¿Cuál es la ideología socialista del siglo XXI?

El proletariado del siglo XIX tuvo una ideología muy precisa por la época en la que se desarrollo determinada por el capitalismo moderno en las grandes ciudades europeas a un tipo de ideales de autorrealización personal y de ambiciones colectivas, en esas circunstancias se publico el manifiesto comunista como alternativa a un mundo sumido en conflictos, pobreza e imperios que no han dejado de existir después del siglo XX.

Los comunistas que quedan fieles al espíritu del manifiesto de Marx y Engels, no aceptan que el comunismo sea un fantasma porque dicen que tomo cuerpo desde 1917, sin embargo, ese cuerpo que tomo murieron en 1989 y luego desde 1991 se descompuso.

Es necesario entender antes de hablar de ideología hoy, que no hay un mundo por ganar sino un mundo por reconstruir, hay que empezar por ahí para una mejor identificación social más allá del conocimiento para el tipo de mujer y hombre nuevo que no llega por falta de ideología.

También hay que entender y aceptar desde el principio por ser un asunto contundente y claro que el manifiesto comunista ya no está allí ni tiene otra teoría que la sustituya para continuar con el proletariado revolucionario.

Lo de China y Cuba es un comunismo que no se asienta como alternativa económica-social y política, lo que lleva a muchas personas a suponer que no tiene protagonismo de alcance mundial, pero, los socialismos del siglo XXI han regresado del reino de lo indefinido, están tomando consistencia histórica en Venezuela y en el horizonte de la posibilidad social están Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Uruguay, con la tercera vía Brasil. 

El socialismo del siglo XXI es reformador para sostener la resistencia de la izquierda contra el capital pero sin ser el proletariado que motivo la redacción de Marx, colocando sobre el papel lo que la masa tenía que dictarle, lamentablemente, ese tipo de humano dejo de existir.

Ese lugar que ocupaba el proletariado del siglo XIX y principios del siglo XX está ocupado por una masa que no cree en sustituir el orden establecido por la vía de las armas, es una sociedad con los mayores adelantos tecnológicos y comunicacionales que invaden con el mundo su casa a través de la TV y el Internet; es un llamado revolucionario que llama de otra manera a cambiar la cultura política porque entiende que democracia es participación y ese es el mejor manifiesto que tienen los pueblos para luchar por la igualdad y la equidad.

Pero, el revolucionario del siglo XIX, XX y XXI coincide con ser una mujer y hombre trabajador hecho por y para la simbiosis tecnológica de los medios de producción industriales, nunca miserable pobre ni identificado con una pobreza digna por el conocimiento que adquirió le permite discernir que la pobreza no solo es económica o material es mental a la que hay que vencer con disciplina, amor, capacitación capaz de superar la ignorancia, esa superación lo hará seguro de sí mismo y orgulloso por estar dispuesto a organizar el cambio político.

El mayor problema para el cambio es cultural; el proletariado tuvo su época desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XX, pero, expertos manifiestan que en la época del mismo Marx había señales de estancamiento y era el tiempo del mayor auge del proletariado. Culturalmente porque a medida que se ganaba terreno en la lucha social y política el proletariado descubría la radicalidad que su proyecto necesitaba para encender una parte de la revolución, la otra parte requería de las reformas y era la parte que se oponía a la radicalidad, sustituyéndola con el realismo político.

Hoy, nos damos cuenta que a medida que avanza el proceso la revolución requiere de radicalidad para resolver la cuestión de la propiedad privada, de la producción y temas de la economía política que choca con la paciencia del gobierno que busca las reformas para lograr los cambios y poder gobernar, es un escenario que ya existía desde la época de Lenin, quien tomo y refuncionalizo el sentido del socialismo.

También nos damos cuenta que ahora no basta nacionalizar las fuerzas productivas ni la toma del poder para cambiar las relaciones de propiedad porque todo está marcado por las formas capitalistas globalizadas. Si un país no cuenta con ciencia y tecnología, soberanía alimentaria, consolidar un proceso revolucionario significa que se está en la inocencia revolucionaria constantemente violada por el capital porque con la tecnología el capitalismo impone sus  sistemas.

Sistema globalizado que acumulo miserias por la densidad demográfica, la pobreza aumento considerablemente y al no ser productiva el sistema entra en crisis porque esa enormidad de gente es inmanejable, costosa y peligrosa; peligrosa porque es informal y no sustituye al empleo formal por no ser integrable para la economía que no crece mas allá de los índices informales, convierte a esa masa de informales en gente oportunista, especuladora que no reivindica ni la igualdad ni la ideología con el cuento de que si no trabajo no como, por cierto, también, es una gran verdad.

Sin ideología es muy poco lo que se puede hacer para enfrentar la uniformidad cultural impuesta por la globalización de la economía que aun en crisis necesita que se debilite mas para proyectar una radicalización que elimine o cambie el sistema combinando los poderes establecidos.

Las nuevas izquierdas han dispersado la ideología porque recurre a innumerables metamorfosis sorprendentemente engañosas así el socialismo del siglo XXI permanece reacio a constituirse en cuanto tal, se afirma con la inversión pública pero sostiene una resistencia a medias al capitalismo, es un obstáculo que impide la transición pronta al socialismo.

Las nuevas izquierdas dispersadas por el respeto que tienen su propia diversidad en la aceptación militante, esa dispersión es un hecho innegable, riega el significado esencial del socialismo.

Es desconcertante y negativo en el sentido de la unidad de la izquierda para combatir la dictadura del capital por la inestabilidad e indefinición de la sociedad hace más difícil vencer al poder que se combate si se está vencido de antemano por él, en la medida que, al ser uno o varios reflejos están condenados a repetir los vicios como lo han demostrado tantas revoluciones en su intento de sustituir un poder por otro que no termina de consolidarse.

En todo caso, es lo mejor que tenemos como nueva izquierda, proceso que deberá prestarle mayor atención al aspecto ideológico para mejorar la cultura revolucionaria del proceso.

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