Opinión, Política e Historia

La seguridad pública en Venezuela y en el mundo, reflexiones y posibles soluciones

I

“Para la verdad y el deber

  Siempre es el tiempo correcto,

  el que espera a que las circunstancias

  Estén a su favor

  Nunca logrará nada”

 Martin Luther King

“Los hombres de principios

Son siempre audaces

Pero los audaces

No siempre son hombres

 de principios”

                                                                                                                                                                                                             Confucio

      Prolegómeno

 El presidente Chávez, contra quien ya no encuentra una oposición estéril de ideas, qué barbaridad decir, con un léxico mui pobre i un odio que los estremece i les convierte en estúpidos o ridículos, es sin duda un hombre valiente i por lo tanto audaz, que quiere decir osado, atrevido; son los que se atreven a cambiar el mundo exponiendo la vida. Bolívar, fue un venezolano audaz para pensar i actuar, pues como dice Confucio, los hombres de principios son siempre audaces, pero los audaces no siempre son hombres de principios. El pirata Morgan, Atila o Gengis Kan, o los jefes de los marines norteamericanos, también son audaces, pero carecen de ideas, sentimientos i principios que algunos no saben ni qué cosa son. El léxico es tan pobre, que hasta los adjetivos para descalificar, son siempre los mismos i connotan poco o nada. Audaces en las letras fueron muchos, i me atrevo a nombrar a Neruda, a Rubén Darío o Benedetti; mi amigo el escritor, poeta i con talento para el humor, Blas Perozo Naveda, dice en una breve columna que encabeza con el epígrafe, el rollo que no cesa, i la titula EL INTERLOCUTOR, lo siguiente: “la oposición cometió su primer gran error al descalificarlo llamándolo de todo: militar, teniente coronel, zambo, marginal, bembón, mésmo, bruto y feo y recordar los anatemas, con los que la muy pulcra clase política, pretendió dejar fuera del juego político, al Señor Chávez, apelativo descalificador en las jornadas de paro petrolero”. No tienen talento ni para insultar, i menos chispa creativa i fina, ya que nunca han leído Mark Twain o a Bernard Shaw o a nuestros Aquiles i Aníbal Nazoa. En España, además, Señor es un título honorífico; recuerdo que al eminente profesor, médico endocrinólogo i obstetra, José Botella Llusiá, en el Hospital de Madrid no le decía doctor, sino Señor, o también, Don José.

      Más adelante dice Perozo Naveda “era evidente que para personajes como Teodoro o El Tigre, que tenían todas las aspiraciones, sin contar a Oswaldo Álvarez Paz y otros que ya se fueron al más allá, este Pata en el Suelo, no tenía clase, ni inteligencia, ni viajes, ni títulos, ni cobres, ni nada para ser el Interlocutor. ¡Qué miseria de oposición cuando pretenden pensar, como uno que me escribe estupideces i una palabra que piensa puede ofenderme, porque él se siente así!

      El otro aspecto que quiero tocar en prolegómenos –que no es un nombre maracucho como le preguntaron en un evento al filósofo Mayz Vallenilla ¿quién es ese maracucho que usted nombra tanto con su pareja la epistemología? Ambas palabras –prolegómeno i epistemología− eran desconocidas para muchos de los asistentes al Primera Reunión de Colegios Profesionales de América Latina, durante la IV República. Esa ignorancia es, de larga data.

     De seguido en estos prolegómenos, palabra al gusto kantiano, debo decir que es costumbre mui venezolana criticar sin fundamento, rechazar medidas i soluciones, sin que de seguido puedan razonar i proponer cosas mejores. En una ocasión, Rafael Caldera que no era el intelectual que muchos pensaron, en su primer gobierno creo, tuvo acierto al acallar a un Ministros de Sanidad y Asistencia Social, como se denominaba entonces (el nombre lo sabe mucha gente) para quien nada servía en el despacho en política de salud. El crítico era presidente de la FMV si mal no recuerdo i, entonces, el presidente de la república lo puso al frente del ministerio que adversaba, donde su labor fue peor, más gris i sin ningún adelanto para la salud de los venezolanos. Así se debería hacer en algún cargo dentro de la revolución; pero para no correr el riesgo de meter un incapaz peligroso en el gabinete, pedirles que si presenta el mejor Plan de Seguridad Pública de la Venezuela que ellos sueñan, lo nombramos ministro. Enseguida se verá como son puras palabras huecas i que ni siquiera saben lo más elemental para garantizar seguridad pública i social. Eso lo veremos de ahora en adelante, i aquí concluyo los prolegómenos.

La Seguridad Pública i los Delitos Comunes 

“Que lo que llamo virtud  en la república

es el amor a la patria, es decir, amor a la igualdad”

Montesquieu

      Los periodistas que hacen crónica o editorializan, deberían tener preparación filosófica, o una cultura extensa i profunda, como por ejemplo, para mí, lo que pueden hacer un Luis Britto García, Vladimir Acosta, Earle Herrera,  José Vicente Rangel, J. Sant Roz, Yldefonso Finol,  Roberto Hernández Montoya, etc., entre los que leo i recuerdo, o en el ayer a Juan Liscano mi dilecto amigo, i otros que se me escapan (perdonénme, cosas de la memoria) sin nombrar a muchos provincianos amigos que, en Caracas olvidan o desconocen. I en el humor, también se “editorializa” fuerte como lo hacen Roberto Malaver i Carola Chávez. En cambio en la oposición, muchos académicos, cargados de medallas i títulos, parecen no ver la realidad, porque la mayoría mira hacia abajo o hacia adentro. Por eso no ven lo que desde hace muchos años o siglos, nos propuso Monstesquieu: “los problemas políticos son sus problemas fundamentales en el conjunto de la gran arquitectura de las leyes” i por eso no ven cómo el Problema Político de la Seguridad, no puede encararse sin leyes que respalden los procedimientos, carencia que nos vino de la IV República, i que atañe a los sistemas policiales, a las penitenciarías, a las capturas i prisiones i a la impunidad, por iguales carencias de leyes i sistemas ad hoc en el Poder Judicial que, todavía está bajo la influencia de la burguesía, la corrupción de antaño i el capitalismo opresor que nos viene del norte. Entre nosotros, la maquiavélica influencia de un traidor como Miquilena (salió del huevo de avestruz que puso, un Aponte Aponte) i por otra parte la influencia neoliberalista, militarista i cruel (que señala Jimmy Carter) que nos trata de imponer el Imperio. Complejo, pues, el problema.

     Empero, siguiendo con Montesquieu, que no es el filósofo de 500 años antes de Cristo como dijera un candidatazo (designación Perkoffiana) de ayer, no debemos olvidar tampoco que es necesaria “una valoración política de los hechos y una valoración ética” entre las cuales había una gran distancia para su época, i todavía en el siglo XXI, continuamos así.

 No puedo ser de los que niegue el inmenso problema de la inseguridad que vivimos, i que algunos creen que la debilidad del gobierno estriba porque no se practica lo que hacía Pérez Jiménez, con sus esbirros de la Seguridad Nacional, i los “medias blancas” que tenía el ejército, con libre derecho para matar, cosa que al empezar la falsa democracia con Bethancourt,  la confirmó con la inolvidable frase “disparen primero, y averigüen después”. La pequeña historia o crónica es bueno de recordarla. En tiempos de Pérez Jiménez, se iba a efectuar en la Universidad del Zulia (cuando estaba casi todo en la Casa del Obrero, en la Ciega) una marcha de protesta, i se tenía entre la cerca posterior i los muelles a la orilla del lago, todo el material de respaldo; cartelones o pancartas de consigna, vejigas de colores, cohetes o luces pirotécnicas, tamboras , cornetas, pitos,  etc., para salir a eso de las 9 de la mañana, ocupar calles o avenidas, los alrededores de la Plaza Bolívar i más programación. El Dr. José Domingo Leonardo que era el Rector, Capitán del Ejército i hombre mui influyente en todo, se enteró a tiempo i mandó a colocar “medias blancas” (unos soldados al estilo marines, con piernas cubiertas de cuero blanco i fusiles ametralladoras) en todas las azoteas de edificios, Cuerpo de Bomberos i calles alrededor; luego, parsimoniosamente desde las7 a.m., con las manos atrás, caminaba con estilo de soldado, en la acera del frente de la Universidad. Eso fue suficiente; obreros, empleados i estudiantes i quizá algunos profesores, empezaron por botar todo al lago, i salirse caminando pacíficamente por los muelles lejanos i las orilla de la Cañada Lara, en el sector popular de Maracaibo que se llamaba El Bajito (donde se dieron los hechos de la leyenda de,  “Bartolo, traeme el cayuco”). Era tanto el temor a la represión armada, que el resultado fue lo narrado.

(Continuará)


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Roberto Jiménez Maggiolo


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