¿Crítica o crísica?

La crítica es una acción de libertad. No se puede entender proceso donde prevalezca la esencia humana donde no se reconozca el espíritu crítico. La crítica es un impulso libre de optar -decía Freire- donde los seres humanos con el mundo enjuician, valoran, disciernen sobre las acciones humanas y mundanas estableciendo puntos de vista sobre lo que debería ser o sobre lo que se debería hacer, luego de una perspectiva determinada y racionalizada de manera consciente, subjetiva y responsable. El espíritu crítico escarba en los hechos, radicaliza sus esfuerzos buscando la raíz de las cosas humanas, de la naturaleza o del espíritu. El espíritu crítico investiga, vence el impulso de sus entrañas y haciendo acto de valor y de honestidad intelectual reconoce lo bueno y lo malo; los logros y retrocesos; la lentitud y la rapidez de los procesos esenciales; destaca el papel de las circunstancias y sus efectos, no evita las contradicciones, las confronta cabalgando sobre ellas.

La acción crísica es un movimiento alienante, que niega la posibilidad de pensar y razonar de otra manera pues no se persigue la certeza ni la verdad, sólo se destaca lo que el individuo cree que piensa y por lo tanto cree que es. El pensamiento crísico niega los hechos ocultándolos, los invisibiliza con la intensión de crear “verdades viscerales”, verdades emocionales sin soportes racionales. Esta propuesta gira en torno al culto de la imagen y la información mediática sin plantearse con sentido responsable la opción informativa alternativa.  La acción crísica niega la fuerza de la ciencia y la disuelve en el simple “sentido común”, en el intelectualismo soso; usa la evidencia de los hechos sin analizarlos apropiadamente en sus circunstancias y contextos. El pensar crísico actúa por impulso, casi por reflejo instintivo ante el movimiento de la historia que normalmente lo desborda, se le hace incomprensible; por lo tanto descarta el análisis pues niega la otra mirada, la mirada diferente a la suya.

Es común en nuestro debate político –más de la derecha que de la izquierda- el discurso emocional e intencional que se aleja de los eventos acaecidos en la compleja realidad nacional e internacional -pasada y presente. Se argumentan situaciones y procesos, sin evidencia alguna; se niega el recurso cuantitativo que bajo la figura de cifras estadísticas, de datos económicos, de indicadores, de índices; revela el conocimiento contextual disminuyendo los grados de incertidumbre. Hace pocas semanas atrás leía en un diario de la región -Diario de los Andes (14 de junio 2012). Crisis: Francisco González Cruz- un artículo sobre la crisis española y casi que al final del mismo uno como que terminaba convenciéndose que allá no pasaba nada, que todo era chévere y que los españoles cómo que estaban contentos con su crisis porque según el articulista se podía tomar vino, comer tortillas y decir “ole”. La otra realidad es diferente a las tortillas: se esperan 6 millones de desempleados para fines de este año, manifestaciones y represiones diarias, aumento del IVA, de la electricidad, disminución de las prestaciones por desempleo, disminución del bono navideño y de las prestaciones sociales, afectación del sistema de pensiones, entre otras menudencias como la inyección de 100.000 millones de euros a la banca privada en detrimento de 200 millones a la minería para la reactivación del Plan Carbón.

Con relación a nuestro país,  la mayoría de los articulistas de derecha olvidan nuestros logros sociales, políticos y económicos. Así, es difícil leer argumentaciones de derecha en torno a la inversión social que pasó de un 36,2% en 1998 a un 60,7% al cierre del 2011. La CEPAL (Comisión Económica para América Latina), que no es precisamente chavista destaca en su informe que en 1998 la pobreza general por hogares en nuestro país, era del 43,9% y pasó al segundo semestre del 2011 a un 26,7%; igualmente, la pobreza extrema bajó del 17,1% en 1998 a un 7% en la última medición del año 2011. La matrícula universitaria ascendió  en términos cuantitativos de 785.000 estudiantes en 1998 a 2.340.000 matriculados en el 2011. Algunas buenas amistades de derecha sienten preocupación porque su expectativa de vida aumentó de 72,11 años a 74,30 años, y por los vientos que soplan los van a vivir bajo el nuevo gobierno de Chávez. 

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