Pobre derecha

Ya se sabe que las comparaciones suelen ser chocantes pero a veces son inevitables. Escuchando el discurso magistral del presidente Chávez con motivo del 229 aniversario del natalicio del Libertador, lleno de erudición, admiración y respeto, con anécdotas y detalles que sólo conoce un estudioso, y con la fluidez que le caracteriza como orador, era imposible no imaginarse la situación de un hipotético “primer mandatario Capriles”, en un acto tan solemne como el señalado.

Por supuesto que al igual que con los presidentes de la Cuarta República, el joven “flaquito y achocolatado” contaría con historiadores de los que edulcoraron a Bolívar convirtiéndolo en una figura inerme; o con plumas prestadas como la de aquel “manos limpias” y pionero brinca talanquera, que le hacía los discursos a CAP, para que le redacten “sus” conferencias. Pero el problema es de contenido, de orientación, de carisma, de pasión nacionalista, de identificación latinoamericana, de consecuencia entre palabra y acción. Y si lo más elemental, que es conocer bien al país, no se logra en una campaña, por más que el sujeto haya comenzado la suya antes de que el árbitro hiciera el disparo, menos aún se pueden adquirir las cualidades del otro. Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta, decían en otros tiempos. Ni creo que le ayude mucho eso de forjar documentos, decir groserías, ni mucho menos tratar de imitar a Chávez.

Por eso es lamentable la situación del elector de la derecha. En épocas pasadas, la burguesía estuvo representada por intelectuales aristócratas como Uslar Pietri, por lingüistas y especialistas en derecho laboral como Rafael Caldera, o por tribunos destacados como Jóvito Villalba. Pero ahora los pitiyanquis deben sufragar por un supuesto sobrino octavo de Bolívar (que en caso de que eso sea cierto, sin duda muestra una enorme degeneración genética de la estirpe), incapaz de articular frases coherentes más allá del autobús del progreso y que además se considera un adonis.  

Ante la precariedad del adversario, el Presidente debe cuidarse, mantener la sobriedad y la consideración con el opositor, aunque éste no se respete a sí mismo, ni lo hagan sus copartidarios.

Profesor UCV

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