Las preocupaciones del arañero de Sabaneta

Ciertamente, uno de los problemas en todos los países es la inseguridad, afortunadamente, en los medios de comunicación privados de otras naciones no la magnifican como lo hacen en Venezuela. Imaginémonos al New York Times reseñando la estadística de todos los asesinatos ocurridos semanalmente en los EEUU y la colocara como un titular. Esto sería un verdadero parte de guerra. Uno de las preocupaciones de mi comandante Hugo es la solución de este problema, para esto se ha creado la Gran Misión A Toda Vida Venezuela, asimismo, hace esfuerzos continuos con los organismos que le compete el asunto para atacar esta aberración social. Pero pareciera que los medios de comunicación privados permanecen ajeno a este problema y no asumen su cota de responsabilidad en materia de violencia televisiva, lo cual contribuye a empeorar la inseguridad.

Es indiscutible, la televisión es en el día de hoy uno de los instrumentos más influyentes en la conducta de niños, jóvenes y adultos. Es tal su influjo, según puede afirmarse, que es el medio más adecuado para insertar a los televidentes dentro de un proceso cultural, político y económico de carácter universal, conocido en la actualidad como mundialización o globalización. Esto quiere decir: la televisión está llamada a tener un puesto preponderante en el proceso efectivo de la internacionalización. Nada diferente al concepto globalizado de la religión única en tiempos pasados o de las vetustas monarquías, las cuales implantaron un modelo único de gobernar. Es por esto que las familias aristócratas se cruzaban entre sí para controlar a la humanidad, en lo tocante a lo político y en lo económico. Por el pensamiento universal, “el Dios único y verdadero” combatieron los antiguos cruzados y en la actualidad, la televisión propicia tal concepto utilizando otras armas, llamada por algunos como manipulación mediática. No es el caso de una fe ecuménica, como en otros tiempos era la doctrina de una Fe, sino en una sola concepción política, social y económica de gobierno. De esta manera, la televisión favorece entre los habitantes del planeta la única forma de vida, el estupidismo capitalista: la misma comida, ropa, calzado, música, juguete, etc. Ya a los doce años un niño de cualquier parte del planeta utiliza palabras como: Mac Donald, Burguer, Barbie, Mall, Hallowen, Superman, dólar, happy birthday, baby sister, Hollywood, baby shower, reality show, hot dog, FBI, CIA, DEA,…y numerosos vocablos anglosajones que los van incorporando a su pensamiento, aceptando, casi de manera natural, el mundo de consumidores.

Es notoria la forma de influir los programas televisivos en la idea de una vigilancia universal dirigida desde los Estado Unidos. Numerosas son las películas con una gran carga de violencia difundida a través de los programas por cable, un buen garante de la globalización. En estas series televisivas y en ciertos filmes, los agentes policiales o espías, como el “Agente 007” (similares a los funcionarios de la CIA, FBI, DEA…), pueden trasladarse, desde EEUU o del Reino Unido, hacia cualquier parte del mundo, aterrizando sus jets particulares sin pasar por las engorrosas aduanas, sin visa, sin permiso de los gobiernos locales y con aquiescencia para matar. Todo esto con el fin de combatir en tierras ajenas el terrorismo, el narcotráfico, la defensa de los derechos humanos, garantizar la democracia representativa, o cualquier cosa que se les ocurra a los productores. Es una manera de sensibilizar a la población para aceptar, en un futuro muy próximo y casi de manera natural, la presencia de agentes estadounidenses en cualquier parte del planeta. Y qué decir de la exaltación de los niveles de vida de los nacos traficantes y de los asaltantes de bancos, cuyas riquezas es comparable a las de cualquier bandido aristócrata, exhibiendo costosas mansiones, carros lujosos, jets privado y hermosas amantes rodeadas de un exuberante lujo.

Indudablemente, la propaganda insertada en los mensajes televisivos y los de las películas hollywoodense ejercen notoria influencia sobre el público que parece carente de imparcialidad ni algo parecido. La información hertziana cada día es más influyente en la conducta de las personas, quienes no advierten que dicha publicidad es controlada, dirigida y aprovechada por grandes consorcios económicos, cuya única finalidad es vender y la obtención de pingües ganancias. A parte, de ejercer influencia en la imposición del capitalismo, como el único modelo político-económico. Da la impresión que la televisión y la tecnología moderna se convirtieron en la mejor arma de las oligarquías para estupidizar a la gente.

La maleficencia de la programación televisiva desvirtúa las bondades de la tecnología, dirigiendo la atención del televidente hacia la apología del delito, la guerra, violencia exagerada, consumo de alcohol y drogas, observadas normalmente en las películas y teleculebras. Aunado a esto, la forma tan descarada como falsea la idiosincrasia de algunas nacionalidades, causando así la división de los congéneres planetarios. Muchas veces se observan películas donde se le endilgan a grupos étnicos epítetos, tales como: traficantes, terroristas, mafiosos, fascistas, espaldas mojadas, viciosos, tercermundista, sudacas…entre otros. Como consecuencia, la TV incita a los usuarios a identificar el gentilicio de algunos grupos humanos con tales motes: los italianos son mafiosos; los colombianos, traficantes; los árabes, terroristas; los alemanes, fascistas; los irlandeses, asesinos; los chinos, falsificadores; los suramericanos, tercermundistas o sudacas; los mejicanos, espaldas mojadas o ilegales; los negros, delincuentes o violadores; los rusos, traficantes de armas o tratantes de blancas; los gitanos de rateros; no se escapan los homosexuales, tildándolos de depravados o viciosos. Tales situaciones promueven el odio, la violencia y el racismo entre los humanos, con el agravante, que esos calificativos lo reciben, por lo general, las poblaciones económicamente más pobres o los excluidos sociales. Es evidente, la televisión no ayuda a la unión de los pueblos, más bien a separarse y odiarse entre si. No entiendo, cómo los televidentes no han boicoteado tales programaciones, éstas contribuyen a deformar la mentalidad de niños y jóvenes. Tenía razón mi viejo profesor de pedagogía “lo que la escuela logra en una año, la televisión lo destruye en una hora”.

Evidentemente, los medios de comunicación privados no pueden subsistir sin la publicidad. Los dueños de los primeros están amarrados a los ingresos provenientes de la segunda y ésta, tampoco pueden existir sin el pago que hacen los propietarios de las empresas, a cuyos productos le hacen propaganda comercial. Ésta, en los últimos años, constituye unos de los aspectos más abominables. Toda marca comercial que aparece bajo las luces de la pantalla de un televisor o como un pregón repetido infinitud de veces en un programa de radio, es aceptado por los usuarios de los medios como un mandato divino.

Lo grave del mercadeo, a través de las emisoras televisivas, es la propaganda de grandes cantidades de productos nocivos para la vida. Se promocionan gaseosas de alto contenido de azúcar causante de la obesidad de los niños, jóvenes y adultos; se mercantilizan diversos productos enlatados con químicos dañinos para la salud; se ofrecen todo tipo de pócimas y cápsulas para adelgazar, muchos de estos perjudiciales y de ninguna eficacia; se promueven fármacos sin ningún tipo de probidad científica adecuados para la cura de ciertas enfermedades. Inducen al juego de azar que envicia a las personas. Uno de los engaños de la publicidad, entre tantos, es la existencia de productos cuya marca identifica bebidas para niños y jóvenes, pero también para adultos, es el caso de la cerveza. Me refiero específicamente a las maltas. Esta nefasta estrategia de promoción confunde a los niños; una vez que pasan a la edad adulta podrían continuar ingiriendo la bebida que identifica la marca de la malta (Polar, Regional, Brhama., Zulia...), pero en este caso, tomando cerveza. Estas propagadas favorecen e inducen, de alguna manera, el consumo de bebidas alcohólicas desde edad temprana. Utilizan para esto el mismo logotipo, la misma botella y la misma promoción de la cerveza. Es importante resaltar, según las estadísticas, la influencia del consumo de bebidas alcohólicas está vinculada al alto índice delictivo

Dado el problema de alcoholismo existente en todos los estratos sociales del país, desde esta tribuna exhorto a la LOPNA y a CONATEL a revisar la posibilidad del cambio de nombre de las maltas identificadas con el mismo nombre las diferentes marcas de cervezas, Esto sería una manera de evitar el inicio de los jóvenes al consumo de bebidas alcohólicas y en el futuro, la reducción de la violencia. Así mismo, una contribución de los fabricantes de cerveza al descenso del problema de la inseguridad. No todo debe ser ganancia para las empresas dedicadas al vicio, también es ineludible pensar en la gente y en el país.



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