El Caracol

La vida de algunos actores de la política nacional pareciera ser alimentados de algún insondable y extraña droga cuyos efectos fantásticos los hace volar al sombrío mundo de la inseguridad. La inseguridad y el fantástico y terrorífico imaginario que se ha creado causa angustia e inseguridad en la población, es una obra monumental a la fantasía y el estremecimiento. Trabajo comparable a aquella incitante obra de la zozobra, el temor y espanto publico que logro en 1938 Orson Wells con su famosa transmisión de su programa radial “La guerra de dos mundos”. El locutor anunciaba la feroz caída de meteoritos que posteriormente, diría, corresponder a disparos de extrañas naves marcianas que derrotarían a las fuerzas norteamericanas usando una especie de "rayo de calor" y gases venenosos. Los efectos en el publico fueron aterradores. La prensa de la derecha a logrado maravillas horadando en el espacio del temor de buena parte de la población. Misión dirigida a crear Clima de Opinión que se correlacione con la inseguridad y el temor y sume votos. Variables que racionalmente no se relacionan con los datos los objetivos que se muestran sobre violencia. A pesar de ello, espanta la forma como cada persona hace variaciones y fabula sobre el tema de la inseguridad. Según se recoge en crónicas y reportajes diarios, -los caraqueños, sobre todo-, ha reordenado sus esquemas de vida, por ejemplo, para ellos el mundo ciudadano está “clausurado” con la caída del sol. Cada ser ha decretado su estado de sitio. Creado normas de autoexilio domiciliario. Las salidas fuera de los espacios de zona, es regla que no se puede contravenir. Son cánones sociales. Dogmas, que no se pueden revisar y menos contravenir. El esquema de terror busca mantener un Estado de angustia general. Orden para que que cada se produzcan nuevas fuentes de ansiedad. Los recursos para alimentar la alienación son infinitos. Entre los últimos inventos, estuvo ese que revelaba la existencia de un sistemas desconocido de tuberías para distribuir heces en lugar del esperado servicio de aguas potables. Imposible negar que la violencia es un problema que percibe como grave la mayoría de la población de los países del continente grande. Sin embargo, en unos países mas que otros, el manejo mediático a terminado por limitar la capacidad de la inteligencia reflexiva sobre el tema. Igual obnubila la capacidad de reflexión que traba la debida conducción de los líderes políticos. A lo cual, debemos agregar que, también la politización del debate evita el análisis técnico y coloca las propuestas electorales en el centro de la agenda. Proceso que oscurece mas la comprensión del problema. Fenómeno que solicita y no consigue datos objetivos y subjetivos para analizarlo con metódicas válidas. Hasta ahora, los indicadores objetivos que se manejan en nuestras sociedades en este tema, están lejos de estar estandarizados y las preguntas de la opinión publica sobre la violencia menos aún. Sigue siendo tema sobre el cual existen más dudas que certezas; puesto que la inseguridad se basa únicamente en la opinión publica; que no es otra cosa que un conglomerado de respuestas individuales que no tienen un ente articulador. Por demás, es esencialmente miope, interesada, maleable y no tiene visión de futuro, y peor aún, solo refleja lo que el investigador pregunta. Lo grave es que, su mayor valor consiste en visibilizar fenómenos presentes no palpables a simple vista. Tornándolo pura tautología. Ejemplo, en Venezuela, la estrategia consorciada con los sistema de comunicación privados del país y sus novecientos y tantas medio escritos, ochenta estaciones de televisión mas sus trecientas emisoras, aseguraban que Ud. debía ser objeto de un baño con daños, causados por heces si abría el grifo de agua de su casa. Mas violencia imposible. A este artificial ambiente de terror, tenemos que agregar que por todos lo medios, especialmente cine y TV nos inunda una nueva serie de películas que exaltan la violencia. Algunas, con animalejos exóticos. También las muy populares de vampiros y súcubas que vienen a mordernos el cuello, adonde estemos, incluida nuestra casa. Espectáculo que sin duda también aporta su granito de arena al clima de terror que se percibe. Para completar, ahora nos ataca otro peligrosísimo enemigo recién inventado. Se trata de un horrible y cornudo animal que protegido por una poderosísima coraza de color negro, sirve para proteger su terrible arma destructiva: una baba de aspecto gelatinoso que va dejando a su paso, no se sabe hasta ahora, con cuales monstruosas intenciones. Monstruo que ni El Hombre Araña o Batman podrán parar. Aquí comienza la ficción: para un avezado y eficaz tuitero estos efectos babosos, obviamente tienen que ser letales, aunque desconocida sea su potencial e imprevisible fuerza patológica. Un Ex ministro de sanidad y una Ex directora de salud publica al amparo y consonancia con un grupo de “académicos”, de los que nunca faltan en esas salsas, -que no quisieron revelar sus nombre, por temor a las represalias del rrrégimen-, solo expresaron que pertenecen a la ONG “Misioneros del Caracol”, declaran, que es una las endemias mas terribles que a padecido el país. Sobre todo por que no se tiene precedente de que, antes, se halla formado un ejercito de caracoles de este tipo; un médico infectó logo, (que antes declaró con base a algo que supo sobre el cáncer del Presidente) y un grupo de científicos de biólogos financiados por SeDiCe, dedicados al mismo tema, dicen que esta fiera se identifica como de la especie de los pesuvistaceos chavisticus, originarios del África septentrional, pero que en su contacto con Venezuela mudaron a una variedad arrrr..chisima, la cabellisticacea madurae, la que ahora nos amenaza. Según dicen, atrevidísima, por su potencia reproductiva. Mientras esas criaturas del averno, babean e impasiblemente avanzan, la campaña casa por casa, avanza al mismo ritmo que el caracol. Pero no olvidemos, Venezuela ha sido “atrapada” por el clima de opinión de que el crimen, la delincuencia, ha tomado la agenda informativa y domina las comunicaciones sociales y la vida intima de la gente. Grave asunto.

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