El rostro de Bolívar

Todo gobernante toma decisiones, para gusto o disgusto de muchos, según sean admiradores o detractores del gobernante de turno y sus acciones. Así, algunos admiran el logro de hechos, otros denigran, se burlan, demonizando los hechos logrados.

Hoy está sobre el tapete el hecho del rostro de Bolívar, reconstruido con el auxilio de las nuevas técnicas computarizadas y siguiendo criterios aportados por las ciencias, por los adelantos materializados para la búsqueda de la verdad, según propósito de la ciencia.

Obviamente, como toda reconstrucción es una aproximación a la materialización real pasada, sin alejarse de la imagen que la iconografía bolivariana nos enseña.

Se reconstruye algo, ciertamente; pero salvo la visión novedosa de lo reconstruido, que es lo que sobresale, la vieja materialidad queda en cierto modo, opacada y oculta por la “barnizada” de lo nuevo, que trata de minimizar la pátina del tiempo. Los materiales de hoy, con su textura, cualidades y caracterizaciones no son iguales a los materiales que en el pasado se utilizaron, por eso la reconstrucción da una visión aproximada, pero en apariencia nueva de la vieja realidad.

El rostro de Bolívar, logrado por procedimientos científicos sofisticados de hoy mueve a la interrogante de muchos: ¿Se parece o no? ¿Es el verdadero rostro?, preguntas fundamentadas en el conocimiento o visión que se tiene de Bolívar, según la iconografía existente.

Son distintas pinturas, de distintos pintores en distintas épocas de la vida de Bolívar. La variedad de criterios artísticos, de momentos y sus caracterizaciones, la creatividad del artista dejan su impronta en la obra de arte, que no siempre se ajusta totalmente al natural.

Así como la imagen escrita, recogida en las variadas y distintas expresiones de quienes lo conocieron, y dejaron sus cuadros, construidos según propios y variados intereses. Es rico en visiones el libro “Bolívar visto por sus contemporáneos” del escritor argentino José Luis Businache.

Y lo mismo ocurre con la fotografía: recoge un instante, congela una expresión momentánea de la persona, que variará de otras fotos tomadas en otros momentos y en otras circunstancias. Las fotos varían, como varía la figura de una persona en el transcurso del tiempo, sin reproducirla en total fidelidad, por eso algunas fotos nuestras nos gustan y otras no.

El rostro de Bolívar, aproximado desde luego, recoge un momento, lo que pudo ser la figura de Bolívar a sus cuarenta y siete años, sin la huella de la enfermedad y la depresión que ella origina.

Como una aproximación debemos verla, y así debemos interpretarla y explicarla, con el vuelo de la imaginación. Nunca conoceremos exactamente la figura de Bolívar.

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