El retrato del Libertador que nos presentan en castigo nuestro

Si este servidor que se atreve a escribir esta nota con manos imparciales: fuera burgués y bolivariano estaría ofendido hasta las tripas del copete de la convicción generacional y, bien irritado se sentiría sin cargos de arrepentimiento de conciencia que lo comprometan emocionalmente de estar viviendo un mal momento de desdicha que le lastima las entrañas de la digna clase burguesa por calamitoso y afrentoso a la vez por la acción fotogénica plasmada en realidad y, el caso es  según nos lo informa el diario -El Nazi-onal- han convertido a Simón Bolívar (el nuestro) de mantuano de sangre española con tendencia caucásica en afrodescendiente -doscientos veintinueve años- después de haber nacido en cuna de oro y, si hay alguien que no vea que esa actitud le enfría el guarapo de la limonada de la distinción del tacto a cualquiera y, más a nosotros que le hemos sacado el mayor provecho económico y social de las miles formas posibles de explotación y viveza patria y, vean con que nos pagan –sigo hablando en sentido figurado- ya que una vez que el presidente Chávez quien jamás ha negado su condición de mestizo nos ha metido en un aprieto histórico –difícil de desandar- con toda la sindéresis y vericuetos ancestrales de conformación biológica de su genética que el acto en sí encierra.

Me place pensar- ahora como burgués liberal no a priori- como un acto de imaginación que, el trabajo que viene por adaptar: el retrato presentado al público que, además no sabemos a que año de la vida de Simón Bolívar atrapa irá por largos años, articulándose a cada cambio de sus años vividos hasta llegar a morir en Santa Marta y, que como se ve será una larga cadena de transformaciones y poses que lo más seguro pasarán siglos tras de ello con mucha pérdida de dinero que nos pertenece como los Amos del Valle y, de la República –ya verán que la odisea de sucesión histórica del personaje- se va a comer vivo a más de uno y, a decir de nuestro futuro presidente que también está recubierto del barro sanguíneo de la familia del libertador no aceptará tal despojo, una vez le corresponda poner las cosas en su santo lugar con la ayuda de nuestras manos administradoras, pero él ha dicho que no perdona ni perdonará que el trabajo realizado por nuestros pintores e historiales se puedan lanzar a las catacumbas del olvido y, dejarnos en blanco y negro de la noche a la mañana –pues, no señor- eso nos enferma y nos mal pone delante el mundo social al cual pertenecemos con hidalguía magisterial y señorial.

Sabemos por intuición natural y mítica que, la historia es una página en blanco que cada ser humano puede dejar sus impresiones a su manera y no hay ni habrá destino alguno que la cambie y, eso hemos hecho y eso seguiremos haciendo, pero nuestro Bolívar es una parte que nos compete íntegramente que lo queremos tanto que fuimos capaces de esconderlo en un baño de Miraflores con la intención de que no fuera testigo del bochorno acto político que se iba a realizar en ese recinto en que nosotros le entregábamos el poder del Estado al “salvador” Pedro Carmona Estanga por un vacío de poder –bien extraño- que se había dado en días del mes de abril de 2002 y, camuflados de ese instinto muy nuestro no involucramos al padre de la patria del mismo.

Lo cierto es que estamos ofuscados y emocionalmente heridos y las ironías que corren a diario en la prensa escrita y en los medios radioeléctricos y televisivos demuestran que nuestra oligarquía no ha perdido un ápice de su naturalidad que siempre fermenta con furia en nuestro poder económico y traspasa y tiene eco positivo donde nos movamos y,  esta vez no acudiremos a CIDH, lo más seguro que iremos a la ONU y no habrá órgano jurídico en el mundo donde nuestra voz no sea oída sobre el caso, pero seguimos en la quietud de la espera con nuestros paladines políticos bregando con su temeridad espacial que abra caminos de esperanza hacia el futuro que nos espera, porque el futuro también lo hemos comprado y, nuestros historiadores que conforman la Academia de la Historia serán los encargados de velar con su verbo tradicional las huellas digitalizadas que conforman el retrato en presente y, ellos son el huracán que arrancan tempestades de convicción que nos dará la fortaleza de recordar al Libertador –solamente dos veces al año- como lo anteriormente lo teníamos normado.

Todo lo antes escrito queda bajo la responsabilidad de todos aquellos que deseen vivir en el Country Club, tengan yate, jet, sueños egoístas, futuro, dinero -mucho dinero en dólares, euros y bolívares- y, todas las propiedades que da la mala vida de estar a donde le venga en ganas estar el día, el mes y el año que quiera y además aspire el poder de jodernos cuando también quiera y, la mala leche de contratar con el Estado. En cambio éste, hace años se le perdió el futuro, ve el momento como si le cantara a su viejo con estas estrofas: “Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando, tiene la tristeza larga, de tanto venir andando”, “yo lo miro desde lejos, pero somos tan distintos, es que creció con el siglo, con tranvía y vino tinto”. ¡Ay, vieja burguesía. Qué mal te acostumbraste!

[email protected]


Esta nota ha sido leída aproximadamente 905 veces.