Recetas electorales (I)

Una de las cosas que más abundan en las elecciones son los recetarios de cómo ganar o en el peor de los casos sobrevivir a la derrota. Desde brujos, demagogos, hasta supuestos expertos en marketing político creen tener la bola de cristal donde se ve el futuro y se dilucida quién será el triunfador. La mayoría de los que hacen alarde de analistas políticos desde los medios de difusión, asumen que las “recetas” para triunfar en una contienda es un hecho reciente, defienden que las formulitas electorales se diseñaron con el nacimiento de la democracia desde su noción moderna. El tema es más antiguo de lo que presumimos. No surge con el famoso primer debate televisado en la historia entre Kennedy y Nixon en el año 1960, ni mucho menos tiene su origen en las elucubraciones de quienes piensan que un líder no nace, pero sí se hace en los laboratorios propagandísticos. Rememoremos un poco para descubrir donde aparecieron algunas de las tácticas y estrategias de las tan mencionadas “campañas electorales”. En el año 64 antes de cristo, Marco Tulio Cicerón se planteó el reto de alcanzar un puesto en el consulado romano. Sabiendo lo complejo de tal compromiso y entendiendo que sus cualidades como orador no serían suficientes para concretar esta meta, dedicó parte de su tiempo en estudiar cada detalle que se involucra en las pugnas por el poder. Sabía muy bien que la pura retórica, excepcional de su parte, sería exigua en el ruedo político si no la acompañaba con otros elementos vinculados con la acción, el comportamiento fraterno, la consolidación de un entorno adecuado y la aplicación incluso de ciertas argucias.

Su hermano menor, Quinto Tulio Cicerón, le diseñó un “tratadito” en el cual le expuso una serie de aspectos que hoy, en los albores del siglo XXI, aún tienen vigencia. Quinto Cicerón expone en su texto Breviario de Campaña Electoral, los siguientes puntos que en lo personal considero merecen nuestra atención en estos tiempos de indigestión propagandística acompasada por la videopolítica, el show electorero y el mal gusto; todas estas características propias de la vacuidad en el debate y sin el menor sentido reflexivo sobre la importancia que tienen unas elecciones en nuestro caso presidenciales; por lo menos del lado de la oposición es así. Recomendaba por ejemplo Quinto Cicerón a su hermano que: “…si pones en práctica lo que generosamente te han concedido la naturaleza y el estudio, y de lo que siempre te has valido, si haces lo que las circunstancias exigen de ti, lo que puedes y lo que debes, no te será difícil hacer frente a unos rivales la fama de cuyos vicios es mayor que la distinción de su linaje”. Le sugería además que: “una candidatura a un cargo público debe centrarse en el logro de dos objetivos: obtener la adhesión de los amigos y el favor popular”. Al referirse al entorno en el cual se dirime la contienda electoral, Quinto Tulio Cicerón le indica a su hermano Marco Tulio Cicerón que: “dedícate a la ciudad entera, a todas las corporaciones, a las aldeas, a los barrios; si te ganas la amistad de los hombres más importantes de estos grupos, podrás fácilmente, gracias a ellos, contar con el resto…. Sigue la pista de los hombres de cada lugar, asegúrate de tu adhesión, procura que hagan campaña a tu favor entre sus vecinos y que, por así decirlo, se conviertan en candidatos por cuenta tuya”. No vacila además en advertirle a Marco Tulio que “si oyeras decir o te dieras cuenta de que uno que se ha comprometido contigo te está haciendo, por así decirlo, el doble juego, procura hacer ver que ni has oído ni sabes nada del asunto; si alguien, creyéndose sospechoso, quiere justificarse ante ti, sostendrás que nunca has dudado de sus intenciones ni crees tener motivo para hacerlo; en realidad, quien supone que no se está satisfecho de él en modo alguno puede ser tu amigo”. Como vemos en materia electoral no es sólo exaltar la simpatía del candidato, implica además captar votos a través de métodos donde el comportamiento del candidato es clave, donde la ponderación es determinante, donde la conexión con el votante depende en muchos casos de la combinación de factores como la emoción y la razón. No es un modelo inamovible el que plantea Quinto Tulio Cicerón, sin embargo su esencia se mantiene después de tantos siglos. En la segunda y última parte de este artículo les expondré el punto al que hace referencia Quinto Cicerón sobre los enemigos, además el concerniente a la opinión pública y los otros movimientos que hizo Marco Tulio Cicerón para alcanzar un puesto como consulado en la magistratura más importante de lo que en el año 64 A.C. se llamaba República Romana.



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