Jóvenes lean la historia. 16 de julio de 1962

Allanamiento

“Vale vamos a echarle bola a la revolución, no escuchaste a Teodoro Petkoff decir que hay que acabar con el capitalismo burgués que tiene sometido al pueblo en la esclavitud, la pobreza y el hambre”

Así le decía Jaime a Chucho en la bodeguita de Melluzo, un italiano que era soplón de gobierno ADECO de Rómulo Betancourt. Jaime tenía 15 años y Chucho 17. Los dos vivían en el 23 de Enero, los dos eran admiradores del Che Guevara. Jaime decía que él quería ser un hombre útil a su pueblo, libertarlo de las injusticias, darle educación, respeto y patriotismo. Y Chucho asentía emocionado:

-Jaime un día seremos recordados como unos primos que vivían en estos bloques y que no permanecieron ajenos a los problemas de su país, de su patria…- y se les ponían los cachetes coloraditos.

El italiano pasaba de un lugar a otro. Era un sujeto desgarbado que siempre vestía de flux y corbata. Poseía un rostro aguileño y unos ojos pequeños sin brillo henchidos de maldad. Sus labios eran delgados. Sus orejas parecían dos radares captando lo que decían los dos adolescentes, imbuidos en ese maravilloso mundo de los sueños. El italiano sabía el número del apartamento donde habitaban los primos. Éstos se comieron dos arepitas fritas y se fueron hablando de LIBERTADES, de justicia, de un nuevo día donde la equidad en la sociedad venezolana se hiciera realidad y no hubiese disparidades, con un gobierno que no fuera torturador, perseguidor de los jóvenes, censurador de pensamientos…

Eran las 2 p.m. del día 17 de julio de 1962. Una camioneta de la PM se estacionó en la parte frontal del bloque. La luna se ocultó huyéndole a una sombra policrómica que se atravesó bajo sus haces. Seis policías bajaron de la camioneta y emprendieron, sigilosamente su andar sobre las bolsas de basuras que había sobre el suelo. Penetraron por las escaleras de la letra “D”. Llevaban cascos. Llegaron a un apartamento del piso 6. El 23 de Enero es sublime. Sus centenares de bloques parecen moverse ante el peligro, como linces que pasan swiches y encienden acechanzas. Rafael se asomó a la ventana de su apartamento y vio la camioneta de la PM. Se alarmó, se vistió y bajó. Era otro joven lleno de ilusiones, se la daba de arrechote, era un viejo Ho, un Mao recorriendo montañas, liberando pueblos, hablando con sus hermanos del malvado imperialismo que los cipayos pretendían sembrar en América…

La puerta cayó derribada al contacto de las culatas de los fusiles de los policías. “Quietos todos”. Gritó uno de ellos bajo la  semi oscuridad. La madre de Chucho dormía. Despertó sobresaltada y encendió la luz. Uno de los policías se asomó por un lado de la cortina. “Coño esa mujer está bien buena, Andrés”, le musitó a uno de sus colegas. Los otros 4 colocaron las puntas de sus armas sobre los muchachos que igualmente despertaron  en la otra habitación y nada pudieron hacer.

Julio preparó una Molotov en la planta baja. Tenía un lugar secreto ahí. Luego subió al piso 4 y la lanzó sobre la patrulla…pero falló. El chofer de la patrulla salió y abrió fuego. La bala no le dio en la humanidad a Julio, sino que entró al 3er piso y se anidó en el cuerpito de Samuel, un niño que dormía y durmió para siempre…

Julio sudaba copiosamente, a esa hora…pero se despertaron los otros camaradas juveniles y se pusieron a lanzarles objetos a la camioneta a gritar: ¡Rómulo asesino de juventud! Chucho y Jaime con las manos atadas eran empujados a la parte de atrás del siniestro vehículo. La madre de Chucho yacía sangrante cerca de su cama, violada, implorando. Julio lloró bajo el único bombillo del piso 8 que tambaleaba empujado por la  fría brisa de aquella inolvidable madrugada. Después se unieron todos y juraron no dejar de luchar jamás por la patria… De Jaime y Chucho nunca se supo, no aparecieron en las policías, ni en los hospitales, ni en la DIGEPOL Se los tragó la madrugada, se lo engulló el régimen ADECO de Rómulo Betancourt. Así son ellos; así es la MUD, así es Radonski…

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Ángel V. Rivas


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