El culto al Líder

A raíz de la vena histórica que se ha inflado con los hallazgos y revelaciones en torno a la imagen de nuestro Libertador Simón Bolívar, y la información suministrada por el Archivo General de la Nación, de la pronta difusión de los documentos de nuestro Libertador y del Generalísimo Francisco de Miranda; no nos queda sino llenarnos de sano orgullo, que enaltece el gentilicio de nuestra patria y de la patria grande.

A mi juicio, estos logros lejos de exaltar el culto alienante a nuestro Libertador, inician un proceso indetenible de quiebre histórico que presenta a un Bolívar de carne y hueso, a un Bolívar persona, que reivindica lo humano; y que en contradicción a la tradición heroica convierte al mito en hombre, en ser de carne y hueso.

El culto a Bolívar ha sido una de las trampas de la historiografía tradicional, donde se disimuló el verdadero sentido de nuestra historia republicana. Mostrarnos a un ser impoluto, que flota sobre lo humano adquiriendo rasgos angelicales, es una trampa de la dominación que pretende la adoración del mito y la negación de los hechos. Es una trampa que construyó lo irreal prefigurando una postura cuasireligiosa del héroe a quien podemos acercarnos a través de la fe, de la adoración ausente de crítica, de la irracionalidad de lo inalcanzable, del culto insostenible de lo etéreo.

Ni el culto a Bolívar ni el anticulto al héroe, han sido inocentes; detrás de ellos existe la manipulación que obedece a planes de dominación tanto de intereses nacionales como internacionales. Vaciar la memoria que configura nuestra identidad y trasplantar otra ajena o huera, es una condición que precede y fortalece la dominación cultural y política. Al seguir el discurso histórico observamos cómo dependiendo de las circunstancias políticas y económicas el culto a Bolívar se destaca, alejándolo de la realidad. Leamos la visión de los positivistas y evolucionistas ideólogos del gomecismo, y observemos el uso que hacen de la imagen de Bolívar en torno a la construcción del Gendarme Necesario. Nada inocente. Revisemos el papel discursivo de la mismísima iglesia católica con relación al Libertador citando al monseñor Enrique María Dubuc, en un discurso pronunciado en 1942 ante los restos del Libertador: “Si nadie puede ser cristiano genuino, ni puede conocer nuestra Religión desconociendo al Autor de ella que es Jesucristo, ninguno de nosotros puede ser buen patriota, ni tener un concepto preciso de Patria sino conoce en espíritu y en verdad al Padre de ella, Simón Bolívar”. Primero cristiano después patriota. La cuarta república con una suerte de posición “cientificista” ante el hecho histórico bolivariano, suaviza la figura y la obra del Libertador, tratando de banalizarla al criticar el Culto a Bolívar –ver a Carrera Damas- destacando las apologías históricas y ocultando con “rigurosidad científica” los procesos subyacentes a la vida y gesta del Padre de la Patria.

El carmonazo y las acciones realizadas por los que conspiraron contra el proceso bolivariano, el ocultamiento del cuadro de nuestro Libertador es un ejemplo del anticulto a Bolívar, y como este se ha convertido en los articulistas de derecha, en el culto negativo al presidente Chávez. A través de la mentira y de la infamia se crea el antihéroe de la democracia cuartorepublicana. En sentido negativo se exaltan las acciones de gobierno, se rinde un culto negativo al líder del proceso revolucionario, pero adoración a fin de cuentas. Los articulistas de derecha no pueden fijar su atención discursiva sino en la figura de Chávez. Aunque no lo reconozcan, distraen su propia atención buscando a un líder. Lo aman odiándolo. Lo reconocen negándolo. Aunque no lo quieran aceptar, lo respetan y lo admiran, aunque no lo confiesen le temen; en fin, le rinden culto a Chávez.


Sociólogo

[email protected]

Esta nota ha sido leída aproximadamente 1474 veces.