Carabobo, la batalla crucial

“La independencia y la autodeterminación de los pueblos las consideramos como algo sagrado”.

Hugo Rafael Chávez Frías (2003)

El camino que comenzamos a transitar a partir de 1999, luego que Hugo Chávez ascendiera al poder, con el respaldo mayoritario de la población venezolana, ha estado signado por las dificultades, las traiciones y las emboscadas violentas. Los adversarios del Comandante Presidente lo han intentado todo para truncar la revolución bolivariana e impedir que podamos alcanzar la condición de nación libre, independiente y soberana.

Patria, independencia y soberanía, tres palabras hermosas que sintetizan tres de los objetivos estratégicos del proyecto revolucionario y bolivariano, y en pos de los cuales hemos avanzado una enormidad en esta década de tremendos desafíos y grandes satisfacciones. El primer gran logro tangible de esta lucha desigual contra los superpoderes de la vieja hegemonía, fue darnos una Constitución, de las mejores del mundo en materia de derechos políticos, que establece como principios rectores la participación y el protagonismo popular.  

En segundo lugar destacan el rescate de PDVSA, el control sobre nuestra renta petrolera y el aprovechamiento de esos recursos para el desarrollo humano e integral del país. Los beneficios de esta visión estratégica han favorecido la creación y consolidación de las misiones sociales, que de acuerdo con datos suministrados por el ministro del Poder popular de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, han permitido destinar alrededor de US$ 500.000 mil millones para financiar grandes proyectos en materia de salud, educación, alimentación e infraestructura, entre otros.

Esa suma (cerca de US$ 500 millardos) representa más de 60% del ingreso total de la nación en los últimos 10 años, pero aún ha sido insuficiente para saldar completamente la enorme deuda social heredada del Puntofijismo. Esto contrasta con lo ocurrido en la década pasada del aquelarre neoliberal, cuando apenas 30% del ingreso total de la nación se utilizó para atender el tema social. Pero además, los avances obtenidos en revolución son tangibles, están científicamente documentados y han favorecido a millones de venezolanos que antes no contaban para nada, sino pregúntenle a los viejitos que bastante lacrimógena y planazo recibieron por reclamar el cobro de una mísera pensión, que ni siquiera estaba homologada al salario mínimo. 

Con Chávez la pobreza y la pobreza extrema han disminuido sensiblemente, el empleo formal ha crecido y el empleo informal ha bajado, la economía venezolana crece vigorosa; más del 98% de la población realiza al menos tres comidas diarias, según la IV Encuesta Nacional de Presupuestos Familiares realizada por el Banco Central de Venezuela; sondeos internacionales nos ubican entre los pueblos más felices del mundo y hemos recuperado nuestra moral nacional y el orgullo de sentirnos plenamente bolivarianos, venezolanos y latinoamericanos. Problemas, fallas e ineficiencias?, por supuesto que las ha habido, pero el balance objetivo nos indica que el esfuerzo ha valido la pena y debemos seguir avanzado, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

El 7 de octubre acudiremos democráticamente para decidir en torno a dos modelos, el primero abanderado por el Presidente Comandante, Hugo Chávez, está centrado en fortalecer y consolidar nuestra independencia y soberanía, para incrementar el bienestar y la calidad de vida de todos cuantos habitamos en esta tierra bendita; en la segunda propuesta hay un camino, pero es el camino directo al infierno neoliberal. Estamos seguros de que el pueblo no es pendejo y sabrá escoger lo que realmente le conviene, el rumbo trazado por el Comandante-Presidente es el correcto, el que tenga dudas o está mal informado o es un malintencionado. En Carabobo daremos nuevamente una batalla crucial por nuestra libertad. Qué viva Chávez y que viva Venezuela.   

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