Mantener invisible al fantasma

Me curo en salud reiterando lo que mis amigos y compatriotas conocen, mi resteo con la Revolución, con el Comandante Presidente y mi PSUV, del cual soy cofundador. Digo esto cuando hago una alerta que no quiero sea mal interpretada, sino que sea reflexión para afinar la estrategia de la campaña electoral que debe conducirnos a la reelección de Chávez, a la profundización de la Revolución y a una nueva derrota de los enemigos del pueblo, el imperialismo y los protectores de los privilegios de la oligarquía.

Me preocupa profundamente que gastamos tiempo y centimetraje hablando del fantasma, del candidato majunche que no existe como realidad y líder, ni tiene condición alguna para regir los destinos de la República, en lugar de dedicarnos a resaltar las virtudes y logros del Presidente Chávez, y a poner de manifiesto nuestro Programa y compromiso con la consolidación y expanción del Socialismo Bolivariano del siglo XXI.

Mantener invisible al fantasma es lo que corresponde; de tanto hablar de él comenzamos a visualizarlo. No entiendo por qué nuestros voceros lo están haciendo objeto del discurso de campaña. Mantengámoslo invisible, esa es la estrategia correcta. Pero no es así, de él hablamos cada día, peor aún focalizamos nuestro discurso hacia las babiecadas que dice, al punto de que muchas veces es él quien pone la agenda de discusión.

Nuestro Candidato, su perfil humano, los alcances de la Revolución que lideriza y lo que él significa para el futuro de la patria socialista debe ser el objetivo. Es de él de quien debemos hablar, de sus aciertos y proyección de su obra y planteamientos, de sus ideas y logros; esa debe ser la agenda de discusión. Obliguemos al candidato de los escuálidos a que él y todos los recursos de que dispone se focalicen en Chávez, y en la discusión de nuestro Programa. Eso es estratégicamente lo conveniente.

Si algo diferencia radicalmente la campaña majunche de la revolucionaria es el Programa a realizar en el próximo sextenio, y su proyección al futuro. Los escuálidos en realidad no tienen programa, una sola idea los mueve: la vuelta al pasado y la recuperación de los privilegios para la oligarquía criolla y el imperialismo internacional. ¿Quién entiende que poseyendo nosotros el Programa de la Patria 2013-2019, propuesto por el Comandante Presidente, nos olvidemos de él? Permitánme decirlo con honestidad, ni siquiera la mayoría de nosotros, pesuvistas y chavistas, conoce a plenitud el Programa de la Patria.

Los Cinco Grandes Objetivos Históricos Nacionales deben ser conocidos, difundidos y convertidos en foco de discusión. I.- Defender, expandir y consolidar el bien más preciado que hemos reconquistado después de 200 años: la Independencia Nacional. II.- Continuar construyendo el Socialismo Bolivariano del Siglo XXI en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo, y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad” para nuestro pueblo. III.- Convertir a Venezuela en un país potencia en lo social, lo económico y lo político, dentro de la gran potencia naciente de América Latina y el Caribe, que garantice la conformación de una zona de paz en nuestra América. IV.- Contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica nacional, en la cual tome cuerpo un mundo multicéntrico y pluripolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria; y V.- Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana.

No botemos la bola. Ganar, ganar bien y contundentemente es nuestro objetivo electoral. Al compatriota profesor Aristóbulo Istúriz, Jefe de nuestra campaña en el Estado Miranda, le he escuchado hablar del compromiso revolucionario y de lo que significa nuestro objetivo estratégico. Está claro Aristóbulo. ¿A dónde va nuestra campaña? Que no sea el candidato majunche -el fantasma invisible- quien nos ponga el tema a debatir. Por supuesto que hay suficiente tiempo para rectificar el error creciente en los últimos días. Por amor y compromiso hago esta crítica pública, porque público y visible es el error estratégico.

(*) Luchador social y político

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