sociales, económicos y culturales como derechos humanos, coloca al mercado y la riqueza como el centro del desarrollo económico, sin rostro humano. Hugo Chávez propone construir una Patria nueva, privilegia al venezolano, al ser humano, como sujeto fundamental en la construcción de la misma; le otorga a los derechos sociales, económicos y culturales igual importancia que a los derechos civiles y políticos, para él el desarrollo es la libertad y la felicidad plena de todos los venezolanos.    

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Profesor ULA


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Nelson Pineda Prada


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